Pertenezco a una generación de españoles libre de guerras civiles y dictaduras, pero sólo de nacimiento. Conforme nos íbamos haciendo mayores fue calando en nosotros un discurso que fuimos adquiriendo como natural y como nuestro, una España dividida en dos por múltiples sitios. Partido Popular o PSOE, nacionalista vasco o español, Barça o Real Madrid, Renault o Volkswagen (este debate sobre la chapa no lo olvidaré nunca), y así, desde esta polaridad irreconciliable nos fuimos conformando como ciudadanos.

Pues bien, todo parece apuntar según datos del CIS que tras las próximas elecciones generales ningún partido político tendrá más del 30% de votos, parece que llega ese tan anunciado fin del bipartidismo, aunque cierto es que queda mucho año por delante. Así que la pregunta qué me hago y les hago es cómo vamos a convivir en este nuevo escenario.

España como país es cada vez más plural y heterogéneo, por lo que deberíamos vivir con naturalidad ir a una pluralidad de partidos, pero este fin del bipartidismo y sin mayorías absolutas, conlleva que para facilitar la convivencia tendremos que estar preparados para el diálogo. Y mi pregunta es, ¿los estamos?

En este maravilloso proyecto de dialogar en las fronteras que es entreParéntesis se ha ido apuntando mucho sobre esto, en el valiente post de María Luisa Caparrós lo verán con claridad. El punto es que irremediablemente para dialogar se necesita la escucha que tiene como uno de sus principales ingredientes el dejarse sorprender. Si vas con la seguridad del ya lo sé, no hay diálogo que valga. Les confesaré, que para mí al menos escuchar y me refiero a escuchar y no a oír, es uno de mis mayores retos a conseguir, y creo que también lo es para muchos.

Tenemos que hacer de la escucha cultura política, cultura ciudadana, y lo digo con todo convencimiento, porque en este año apasionante políticamente ya empiezo a escuchar y a escucharme hablando de los otros desde la descalificación que excluye, empobrece e incapacita para un nosotros.

San Ignacio de Loyola diría “Depuesto todo juicio”, nosotros en el S.XXI diríamos entreParénteis, es decir, dejar los prejuicios a un lado antes de empezar a hablar y escuchar para hacer posible la escucha desde el respeto. Para ello, la actitud es lo más importante porque solo desde una actitud humilde podemos escuchar y tener paciencia. Como apunta el jesuita Adolfo Chércoles, “Podremos coincidir en la realidad, nunca en las opiniones”, a lo que apunto, ni en las verdades.

Vienen tiempos en los que también los nuevos partidos van a tener que tomar decisiones igualmente contradictorias, bueno ya lo están haciendo; vienen tiempos de gobiernos de coalición, y como apuntaba el periodista Ignacio Torreblanca en una charla hace unos días “Gobernar en coalición no es ninguna traición”, vuelta al cambio de nuestra cultura política.

Como país y como ciudadanos no podemos ahorrarnos madurez ni responsabilidad. Dicen que somos la generación mejor formada de la historia de España, ojalá lo demostremos no sólo en nuestros conocimientos, sino también en nuestras actitudes. Como decía Torreblanca “Podemos discutir de todo, pero no podemos dejar a nadie atrás. No necesitamos enemigos a batir”, ese tiempo ya pasó.

Los españoles ya lo hemos demostrado alguna vez, hoy aniversario del 11M, cabe resaltar que tras el mayor atentado terrorista de nuestra historia y con un profundo dolor, la ciudadanía de este país decidió con sus gestos diarios no estigmatizar ni a los musulmanes ni a los inmigrantes, nadie puede quedar atrás. En este país cabemos todas y todos.