Por Mari Fran SÁNCHEZ VARA, responsable de la Sección de menores de la Comision Episcopal de Migraciones. Nos habla de emigrantes menores, en situación especial de riesgo. Una mirada obligada, que conviene atender con sus particularidades.

Para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado de 2017,  el Papa Francisco  dirige nuestra mirada a los niños y niñas que se ven obligados a salir de sus hogares, si es que los tienen, bien solos o acompañados, en busca de una tierra mejor donde puedan y se les deje ser lo que son, niños. En nuestro contexto de la catástrofe humanitaria migratoria , si hay alguien que necesita especial protección, seguridad, oportunidades y apoyo en su periplo migratorio son los niños y niñas, quienes además son legítimamente sujetos de derecho desde 1989 según la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por casi todos los países del mundo, y donde la frase que cobra más énfasis es la de “Interés superior del menor”. Para ellos, la llegada a las fronteras supone el último paso para llegar a esa tierra segura que les ofrece protección y respeto a sus derechos fundamentales de los que no disfrutaban en sus países de origen. Para muchos de ellos, poder cruzar la frontera supone el fin de un viaje largo, repleto de peligros e inseguridades que, entre otras cosas, les produce un gran desgaste y sufrimiento. Esa frontera se convierte, en la mayoría de los casos, en nuevo obstáculo de enormes dimensiones; es el lugar donde los países ricos ofrecen la cara más dura de su política migratoria y deficiente gestión de las migraciones. Es el lugar donde se rompen los deseos y los sueños de muchísimos niños y sus familias.

jornada-mundial-migraciones-2017

¿Qué le hace a un niño migrante vulnerable? Las guerras, los conflictos armados, las violaciones de derechos, la pobreza extrema, los abusos de todo tipo, los desastres naturales, la violencia familiar, etc  que éstos menores tengan que huir o desplazarse para poder sobrevivir o vivir dignamente, buscando ante todo protección y acogida. Según el último informe de Unicef “Desarraigados, una crisis creciente para los niños refugiados y migrantes”, (casi 50 millones de niños en todo el mundo han tenido que desplazarse forzosamente. De éstos, 28 millones han escapado de la violencia y la inseguridad.)

Por otro lado ponerse en marcha implica enfrentarse a un largo recorrido rumbo a un destino buscando  oportunidades que les abren a un mundo nuevo vienen acompañadas de muchos riesgos. A lo largo de éste trayecto las dificultades y obstáculos no cesan, la exposición a diversos y serios peligros, a sufrir abuso, abandono, violencia o cualquier violación de sus derechos, refuerza aún más ésta vulnerabilidad que no se ve mermada con la llegada a los países de destino, donde han de hacer frente de forma desproporcionada a la pobreza y la exclusión en el momento en que más necesitan ser protegidos y de aquellos servicios que garanticen dicha protección, acogida e integración. No obstante, la migración es para ellos una oportunidad para salvar la vida, evitar situaciones de desigualdad, esclavitud, matrimonios forzados, conseguir mejores condiciones de vida, educación, etc….

En todo el mundo 1 de cada 8 migrantes es un niño, y 1 de cada 3 que vive fuera de su país es un refugiado, según datos de Unicef. 95.000 niños no acompañados pidieron refugio en Europa y en 2016 y  7 de cada 10 niños solicitantes de asilo en Europa estaban huyendo de los conflictos de Siria, Afganistán e Irak. En algunos países se encuentran en centros de detención porque los servicios de protección están desbordados, la burocracia y los trámites son lentos, ralentizando el proceso de acceso a la protección adecuada. Estos mecanismos de identificación y protección tienen que fortalecerse rápidamente para que no se pierda el rastro de ningún niño más en el camino. Recordar que en Febrero de 2016, Europol alertaba de que había 10.000 niños migrantes y refugiados no acompañados en paradero desconocido. Algunos países alertan de los niños que salen de sus dispositivos de acogida sin dejar rastro, por ejemplo en Suecia hablaban de 10 niños por día.

INFANCIA REFUGIADA

Es también un derecho fundamental de los niños el poder solicitar protección internacional, siempre que exista un temor fundado por perder su vida, por peligrar su integridad física, por su salud mental, de ser perseguido, de ser maltratado y abusado, de ser víctima de la trata, etc.

Pero el sistema de asilo en Europa no está adaptado a las necesidades de las familias y de los niños y niñas. Antes de la llamada “Crisis de los Refugiados”, el perfil de persona solicitante de asilo y refugio solía ser el de un varón mayor de edad y solo, sin familia a su cargo. En los últimos años, con la llegada masiva de familias y menores de edad no acompañados, éste perfil ha cambiado considerablemente y la administración pública de los países no se ha adaptado adecuadamente a ésta nueva realidad.  Trámites burocráticos excesivamente lentos, retrasos en la reagrupación familiar, separación de las familias por un largo período, problemas de vivienda digna etc Los estados, por lo tanto, han de garantizar que todo el proceso de identificación de un menor de edad solicitante de protección se realiza conforme a los protocolos legalmente establecidos,  con la agilidad suficiente teniendo en cuenta que es menor de edad y los motivos por los que solicita protección.

VÍCTIMAS DE LA TRATA

Para  someter  mediante engaños, chantajes y coacción a niños y niñas que huyen de sus países de origen los menores confían en las mafias quienes, bajo una apariencia protectora, esclavizan y someten, a muchos menores. En España hay niñas víctimas de trata con fines de explotación sexual, que permanecen sin ser identificadas , invisibles a nuestros ojos. Están siendo constantemente vigiladas, amenazadas y agredidas; se les aísla de la sociedad en la que viven mediante la retención del pasaporte y de dinero, atadas a las mafias debido a unas deudas de enormes dimensiones, que supuestamente han contraído, y  que no cesa de incrementarse día a día.  Los miedos y dificultades para denunciar son muchos lo cual atenaza aún más a éstas niñas para salir de esa situación.

Aunque el  Protocolo Marco sobre Trata y Protocolo Marco sobre MENAS en España define el proceso de actuación ante detecciones de niños y niñas en frontera posibles víctimas de trata, que garantiza sus derechos, asistencia y protección, es necesaria la elaboración un protocolo de actuación particular para la detección, identificación, asistencia y protección de menores de edad víctimas de trata. Esto es porque, cuando son identificadas por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, se tramita su tutela y son derivadas a un centro de protección para menores de edad, de los que suelen escapar en la mayoría de los casos, ya que no garantiza la desvinculación total con los tratantes y las mafias que la están explotando.

El mayor problema surge cuando éstos menores, víctimas de la trata, no son detectados, cuando ni siquiera se es consciente de su presencia en nuestros barrios y ciudades, cuando han conseguido cruzar las fronteras con el sigilo que les procura una red mafiosa perfectamente estructurada, con actores en todos los países implicados, perfectamente organizada y con gran capacidad de adaptación y movilidad.  Hablamos de menores que llegan desde Africa por la frontera sur europea, pero también existen menores de origen asiático que llegan a Europa, y también a España, por vía terrestres. Algunos de estos trayectos también se hacen a pie, de igual modo que en África. Otros proceden de países de la Unión Europea y llegan a España con la absoluta normalidad de quienes hacen turismo o realizan un viaje de estudios.

MENSAJE ECLESIAL

La Iglesia también en España se moviliza ante este tema, y a través de la Comisión Episcopal de Migraciones ofrece sensibilización y denuncia. Los obispos se hacen eco de “los gritos de dolor de estos pequeños, porque habitualmente se oyen muy poco en los medios de comunicación o en los Parlamentos. Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre. Alguien ha de prestar su voz a estos niños que no tienen futuro porque la injusta sociedad humana se lo niega.

Sigue lógicamente el impulso del Papa Francisco que como siempre pone el dedo en la llaga  “Cada niño marginado, abandonado, que vive en la calle mendigando y con todo tipo de expedientes, sin escuela, sin atenciones médicas, es un grito que se eleva a Dios y que acusa al sistema que nosotros adultos hemos construido.” Ellos no son culpables del fracaso de nuestro sistema económico, social y político, y de las relaciones entre los países, con sus fronteras protectoras y sus muros de contención. Los adultos somos los responsables

Aquí tienes todos los materiales

Foto de portada de Sergi Cámara