Entender la secularización

Por: Augusto Hortal

Filósofo y jesuita

La secularización como proceso social e histórico es un hecho innegable y a la vez una interpretación de ese mismo proceso: a medida que ha ido avanzando la modernización se ha ido desvaneciendo en la escena social la religión. Ese proceso puede ser percibido como pérdida o como ganancia, como un fenómeno universal o como predominantemente occidental (por no decir europeo), como un destino inexorable hacia una desaparición de la religión (al menos de la esfera pública) o como un proceso de reconfiguración de las creencias y las instituciones religiosas.

Charles Taylor en A Secular Age distingue tres acepciones que se fijan en diferentes aspectos, interconectados entre sí, de un proceso de las sociedades occidentales que se extiende a lo largo de los cinco últimos siglos.

  • Una primera acepción es la que se suele designar como separación de Iglesia y Estado y consiste en la constitución de una esfera pública emancipada de la tutela eclesial y por lo mismo laica, que acepta y respeta las confesiones y manifestaciones compatibles con el orden y el bien público. Taylor la llama secularización 1.
  • Una segunda acepción, que Taylor llama secularización 2, consiste fundamentalmente en el proceso de diferenciación y separación de distintas esferas de la vida social que, desvinculadas de la religión, responde cada una a su propia lógica interna. La ciencia sigue su propia racionalidad, lo mismo el arte, la política, la economía, la medicina, la cultura… La religión deja de ser omniabarcante y pasa a ser una esfera más, residual, cada vez menos relevante para la vida social; se puede y debe ser político, economista, médico, científico, empresario o artista, incluso se puede y debe ser ético en cualquiera de estos ámbitos, con independencia de ser o no religioso. Es lo que Max Weber entendía como proceso de “desencantamiento del mundo“, es decir de progresiva racionalización de los distintos ámbitos sociales y culturales y la consiguiente pérdida de relevancia social de la religión. El arte, la ciencia, la economía, la sanidad, la cultura… cada ámbito tiene su propia lógica interna independiente, al margen de la fe y de las instituciones religiosas. Esto va acompañado del descenso de la práctica religiosa en amplias capas de la población, algo que durante decenios ha sido tomado como indicador de la progresiva e imparable secularización de la sociedad.
  • Por último, secularización 3 es para Taylor el momento en que para el conjunto de la sociedad, no sólo para minorías, la fe en Dios pasa a ser una mera opción personal privada, por cierto, menos fácil y menos plausible social y psicológicamente que la de no creer en Él. Para esta forma de secularidad no existe más que lo secular, no importa más que el mundo y el hombre en el más acá. Se niega la trascendencia, y por supuesto a Dios. Por primera vez en la historia ha surgido una sociedad en la que el humanismo autosuficiente, el antihumanismo nietzscheano y el naturalismo materialista no necesitan de Dios. Dios es una opción disponible pero poco relevante y plausible para amplias capas de población.

Cabe señalar que en las tres acepciones hay una mutua dependencia conceptual y real entre lo secular y lo religioso, entre el Estado y la Iglesia de la que se emancipa el Estado, entre la racionalidad científica, económica, política, ética y el modo de entenderse la racionalidad de cada esfera y aquella otra manera de entender e integrar las distintas esferas que venía teniendo la comprensión religiosa del mundo, de la sociedad y de la vida humana.

Por esto no es de extrañar que el concepto de laicidad (y el adjetivo laico/a) sea un concepto oscilante que sólo queda claro cuando se explicita a qué se contrapone. Yo mismo me entiendo a mí mismo como partidario de la laicidad y como contrario y resistente a la misma (que prefiero llamar laicismo); algo semejante percibo en aquellos a los que  leo y con los que dialogo. Es interesante sacar a luz en qué Dios no creen los ateos y de qué forma de entender la religión se distancian los que abogan por neutralizarla en la vida social o en el ámbito público.

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