Empatía sin fronteras

Es francamente difícil lograr que un video se haga viral consiguiendo más de 45 millones de visualizaciones en YouTube. En el alocado mundo en el que vivimos parece incluso quimérico si el video en cuestión pretende además sensibilizar sobre el sufrimiento que miles de niños y niñas inocentes viven en Siria presos de la sinrazón, el odio y la violencia. Save the Children lo logró el año pasado con el video lanzado para conmemorar el tercer aniversario de la barbarie (desgraciadamente nos acercamos ya al cuarto aniversario) en el marco de la campaña #SaveSyriasChildren, en el que la protagonista era una niña británica y la guerra se producía en Reino Unido.

En Noruega se volvió viral el blog de Thea, llegando a ser durante todo un día el más leído del país. Thea es una niña noruega de 12 años que durante un mes fue narrando en su blog los preparativos de su boda: el vestido, las flores, el peinado, la tarta… La polémica se desató cuando Thea desveló que su prometido era Geir, un hombre de 37 años, indignando a miles de noruegos que trataron de impedir el aberrante enlace. En realidad, todo formaba parte de una campaña de Plan Noruega que pretendía agitar conciencias sobre el matrimonio infantil, una lacra que afecta a 39.000 niñas cada día. Finalmente, Thea dejó plantado a Geir en el altar.

Las dos campañas han logrado que miles de personas ajenas a estas causas se interesasen por las mismas, se unieran a ellas y hablaran en sus círculos de dos temas de vital importancia que cuesta horrores que se pongan de moda. Y lo han hecho recuperando un sentimiento innato al ser humano: la empatía. Es la empatía la que está detrás de preocuparse por el otro y por la otra, de ponerse en su lugar, de sentir lo que él o ella siente. En definitiva, es la empatía la que está detrás de la indignación ante las injusticias y la búsqueda de un mundo mejor.

Sin embargo, llama poderosamente la atención que para que resurja esa empatía sea necesario basarla en protagonistas que nos recuerden a nosotros mismos. El video de Siria cierra con el mensaje: “solo porque no esté ocurriendo aquí no significa que no esté ocurriendo”.  Deberían haber añadido: pero para que te indignes tiene que parecer que pasa aquí. Que una sola niña noruega fuera la que iba a ser obligada a casarse con un señor de 37 años encoleriza mucho más que saber que 39.000 niñas son forzadas a ello cada día.

A medida que nos hacemos mayores vamos soterrando tanto nuestro sentimiento de empatía que hemos hecho que genere unas perversas fronteras que nos impiden actuar ante los problemas globales. Por ello debemos luchar cada día para recuperar esa empatía sin fronteras que debe marcar el ritmo del mundo; que logre indignarnos por las injusticias, se produzcan donde se produzcan. Pero mientras, tendremos que seguir apostando por estas campañas con las que esa ciudadanía más ajena al sector de las organizaciones sociales se identifique y actúe.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here