El entusiasmo de Pablo en el ruido digital

Hace unos meses apareció el último libro de Pablo d’Ors. Llevaba por título El entusiasmo y el departamento de promoción de la Editorial Galaxia Gutenberg le colocó una fajita a la portada con la siguiente frase: “Un despertar espiritual”. No estamos ante un libro más de este sacerdote y escritor sino ante una autobiografía literariamente útil para escaparse un tiempo del ruido digital. Estamos ante un narrador en estado puro que nos invita a reconstruir la aventura de su vocación, a compartir los avatares de sus años de formación y, sobre todo, a quienes formamos parte de su generación, nos invita a reconstruir gozosamente nuestra propia trayectoria vital.

Aunque el término “entusiasmo” describe el estado anímico y existencial de quien ha sido atrapado o poseído por Dios, no estamos ante un libro de refinada mística descomprometida sino ante un breve tratado de espiritualidad comprometida. Lo más fácil sería decir que estamos ante un libro parecido al que San Agustín tituló como Confesiones sin que ningún asesor de ventas pudiera ponerle una fajita de imprenta que describiera aquel primer despertar espiritual. Unas líneas después de describir los efectos de su vocación, el autor afirma: “desde entonces hasta hoy el entusiasmo ha sido y es lo que principalmente me ha caracterizado. Claro que también soy melancólico, reflexivo, fantasioso…; pero sobre todo soy entusiasta: hay algo –Alguien- que puja dentro de mi, y todo lo que hago en la vida, todo sin excepción, busca únicamente dejarlo salir… un entusiasta… alguien que ha sido raptado y poseído por Dios. Y también pensé que los verdaderos entusiastas son los poetas, los profetas y los enamorados, y que, por obra de la gracia, en una sola noche, yo había recibido esas tres misiones.” (pág. 109)

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Si todos los libros de Pablo d’Ors tienen algo de biográfico, este tiene mucho de autobiografía literaria en estado puro. El libro ya ha sido descrito como un “descargo de conciencia” donde el autor repasa con detalle el nacimiento de su vocación sacerdotal, la complejidad de su formación y, sobre todo, las contradicciones formativas de la iglesia española de las casi cuatro últimas décadas, tanto de las órdenes religiosas como del clero secular. Espiritualidad versus compromiso, teoría versus praxis, militancia versus piedad, sentimiento trágico de la vida versus sentimiento deportivo, liberación marxista versus integrismo conservador… He ahí una muestra de las simplificaciones formativas, dilemas y paradojas a las que esta generación tuvo que responder y hacer frente si querían avanzar en su formación o progresar en sus estudios.

Además del originario uso teológico del término entusiasmo, el propio autor quiere que nos fijemos en los usos poético, profético y amoroso del término. Quienes quieran leer únicamente el libro en clave teológica se perderán la profundidad y poderío del Pablo poeta, del Pablo profeta y del Pablo amante. Y si empezamos por este último, las figuras de Pilar y Merceditas se perfilan aquí como anticipos de amores que sólo pueden ser leídos desde un libro anterior que llevaba por título Contra la juventud (Galaxia Gutengerg, Madrid, 2015) o desde la figura de “Magdalena Forsh”, la telefonista de la ferrovía que nos dejó a todos fugaz y sonoramente enamorados cuando leímos Andanzas del impresor Zollinger (Impedimenta, Madrid, 2003). Quien no permanezca enamorado será mejor que se abstenga de acercarse a este Pablo enamorado y, por honradez, al resto de los Pablos.

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El Pablo profeta se nos revela en el libro a través de su entrega, compromiso y militancia en el itinerario de una justicia tierna, compasiva y sapiencial. El voluntariado en los años de formación o las misiones claretianas en Centroamérica no sólo muestran un Pablo enamorado sino entregado, militante y profeta. Por último hay un Pablo poeta que devora libros y nos transmite en cada línea su pasión por la belleza, además nos hace descubrir la grandeza de lo pequeño y el seductor encanto de lo disciplinado o rutinario. Es el mismo Pablo de El estupor y la maravilla (Pretextos, Valencia, 2007) que en aquel libro nos describía la sedentaria pero apasionada vida de un vigilante del museo de los impresionistas: Louis Vogel.

Además de estos tres Pablos, sería bonito comprobar que este Pablo entusiasta que los engavilla a todos, emerge en sus obras y de una manera singular cuando nos invita a la meditación, el silencio y la escucha. No quiero rastrear las huellas del Pablo fundador que también aparecen en esta obra, menos aún desentrañar las claves de una poética con la que resistir al ruido digital. Sólo quiero mostrar que estamos ante una autobiografía interesante, un descargo de conciencia del que todos podemos aprender algo y, sobre todo, estamos ante un regalo maravilloso que nos permite entender mejor el conjunto de nuestras vidas como creadores creyentes que no se conforman con la fe del carbonero. Es el regalo de su obra sacerdotal, misional y literaria. Y me atrevería a decir que filosófica o teológica, sencilla y disponible para quienes estén dispuestos a caminar con él en la arriesgada pero apasionante aventura de creer. Y de crear, porque “creer es fundamentalmente un ejercicio de interpretación de la realidad: Dios, de pronto, se ha colado en todo y todo, de pronto, gracias a Él, es más luminoso…No es una cuestión de pensamiento sino de visión…/…. es cuestión de alumbrar sin deslumbrar… ” (p. 112, p. 249)

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Nota 1. Regalo de Navidad: si queréis conocer mejor los pablos de este Pablo:

 

Nota 2. Regalo de Reyes: si queréis conocer a otros Pablos, aquí tenéis la mejor canción a los Pablos, siempre “Eran tres”:

 

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