Encontrarán un niño envuelto en pañales

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Esa es la clave, esa es la contraseña. De esta manera, el evangelista narra la manera en que se les comunica a los pastores cómo reconocerán al hijo de Dios. “Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2, 12).

Tras un censo dictado por los gobernantes, la pareja de María y José se desplaza a una localidad vecina, sobreviene el parto y no consiguen alojamiento; tiene que dar a luz en un pesebre.

En la segunda semana de los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos propone hacer una contemplación de lugar del nacimiento de Jesús: “haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necessidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible; y después reflectir en mí mismo para sacar algún provecho” (EE, 114).

Dos mil años después hacemos esta contemplación

niños venezuela
The New York Times

La semana pasada el New York Times publicó un reportaje sobre la malnutrición de los niños en Venezuela, sus fotografías comunican más que las palabras, se nos parte el corazón al ver niños, hijos de Dios, morir por falta de alimentos y de condiciones sanitarias en el país que tiene la mayor cantidad de reservas de petróleo del mundo.Ninguna revolución justifica la muerte por desnutrición o por falta de medicamentos, esto sólo se le podría ocurrir a Herodes.

Pero no es el único sitio, cada año mueren 3 millones de niños por desnutrición a lo largo y ancho del planeta; son ese hijo de Dios, “envuelto en pañales”.

Los que sobreviven se tropiezan con otro problema: la educación. 61 millones de niños no van a la escuela. Esta situación, probablemente les llevará a no tener trabajo ni posibilidades de desarrollarse personalmente y les condenará a la pobreza de por vida.

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Por último, están los niños que tienen alimentación y educación. Sobre éstos, también impera un desafío capital. Cómo hacerlos hombres de bien en una sociedad globalizada, para que no se conformen con lo que les ha tocado vivir y para que luchen por que todos vivan con la dignidad de ser hijos de Dios. ¿Cómo enseñarles a estos niños a construir un mundo más justo?

¿Por qué celebrar?

Culminamos esta contemplación de lugar y nos preguntamos, de verdad ¿hay algo qué celebrar?

Sí. El “no news is good news” no es lo que caracteriza al cristiano. El nacimiento de Jesús nos trae todos los años dos grandes noticias. Dios se hace hombre y sufre con cada uno de esos niños desde su propia carne. Jesús viene todos los años a recordarnos que todo puede cambiar, por eso comió con los paganos, abrazó a las prostitutas y expulsó a los mercaderes del templo. El hambre, la guerra y la muerte no tienen la última palabra.

“Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10). Esa es la buena noticia.

Feliz Navidad.

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