Epa para principiantes. Tercera y última parte

Esta es la última entrega de la Encuesta de Población Activa, EPA, para principiantes. Después de tres capítulos, esperamos que seas capaz de entender y valorar sus resultados sin perder los nervios, ni la razón, cuando leas los análisis contradictorios que se suelen hacer de estos datos.

Ya hemos repasado la información más relevante sobre la población activa e inactiva, ocupados y parados. Pero quizás lo más interesante que la EPA nos muestra es quiénes son los que están en cada categoría. También qué tipo de trabajo tienen los ocupados y qué grupos son los más perjudicados por el funcionamiento del mercado laboral, ya sea porque no tienen un empleo o porque el empleo que tienen es precario.

Como venimos recién saliendo del Debate del Estado de la Nación, y se han esgrimido los buenos resultados de empleo, nos vamos a centrar en los que están trabajando. Con los datos de la EPA podemos ver cómo es esta población, y cómo ha ido cambiando en estos últimos años ¿hay más hombres o más mujeres? ¿Más jóvenes o personas de mediana edad? ¿Cuántas horas efectivas de trabajo hay en cada grupo? Toda esta información nos la da el INE aquí.

Podemos ver, por ejemplo, cómo ha evolucionado la jornada completa y la parcial. Y podemos hacer este tipo de gráficos, sobre valores absolutos anuales.

En él vemos que el trabajo a jornada parcial, que tiene salarios más bajos, son los que han aumentado en los años de la crisis. Hay que señalar que más del 60% de quienes los ocupan no quieren trabajar a jornada parcial, sino que preferirían un trabajo a jornada completa, como señalaba Ana Requena en este artículo. La mayor parte de ellos tiene un trabajo a jornada parcial porque no pudieron encontrar uno a jornada completa. También vemos que el deseado trabajo a jornada completa ha disminuido drásticamente desde 2008, aunque en 2014 se observa una leve mejoría.
Si nos centramos en el sexo, vemos que quienes ocupan las jornadas parciales son en su mayoría mujeres. Para ellas, la principal razón de tener un trabajo a jornada parcial es no haber encontrado un trabajo a tiempo completo, igual que los varones. Pero el segundo y tercer motivo que aducen es la necesidad de encargarse de niños o dependientes o bien tener asignadas otras responsabilidades familiares, a diferencia de los hombres. Esto muestra que la desigualdad de género sigue siendo un lastre en nuestra sociedad. Y es un buen momento para recordarlo, a pocos días de celebrar el Día Internacional de la Mujer trabajadora.

Y es que no basta con generar empleo: importa y mucho qué tipo de empleo se genere. Este es el tema de fondo. El trabajo debería garantizar a las personas un nivel de vida digno. Si el tipo de trabajo que estamos generando no cumple con esa función, mal vamos. Ya antes de la crisis existía preocupación por el auge de los mileuristas, que han pasado de ser un ícono de precariedad a un status deseado. Y veníamos observando una polarización de salarios bajos y altos. De hecho, en el último informe de EAPN ES se señalaba que casi el 12% de las personas en riesgo de pobreza y exclusión están trabajando. Todo apunta a una precarización creciente.

El anuncio insistente de la salida de la crisis (que se ha repetido desde que ésta empezó) tiende a sobredimensionar las leves mejorías y no atiende a los factores de fondo. Estamos aún en una situación de grave crisis del empleo, y esta no se va a resolver pronto, ni siquiera cuando el paro baje del 20%.

No es por un afán masoquista de ver la situación peor de lo que es. De hecho, en estas semanas hemos valorado las mejorías. Pero eso no implica confundir un hecho fundamental: mejorar un indicador no significa mejorar la situación de las personas que se han llevado lo peor de la crisis. El Trabajo no es una cifra, es un derecho. Y el Trabajo Digno debería ser nuestra aspiración.

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