Migraciones en los Balcanes de estos días. La noticia de los 70 emigrantes asfixiados ( ¡ay!, ¡asfixiados!) en un camión frigorífico en Austria, la recibí en el monasterio ortodoxo de Gracanica, en Kosovo, que todavía mantiene concertinas (¡ay, las concertinas!) en sus muros para proteger este enclave serbio. A pesar de ello, pude envolverme de la presencia acogedora del Silencio y del Misterio.Me sobrecogió la noticia. Recordé el poema de Luis Cernuda titulado “1936que se abre con el verso citado en el titulo : “Recuérdalo tú, recuérdalo a otros”.

Este poema fue escrito en los años sesenta, los años de la emigración española, tras el encuentro de Cernuda  con un brigadista que vino a España a luchar en 1936 para defender la democracia y la libertad. El poema es un homenaje a todos aquellos que luchan por un ideal, un canto en defensa de la dignidad del hombre y un recordatorio de que solo la memoria del pasado, frente al olvido y la mentira, nos hará seguir avanzando.

Y pensaba que quizás dentro de cincuenta años más, sería bueno volver a recordar los versos iniciales, porque no se habría olvidado nadie de las penalidades migratorias de estos días, la mayor tragedia humanitaria tras la segunda guerra mundial y que muchos quieren convertir simplemente en una noticia de verano más. “Así será”, me dije. Y me comprometí a recordarlo simplemente dentro de diez días, ante el olvido previsible de los medios.

Suavemente, como un susurro, alguien me comunicó bajito la tragedia de los 70 asfixiados, arrebujados unos con otros  y todos en posición fetal en un camión frigorífico. Recordé imaginativamente la imagen. Lo hice situándome como pide San Ignacio en la llamada “composición de lugar”. Es decir, imaginarte dentro de una escena y ver qué puedes hacer. Para que se objetive la imagen, el recuerdo o un texto de la manera más nítida, vigorosa y realista posible de aquello que se quiere contemplar…. Lo debí hacer muy “metido en escena”  porque al poco tiempo me invadió una sensación de asfixia vital, al revivir la situación de los emigrantes asfixiados. Sería por ósmosis. La misma ansiedad de hace días, por el mismo motivo pero esa vez en las costas libias y en un barco. Bodegas  de Barco, camiones frigoríficos, ausencia de aire por la fatiga de miles de kilómetros andando buscando oxígeno vital para vivir. Silencio. Llanto. Compromiso.

Llevaba varios días en esa olla a presión migratoria que son actualmente los Balcanes.

Estuve tambienen  Macedonia, un pequeño país que abre y cierra las fronteras un día si y otro no, desbordado por los flujos de emigrantes; donde en Gevgelija, por ejemplo, con apenas 15.000 habitantes, en su frontera con Grecia miles de  familias enteras de afganos, iraquíes, bangladeshíes, paquistaníes y subsaharianos duermen en la terminal. Y en cuanto llega algún tren, trepan hasta las ventanas o el techo  para entrar. Y también se arrebujan, se estrechan unos contra otros casi asfixiándose en la huida compartida de vagones que no dan más de sí. Dicen que llevan andando meses sin atención ni servicios, hasta llegar a su siguiente destino, y pasar (¿) la frontera entre Hungría, que empuja hacia atrás (¡con solo un 1.5% de población extranjera!)  y Serbia.Y allí se encuentran con otra recién terminada valla de la indignidad (que seguirán alzándola, como en Melilla, metros y metros) por donde pasan padres agarrados a  su bebés contra el pecho, rasgándose la ropa, la piel y la vida para llegar a cualquier país que les acoja… Silencio. Llanto. Compromiso.

Y donde piensan enviar al ejército contra los emigrantes (¡ay, el ejército contra los emigrantes!) en vez de puentes o pasillos humanitarios. Llaman y nadie les recibe. Los economistas no los quieren, o los quieren en trabajos esclavos; los políticos buscan excusas torticeras para decir que no se puede; los hombres y mujeres de la calle tendemos a volver el rostro…a pasar página que el curso (¡y la liga!) comienza.

Recuérdalo tú y recuérdalo a los otros.

Decía la tele de Macedonia que la UE les exige (a Serbia, Macedonia…) un plan de acción y, sin embargo, ni la misma UE tiene un plan. O lo tiene sin aplicar, ninguneado (p.ej., las mínimas cuotas de refugiados aceptadas por España). Por cierto, en España apenas he oído ¡hasta ayer! planes y voces (de partidos políticos, por ejemplo), que muestren sensibilidad organizada (¡ay!, la sensibilidad!) y/o hagan propuestas eficaces y compartidas (¡jeje, ¡compartidas!).

En medio de tanta asfixia vital,inlcuidas las agresiones xenófobas,  un respiro: las toneladas de acogida que en diversos países por medio de la gente sencilla, de la calle, se está derramando organizándose a pie de vecindad. Habilitan escuelas, gimnasios y todo tipo de recintos para albergar a los recién llegados. Se crean iniciativas ciudadanas para dar la bienvenida a quienes huyen de la guerra y la persecución o solamente aspiran a una vida mejor.  .

Al recordarlo me venían a la mente los versos finales de la poesía de Cernuda:

“Gracias, compañero, gracias/por el ejemplo. Gracias porque me dices/que el hombre es noble./Nada importa que tan pocos lo sean:/uno, uno tan sólo basta/como testigo irrefutable/de toda la nobleza humana.”

      Nota: “Uno/a tan solo basta”. Ayer recuperé  el oxigeno que estos días se me escapaba del alma al regresar a casa. Fue en un cruce de miradas. Y respiré. Norma, la de las Patronas, nos habló en “vivo y en directo” , en Madrid de lucha y esperanza con los “chavos” subidos en el tren de ‘La Bestia’ camino de la frontera mejicana. Es la lucha de los pobres que están actuando organizadamente por convicciones profundas. Y es que de su ejemplo para producir transformaciones en la situación social de la cual son víctimas ha surgido una corriente de gracia. Ojalá no se detenga. Ojalá la multipliquemos desde aquí. ¿Nos dejarán organizar la compasión que nace de la rebeldía?