La actitud frente al fracaso del emprendedor

Quiero aprovechar este nuevo post para compartir tres posturas distintas frente al fracaso del emprendedor. Cada una de ellas define, posiblemente, a distintas generaciones. Y es interesante interpretarlas porque denotan una identidad cultural muy distintiva, en cada caso.

Generación Z, los postmilenials o centenials

Comenzaré por la más reciente. Hace unos días veía en TV –en diferido, cómo no- un programa dirigido por Iñaki Gabilondo (San Sebastián, 1942), famoso periodista español, de gran prestigio. El programa se llamaba “Cuando ya no esté”. En él invitaba a cuatro jóvenes a describir cómo sería el mundo dentro de 25 años.

Los cuatro jóvenes, dos chicos y dos chicas, tenían 18, 21, 20 y 30 años. Son centenials, la última generación estudiada. Todos ellos se describían a sí mismos como “frikies”. Unos apasionados de la tecnología que a su corta edad ya habían publicado libros. Alguno había ya sido invitado en Silicon Valley, y le habían comprado su empresa. Otro participaba en un proyecto multinacional con investigadores de distintos países en una iniciativa muy puntera de movilidad. A uno le habían becado a los 13 años para estudiar en una escuela de negocios. Otra trabajaba en proyectos sociales de alcance global.

Todos eran conscientes de que, con cada proyecto en que participaban, estaban contribuyendo, o al menos lo intentaban, a mejorar el mundo. Los cuatro se sentían protagonistas de la revolución digital. Y, lo más llamativo, hablaban con la misma naturalidad de sus éxitos, que de los fracasos que habían también vivido hasta llegar al momento actual.

Describían el fracaso como parte de su proceso de aprendizaje. No había atisbo de frustración. Agradecían a eso que otros consideran “una desgracia” la oportunidad de haberles permitido mejorar en el siguiente intento. Sinceramente, me llamó la atención.

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Generación “baby-boom”

Me recordó a una situación personal que viví hace unos años. Uno de mis jefes de entonces me pidió en una reunión que le explicara mi CV a uno de nuestros superiores, el máximo responsable de la organización. Comencé hablando de mis estudios, de mis inicios profesionales en una multinacional. También de mis dos fracasos intentando poner en marcha un negocio, antes de aterrizar en mi puesto. La reacción fue inmediata: “Mujer, eso no se cuenta”. No lo entendí. Yo creía estar hablando de mis experiencias, de lo que explica quién y cómo soy. Como persona y como profesional. Y sin embargo, el mensaje fue algo así como si fuera vergonzoso haber intentado poner en marcha una empresa (algo que no todo el mundo se ha arriesgado a hacer).

Generación Y, los millennials

Tercer ejemplo: el testimonio de Alberto Cabanes, premiado fundador de la empresa social “Adopta un abuelo”. Hace unas semanas fue invitado junto a otros premiados como Jóvenes Emprendedores Sociales a contar su experiencia en un foro universitario. Allí explicó la cara amarga del fracaso. Reconoció que “no es algo agradable”, ni deseable. Explicó cómo para impulsar su idea abandonó su trabajo bien pagado en una consultora internacional. Luego tuvo que llamar –y lo sigue haciendo- a mil puertas para encontrar financiación y apoyos. En el camino, ha tenido que abandonar su apartamento de alquiler e instalarse de nuevo en casa de sus padres. Contó que, a veces, para poder salir, tiene que contar con la solidaridad de sus amigos y su novia.

Pero bueno. Así es la vida, concluye Alberto. Uno se cae, le duele, pero luego se levanta. A veces aprende de la piedra donde tropezó y otras no, vuelve a caer. Pero la meta alimenta la ilusión y la tenacidad. Y volvería 100 veces a pasar por lo mismo, reconoce. Eso sí, recuerda que este camino “no es para todo el mundo”. No todos valen para emprender.

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Y estoy de acuerdo. Para emprender, se precisan determinadas actitudes ante el fracaso que no todo el mundo está dispuesto a adoptar. Riesgos incómodos, que no todos quieren asumir. Como afirma una reciente campaña comercial: son unos valientes. Y merecen todo nuestro respeto y apoyo. ¡Mucho ánimo, emprendedores! Para triunfar y para fracasar. Habrá que seguir para ello las pautas de “prueba y error”, que marcaba en un post anterior nuestro colega Saunier Ortiz. ¡Mucho ánimo, sí!

 

Imagen: Kobold

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