Los nuevos jóvenes (I): del tejido social al enjambre digital

Empezaré esta temporada con varias entradas sobre los jóvenes y el nuevo modelo de sociedad. Recordemos que hace unos meses apareció el último informe sobre la juventud de la Fundación Santa María. Lo editaban con el Observatorio para la Juventud Iberoamericana y en él se confirma la crisis del asociacionismo juvenil, la debilidad del tejido social y la catarsis virtual[1]. El informe se detiene en la interpretación de la participación que describe B. Ch. Han en el ensayo que lleva por título En el enjambre. En una primera lectura del informe, pasamos directamente del asociacionismo descrito en términos de “tejido social” a un asociacionismo descrito en términos de “enjambre digital”. Con ello también están utilizando dos potentes metáforas para describir dos formas muy diferentes de entender la ciudadanía activa.

Curiosamente, dos metáforas que acuden al ámbito biológico para describir el tipo de vinculación social. El término “tejido” describe “cada uno de los diversos agregados de células de la misma naturaleza, diferenciadas de un modo determinado, ordenadas regularmente y que desempeñan en conjunto una determinada función”. El término “enjambre” describe “una multitud de abejas con su maestra que juntas salen de una colmena para formar otra colonia”. También hay otro significado de enjambre que lo define el diccionario como “muchedumbre de animales o personas juntos”.

Para captar mejor el potencial contraste que está presente en estas dos metáforas, es importante señalar que Han acude al concepto de enjambre desde el concepto de masa. Este hecho es significativo para una agenda educativa que desee promover la ciudadanía activa porque José Ortega y Gasset ya afrontó el problema en el conjunto de ensayos que llevan por título La rebelión de las masas (1921-1926). De esta importante publicación no es consciente Han aunque sí utiliza un libro de Gustave Le Bon titulado Psicología de las Masas publicado en 1895 con una finalidad análoga a la de Ortega: “la rebelión de las masas conduce tanto a la crisis de la soberanía como a la decadencia de la cultura”.[2]

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Recordemos que el triunfo del hombre-masa no lleva a la democracia sino a la hiperdemocracia, un posible régimen político donde las masas actúan directamente sin ley, imponen sus aspiraciones y gustos, se dejan llevan por presiones materiales. Pensemos en las famosas “primaveras” de hace unos años, las movilizaciones del 15M y las formas de actuar en política de los CDR (Comités de Defensa de la República). Además, según Ortega, “imponen y conceden vigor de ley a sus tópicos de café”. Cuando triunfa el hombre-masa, “ser diferente es indecente”. Por si fuera poco explícito en su descripción, sostiene: “el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone donde quiera.”[3]

Unas páginas antes, el propio Ortega ha descrito lo que supone el triunfo del hombre-masa: (a) carece de un “dentro”, de una intimidad; (b) siempre está disponible para fingir ser cualquier cosa; (c) tiene solo apetitos, cree que solo tiene derechos y no obligaciones, es el hombre sin la nobleza (snob, sine nobilitate); (d) es hostil al liberalismo; (e) ha perdido toda capacidad de religión y conocimiento.[4]

Han describe el enjambre digital desde un concepto de masa políticamente menos potente que el de Ortega con los siguientes términos: “no es ninguna masa porque no es inherente a ninguna alma, a ningún espíritu. El alma es congregadora y unificante. El enjambre digital consta de individuos aislados. La masa está estructurada por completo de manera distinta. Muestra propiedades que no pueden deducirse a partir de los individuos. En ella los individuos particulares se funden en una nueva unidad, en la que ya no tienen ningún perfil propio. Una concentración casual de hombres no forma ninguna masa. Los individuos que se unen en un enjambre digital no desarrollan ningún nosotros. Este no se distingue por ninguna concordancia que consolide la multitud en una masa que sea sujeto de acción. El enjambre digital, por contraposición a la masa, no es coherente en sí. No se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como ruido.” (p.27)

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Como vemos, tanto Ortega como en Han, el paso de la masa al enjambre no sólo supone dos modos de entender la sociedad sino dos modos de entender al individuo y la cultura. Con la aparición del homo electronicus de la radio y la televisión, la cultura se plantea como “industria cultural” al servicio de las masas, la mercantilización y con ello aparece una topología nueva. Por ejemplo, al hombre digital le son extraños los estadios deportivos y los anfiteatros como espacios en los que se congregan las masas. El hombre digital prefiere las concentraciones y no las congregaciones. Recordemos que el activismo interviene mediante concentraciones realizadas a través de las redes. Esta distinción entre congregación (masa) y concentración (enjambre) le permite a Han señalar que en estas últimas falta la intimidad que produciría un nosotros, serían un conjunto sin interioridad, sin alma, sin espíritu (p.28).

Como colectivos se caracterizan por la volatilidad y la fugacidad. Y esto repercute a nivel ideológico porque, a diferencia de la masa que marcha en una determinada dirección o tiene una determinada ideología, en el enjambre falta un nosotros, una acción común. El activismo digital y la concentración provocan agitación social pero no acción social. Recuerda Han que las concentraciones de activistas digitales “no marchan”. No desarrollan energías políticas, no cuestionan las relaciones de poder existentes y “se precipitan solo sobre personas particulares, por cuando las comprometen o convierten en motivo de escándalo” (p.29). Para que haya acción social falta un nosotros.

(continuará)

 

 

[1] González-Anleo, J.M.- López-Ruíz, J.A.; Jóvenes españoles entre dos siglos. Fundación SM-Observatorio de la Juventud Iberoamericana, Madrid, 2017.

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[2] Han, B. Ch. En el enjambre. Herder, Barcelona, 2014. Trad. De R. Gabás p. 26.

[3] J. Ortega y Gasset, J. La rebelión de las masas, en Obras completas, vol IV, Alianza, Madrid, 1986, op. cit., p. 148.

[4] J. Ortega y Gasset, op. cit., p. 121-130.

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