Por Jota Llorente, salesiano

Una fecha clave en la vida de un educador cristiano es el 31 de enero, día en que recordamos a Don Bosco. Este año tiene un sentido especial ya que el 16 de agosto de 2015 se cumplirán 200 años del nacimiento de este sacerdote turinés fundador de los Salesianos, que dio origen a la Familia Salesiana, un amplio movimiento en la Iglesia de congregaciones religiosas y grupos de seglares que, inspirados por él y con su espíritu, trabajan en la evangelización y educación de los jóvenes. El Rector Mayor de los Salesianos, el español Ángel Fernández Artime, nos ha explicado que esta celebración “será una oportunidad para una verdadera renovación espiritual y pastoral en nuestra Familia. Una oportunidad para vivir con renovada fuerza la misión encomendada, siempre por el bien de los jóvenes de todo el mundo”.

Cada año, el Rector Mayor, nos regala un lema (al que llamamos aguinaldo), que nos enmarca las líneas pastorales para toda congregación. Este año el lema tiene un adverbio y dos preposiciones y nos sitúa en este 200 aniversario no como una meta, sino como un punto que nos anima a continuar en la educación y evangelización de los jóvenes de todo el mundo. Hoy lo comparto con vosotros pues creo que este regalo no es solo para los salesianos, sino para todo aquel que se sienta educador y evangelizador en medio de los jóvenes. El aguinaldo dice así: COMO DON BOSCO, ¡CON LOS JÓVENES, PARA LOS JÓVENES!

 Un adverbio: Como Don Bosco

Don Bosco fue un sacerdote en una ciudad en plena ebullición, Turín. En ella se dio cuenta que muchos jóvenes llegaban para buscar un trabajo y eran explotados y ninguneados, nadie cuidaba de ellos. Decidió dar su último aliento por ellos, derrochando amor para su desarrollo, pero también para que los jóvenes miraran a un amor más alto. COMO DON BOSCO nos anima en nuestra tarea educativa a poner en el centro a Dios, que es quien nos mueve y nos empuja en esta labor. Don Bosco desarrolló una gran actividad con palabras, con acciones educativas, con presencia, con escritos, con viajes, con fundaciones, y en encuentros con todo tipo de autoridades civiles y religiosas, pero nunca perdió de vista el horizonte, en lenguaje de la época; “buscaba la salvación del alma”.

 Dos preposiciones

ESTAR CON LOS JÓVENES, estar con ellos y entre ellos, encontrarlos en su vida cotidiana, conocer su mundo, amar su mundo, animarles en su ser protagonistas de sus vidas, despertar su sentido de Dios, animarlos a vivir con metas altas. El mundo de los jóvenes es un mundo de posibilidades. Para poder ser fermento en ese mundo, debemos conocer y valorar positiva y críticamente aquello que los jóvenes valoran y aman, nos dice Ángel Fernández.

PARA LOS JÓVENES: porque ellos son los protagonistas, no nuestras obras ni estructuras, sino la vida concreta de cada chico y cada chica, con sus circunstancias, sus sueños y preocupaciones, en especial aquellos sumergidos en la periferia. PARA LOS JÓVENES, porque tienen derecho a encontrar modelos de referencia, creyentes que les animen desde lo cotidiano a vivir la fe. PARA LOS JÓVENES porque en el encuentro personal, particular y único tienen la posibilidad de sentirse acompañados. PARA LOS JÓVENES porque es un modo de encontrarnos con Dios, porque cada una de esas vidas es regalo para nosotros.

Como veis el reto comenzó hace unos años pero sigue vivo y presente en cada educador y educadora cristiano.

Foto: Jota Llorente