Ellacuría y la trascendencia en el Derecho (y IV)

El dinamismo de la lucha por la justicia, como hemos señalado, está impulsado, a su vez, por lo que podríamos llamar “vectores de trascendencia del derecho”. Junto al amor y a la fe que obran la justicia, Ellacuría tematiza otros vectores en las luchas por unas mejores relaciones socio-jurídicas:

Espiritualidad liberadora:

Esta fe de la que brota la justicia y la vida es vehiculada por una espiritualidad liberadora, una contemplación en la acción liberadora, que justamente niega la espiritualidad desde el poder y el estatismo. “Se trata de una nueva espiritualidad que acompaña todas esas luchas históricas, que se están desarrollando. La espiritualidad tiene que ser de y para una liberación integral. No es una evasión, ni siquiera una concomitancia paralela, sino reflejo y acción de unas obras a las que aporta espíritu, pero de las que recibe alimento”.

Esperanza:

Esta marcha de la opresión a la promisión está sustentada en la esperanza. La esperanza, que anima a los pobres con espíritu, les alienta en largos y difíciles procesos, que a otros les parecen imposibles y sin futuro. Es una esperanza que se presenta, por tanto, como, con las características de la esperanza contra toda esperanza. No se trata de un sueño idealista que saca de la realidad, sino más bien, de la aceptación de la promesa liberadora de Dios, una promesa fundamentalmente que lanza al éxodo, en el que se conjugan propósitos y metas históricas con seguridades transhistóricas.

Apertura a lo absoluto:

Lleva incesamente a la superación de lo que se tiene y se hace en cada momento. En esta línea hay que situar el dinamismo de trascendencia del derecho. Esta dinámica de trascendencia se manifiesta en cuanto que el ser humano proyectado hacia el futuro, no queda encerrado en ningún presente ni se ve determinado fijamente en ninguna de sus opciones; puede tomar forma de insatisfacción o de acción en busca de metas superiores; pero en sus distintas formas indica siempre la presencia de algo más grande que cualquier posición determinada. En ese sentido, tanto el nihilismo como la desesperación no tienen forzosamente la última palabra en la historia humana. La misma desesperanza y aun la desesperación mostrarían la presencia o la privación de lo absoluto, porque harían imposible el propio proceso biográfico y en su caso el proceso histórico, que ya sería una marcha natural y no un proceso formalmente histórico, sino un proceso alienado. Impulsa la crítica de la idolatría, de aquello que vanamente se presenta como fundamento posibilitante. Esta apertura a lo absoluto se arraiga antropológicamente en la inquiescencia (o inquietud fundamental del ser humano), que lleva al anhelo de lo absolutamente otro, la tierra nueva y el cielo nuevo, la vida sin muerte y en plenitud.  El dinamismo ético incoado en la primaria apertura a la realidad del ser humano, puede suponer un principio de “crisis” con lo hecho y con lo dado, y con ello la praxis humana desde la primaria apertura inespecífica, puede concretarse en procesos de liberación y de humanización de las personas y de la sociedad humana, puesto que ninguna institucionalización o realización individual o social agota lo que puede y debe ser hecho, y por ello siempre se puede apuntar, aunque sea atemáticamente, a su propia superación.

-La presencia de los ideales y en último término, de una u otra forma de utopía operante, es condición indispensable para la humanización y plenificación en la lucha por el derecho, y por tanto expresan esta dinámica radical: si bien los ideales tienen sin duda el grave peligro de responder a intereses de conservación de un estado determinado de cosas y de una concreta situación que tiene poco que ver con la realización de esos ideales, pero pueden ser principios de actuación y norma de aproximación a lo absoluto. La presencia de lo utópico es lo que permite la denuncia de cualquier situación dada y el anuncio de un nuevo camino. Hace del ser humano un inconforme pero no un destructivo. Esta presencia operante de lo utópico es otra forma de presentar lo absoluto en la historia de los hombres y es principio de esperanza activa. Cuando es efectivo motor de acción es la presencia en la historia de algo más grande que la historia, en el sentido de que puede mover a la transformación y la superación de lo construido históricamente alumbrando nuevas posibilidades.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here