Entretejiendo justicia y ecología

Jesús Sanz.

La búsqueda por la justicia y la preocupación por la ecología históricamente han sido vistas como dimensiones separadas con pocos puntos en común entre sí. En múltiples ocasiones, los movimientos que buscaban la justicia social se veían ajenos a las preocupaciones de tipo ecológico expresadas por diversas organizaciones y movimientos. En otras ocasiones, el movimiento obrero veía con indiferencia o incluso con recelo la defensa del medio ambiente, por poder suponer un posible freno para el desarrollo de actividades que “creaban puestos de trabajo”, mientras que el mito de un posible crecimiento ilimitado seguía funcionando a pleno rendimiento. De la misma forma, en bastantes ocasiones los movimientos ecologistas a veces eran presentados y caricaturizados como hippies agoreros en contra del progreso o urbanitas más preocupados por salvar animales que por los humanos.

Y así sucedió durante bastantes años y, en algunos espacios, a menudo sigue sucediendo. Solo a partir de los años 80, cuando los primeros síntomas de la profundidad de la crisis ecológica se hacían cada vez más patentes, y más recientemente cuando se van acumulando evidencias que muestran que el cambio climático es ya una realidad, se ha comenzado a profundizar más en las interrelaciones e interdependencias que existen entre ecología y justicia, y a tejer alianzas entre diversos actores preocupados por estas dos cuestiones.

[ctt template=”3″ link=”017eA” via=”yes” ]Conforme se van acumulando evidencias del cambio climático, se comienza a profundizar más en las interrelaciones entre ecología y justicia[/ctt]

Sin embargo, en el contexto de crisis ecológica y de civilización en el que nos encontramos, se hace necesario profundizar en los vínculos existentes entre justicia y ecología. Así, una mirada atenta que intente trazar algunos vínculos entre estas dos cuestiones nos puede llevar a establecer relaciones entre justicia y ecología en al menos tres ámbitos.

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En primer lugar, existe un consumo muy desigual de recursos a nivel mundial. Dos buenos ejemplos para ver esta cuestión los encontramos en el cálculo de la  huella ecológica o en el consumo de agua según los diferentes países. La huella ecológica es un indicador de consumo de recursos que mide el total de superficie ecológicamente productiva que se necesita para producir los recursos de un ciudadano o un grupo de ciudadanos. Pues bien, como se puede ver en el mapa, la huella ecológica a nivel mundial es muy desigual, encontrándonos con países que hacen un uso mucho mayor de los recursos que otros. El resultado es un mapa del mundo un tanto curioso por la distorsión que muestra.

[ctt template=”3″ link=”l8gW3″ via=”yes” ]La huella ecológica a nivel mundial es muy desigual, con países que hacen un uso mucho mayor de los recursos que otros[/ctt]

Algo similar sucede con el consumo de agua per capita, como se ve en este otro mapa.

Pero las desigualdades no acaban aquí, sino que también se extiende al uso de los recursos que algunas zonas geográficas han realizado de los recursos de otras zonas a lo largo de la historia como trata de mostrar el concepto de deuda ecológica. La deuda ecológica es la deuda contraída por los países industrializados con el resto a causa del expolio histórico y presente de los recursos naturales, los impactos ambientales exportados y la libre utilización del espacio ambiental global para depositar residuos.

Dentro de la deuda ecológica se incluyen elementos como el transporte de residuos peligrosos que se realiza desde los países más industrializados a los más empobrecidos. Un ejemplo sería el análisis de los flujos de basura electrónica existentes a nivel mundial como se muestra en el mapa.

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La deuda ecológica también incluye cuestiones como la deuda de carbono, que se refiere a la responsabilidad histórica mayor que tienen los países del Norte hacia los países del Sur en las emisiones de gases invernadero, puesto que se estima Estados Unidos, Europa y la URSS son los responsables de haber emitido el 65% de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera entre los años 1900 y 1990.

[ctt template=”3″ link=”DFB9a” via=”yes” ]Deuda de carabono: Estados Unidos, Europa y la URSS son los responsables del 65% de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera entre los años 1900 y 1990[/ctt]

Finalmente, también encontramos diferencias apreciables si analizamos qué países son más vulnerables al cambio climático, o quiénes lo están sufriendo en mayor grado. Según un estudio reciente de la Universidad de Nôtre Dame, los países más vulnerables al cambio climático eran República Centroafricana, Chad, Eritrea, Burundi y Sudán, mientras que entre aquellos que se consideraban menos vulnerables encontramos a países como Dinamarca, Noruega, Nueva Zelanda y Singapur.

Así pues, existen importantes diferencias a nivel global a la hora de analizar el consumo de recursos y la responsabilidad histórica que se tiene sobre algunos factores relacionados con el cambio climático, y a la hora de ver quién está más expuesto a éste. Todos ellos son ámbitos que nos ayudan a pensar cómo la justicia social tiene una importante dimensión ambiental, y cómo ambos asuntos están profundamente interrelacionados.

Imagen principal tomada de https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/03/20105258/jakarta-rse-3.jpg
Imágenes secundarias tomadas de http://www.elmundodewayne.es/2010/03/08/nuevos-indicadores-i-huella-ecologica/ , http://ecolisima.com/cuanta-agua-consumimos-al-dia/ y http://especiales.elperiodico.com/derribando-muro-digital/egipto.html

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