El encuentro como opción ética, política y pedagógica

Fotografía: www.humanflowfilm.org

Las migraciones en nuestro mundo global llevan cada vez más a personas de diferentes culturas y religiones a compartir los mismos espacios. Aprender a convivir con personas de diferente background es crucial para poder construir juntos y juntas unas ciudades, regiones y estados donde podamos vivir una “vida buena”.

En este escenario tenemos básicamente dos opciones: la solidaridad basada en el encuentro o la confrontación basada en los miedos y la xenofobia. Europa se encuentra en esa tesitura.

A menudo, esa convivencia está llena de fronteras y retos basados en cuestiones identitarias construidas. Y, en esta tesitura en la que estamos en la que cada vez más nos vamos a ver expuestos a convivir con personas con diferentes visiones, modos y valores, el encuentro es el lugar de la creación de alternativas, al encontrarnos surge algo diferente a lo tuyo y a lo mío, surge lo nuestro, lo común.

Viviendo en un país musulmán con una minoría cristiana y en una región del mundo tan dividida por cuestiones religiosas, no puedo dejar de resaltar la cuestión de la identidad religiosa como una de las principales fronteras que amenaza la convivencia. Quizá en Europa parezca superada o lejana esta cuestión y prevalezca el discurso de que en realidad es una cuestión más social y económica la que hay de fondo (al menos yo, antes de haber vivido seis años aquí así lo veía).

Sin embargo, desde mi punto de vista creo que es fundamental incluir este aspecto en el análisis ya que sigue jugando un papel crucial en el entendimiento del mundo, de las relaciones y las normas para muchísimas personas conformando una de las principales fronteras de nuestro tiempo. Porque, además, al haberse diluido en sociedades laicas parece menos presente y quizá por eso mismo es más difícil de identificar y por tanto de trabajar, pero, no obstante, sigue estando en el fondo.

Puede interesarte:  De criadas y sueños de una noche de verano

Sin duda es una riqueza convivir con personas de diferentes religiones y no creyentes pero también es un reto y es importante tomar conciencia de su magnitud y sus posibles consecuencias sin caer en los miedos que esto despierta ni tampoco en una visión naif o parcial que disminuya su importancia.

Como ya apuntamos en el anterior post (del que este es continuación de la misma reflexión) el encuentro con otras personas y otras realidades es una de las experiencias con mayor capacidad de transformación personal y social, si no hay transformación, no podemos hablar de encuentro real; por ello, la pedagogía del encuentro es una herramienta clave para la transformación social y para la consecución de un verdadero desarrollo humano sostenible.

Pero seamos sinceros, el encuentro no es algo que nos nace siempre como primera opción. Hay gente con la que nos gusta encontrarnos y gente con la que no y eso es normal y hay que reconocerlo. Por supuesto, el reto no es encontrarnos con los que nos gustan si no con los que no nos gustan, o incluso nos hacen sentir amenazados y hasta sentimos rechazo.

Frente a un “sentido común” que separa y desprecia a quien es diferente, tenemos la tarea como sociedad de contribuir a crear una cultura conversacional y a generar una modalidad intercultural en la interacción. Y eso significa desaprender y reaprender, cambiar hábitos, prejucios y actitudes[1], en definitiva construir de manera intencional una nueva cultura basada en el encuentro, que fomente los vínculos sanos entre unas personas y otras, en círculos cercanos y lejanos.

La manera en que nos relacionamos tiene una relación directa con las relaciones de poder, la cultura del encuentro es una apuesta por construir relaciones de solidaridad versus las relaciones de dominio (relaciones entre hombres y mujeres, entre diferentes culturas, entre países o grupos en conflicto, incluso relaciones con la Tierra). Por ello, creo que la opción del encuentro hay que elevarla al plano político, ético y educativo (sobre el que reflexionaba en el post de Aprender a encontrarnos) ya que es la que ofrece una vía de reconstrucción de las rupturas sociales en las que nos encontramos.

Puede interesarte:  Movilidad escrita en piedra

El paradigma tecnocrático y mercantilista que impregna las relaciones sociales, culturales, personales y las propias mentalidades individuales parece no tener cabida esta cultura del encuentro pero sin duda es la alternativa a un mundo cada vez más segregado que nos lleva a tener más miedo y desconfianza.

La cultura del encuentro implica “abrirse al otro, abrazarlo, correr su misma suerte, porque “estamos siendo con otros”.[2] Se basa en la confianza en la persona y en su potencialidad, en el valor liberador de la relación personal cuando se basa en la confianza.

Toda relación de encuentro implica apelaciones y respuestas: me invitas a dar un paseo por un determinado lugar y yo accedo a ello, pero indico que sería preferible hacerlo en otro sitio…Mi respuesta es por tanto una apelación que te dirijo. El esquema que vertebra el encuentro es dinámico, no lineal (acción-pasión), supone un intercambio de posibilidades. Podemos convivir durante años sin encontrarnos.[3]

La cultura del encuentro sigue un paradigma conversacional, es una cultura de la pregunta y la respuesta, de la conversación, de la escucha y del diálogo. La conversación es una actividad de uno-con-otro; es entenderse con alguien; es una actividad de apelaciones y respuestas que transforma a los interlocutores, dejando siempre una huella en los mismos. La conversación posee una fuerza transformadora.

En gran medida, el lenguaje es un medio donde se dan las relaciones de encuentro. Por eso cuando ha habido diálogo, nos sentimos llenos (Gadamer). “El lenguaje auténtico es sólo el que es dicho con amor, con voluntad de crear relaciones de convivencia” (López Quintás).

Desde ahí, podemos construir una nueva narrativa inclusiva y reconciliadora con lo diferente, con la naturaleza y con aquello que se encuentra en conflicto o que está resquebrajado en nuestras sociedades y también dentro de de nosotros mismos.

Puede interesarte:  El Movimiento Cosmopolita es el gran movimiento del siglo XXI

[1] Godenzzi, Juan Carlos; Pedagogía del encuentro. El sujeto, la convivencia y el conocimiento. Bulletin de I’Institut francais d’etudes andines, vol. 28, núm. 3, 1999.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

2 Comentarios

  1. Gracias por tu mensaje Ángela!! Me alegra que te resuenen las citas. Un abrazo grande

  2. Qué buenas citas Güisi y que bien introducidas. Nunca dejas de aprender y enseñar… CONTINÚA ASÍ

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.