Permítame el lector una afirmación simplista: las iglesias cristianas y los partidos políticos se parecen mucho en algunas actitudes fundamentales. Más concretamente, se parecen mucho en su modo de relacionarse con lo que cada uno considera ‘textos fundamentales’, ya sea la Biblia para las iglesias o la Constitución española para los partidos.

En efecto, es bien sabido que en los ya viejos debates teológicos entablados por las distintas iglesias, ha predominado una actitud respecto de la interpretación de las Escrituras Sagradas: cada una ha tratado de ‘arrimar el ascua a su sardina’, o sea, ha intentado arrimar el ascua del texto sagrado a la sardina de su doctrina. Pues bien, algo parecido estamos viendo en los últimos años en nuestro país, pero entre los partidos políticos respecto de la Constitución: ésta está en boca de todos los partidos y suscita la lealtad y reverencia de una mayoría de ellos, y por lo general todos encuentran en ella sustento para sus posturas políticas.

Pero la historia de la Iglesia pone de manifiesto que hay momentos en los que se puede afirmar la siguiente correlación:

A mayor reverencia de las Iglesias por las Escrituras, menor es su escucha de éstas.

Y tengo la impresión de que hoy podríamos afirmar que estamos asistiendo a la siguiente correlación:

A mayor reverencia de los partidos por la Constitución, menor es su escucha de ésta.

Con respecto a la Constitución, yo diría que el problema más grave creado por los partidos más constitucionalistas ha sido, precisamente, el de acudir a ella especialmente cuando les ha interesado, ya sea conforme a su propia ideología o a intereses menos ideales (eso sí, vestidos de ‘interés público’). Han arrimado el ascua del texto constitucional a la sardina de su ideario político, consiguiendo con ello crear en no pocos una sensación de sospecha respecto al ‘magisterio’ del Tribunal Constitucional. En pocas palabras, han colocado a este tribunal bajo una sospecha razonable; esto es, la sospecha de no ser -sobre todo en ciertos asuntos- más que pura correa de transmisión de los partidos mayoritarios. Y esto no lo piensan sólo ‘los anti-sistema’. Pero por desgracia, ninguno de estos partidos entona un mea culpa por el daño que han infligido al texto que reverencian.

Por todo esto, y por seguir con la analogía entre iglesias y partidos, creo que todos deberíamos aprender del Moisés bíblico presentado como ‘Padre de la constitución de Israel’, o sea, padre de la Torá. Cuando sanciona dicha Torá ante el pueblo, pronuncia las siguientes palabras:

 

Manuscrito alemán de 1322.

Miniatura alemana de 1322.

Moisés …] dio esta orden a los levitas portadores del arca de la alianza del Señor:

«Tomad este libro de la ley y ponedlo al lado del arca de la alianza del Señor, vuestro Dios, para que esté allí como testimonio contra ti. Porque yo conozco tu espíritu rebelde y tu terquedad. […] Reunid junto a mí a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros escribas, diré estas palabras a sus oídos e invocaré por testigos contra ellos al cielo y a la tierra. Pues sé que […] os desviaréis del camino que os he prescrito […]».

Moisés pronunció a oídos de toda la asamblea de Israel las palabras de este cántico, hasta el fin.

Puede que a nuestra sensibilidad moderna, desconocedora de la cultura bíblica, le ofenda el tono acusador de este texto. Pero de sus palabras se desprende que nadie puede apropiarse de un texto fundamental; o mejor dicho, que el único modo de apropiarse de él (de su letra y de su espíritu), de interiorizarlo, es sometiéndose a su crítica, acudir a él para saber qué estamos haciendo (cada uno) mal o qué estamos incumpliendo, no para justificarnos o para arrojar tal o cual artículo contra el otro. Si no tenemos la menor humildad para someternos al escrutinio de un texto fundamental y aceptar su censura de nuestros incumplimientos, ¿cómo podemos utilizarlo para ir contra otros con espíritu arrogante? Y más importante todavía: si no cultivamos una escucha humilde del texto que nos escudriña a todos, ¿cómo vamos a escucharnos unos a otros?, ¿cómo van a dialogar los partidos entre sí con ánimo de escucha?