Así se titula la noticia de un informativo religioso. Y tras el título expone algunos datos, como que en 1990 el Camino de Santiago tenía unos 5000 peregrinos, mientras que en 2014 alcanzó los 237000 oficialmente registrado. Este dato es sólo la punta del iceberg, porque tanto monasterios, como centros de retiros o casas de espiritualidad han registrado un aumento de huéspedes, según los datos ofrecidos oficialmente por sus responsables. Y algo también muy significativo: este aumento de ‘peregrinos’ (cualquiera que sea el motivo de su peregrinaje) se da incluso entre iglesias de mayor tradición laicista o secularista como las protestantes.

En Alemania, la Deutsche ordenskonferenz (DOK), que reúne a las congregaciones religiosas católicas, ofrece estadísticas tan positivas como que en los últimos años los huéspedes de monasterios han aumentado un 50 por ciento, y la Evangelische Kirche im Deutschland (EKD), que aglutina a las iglesias luteranas o reformadas de los distintos länder, hace ya unos años que viene desarrollando una red de más de doscientos caminos que unen iglesias y centros de espiritualidad permanentemente abiertos a los peregrinos a quienes ofrecen servicios que van desde lo más básico (v.g. agua) a lo más espiritual (bendiciones para el viaje, liturgias especiales, cantos, etc.). Esta red se denomina «Iglesia en tiempo libre y turismo» (Kirche in Freizeit und Tourismus).

Lo llamativo es que el susodicho informativo señala una paradoja muy común actualmente en lo concerniente a la religión organizada en Europa:

Desde los años 90, no ha dejado de aumentar la demanda en el terreno de la espiritualidad, y así […] mientras que en el día a día muchos abandonan las iglesias, las vacaciones vinculadas a la espiritualidad están experimentando un gran auge.

Los creyentes ‘más puristas’ podrían recibir estos datos como pura banalidad. Sin embargo, hay responsables de la misión de unas y otras iglesias que defienden la gran oportunidad de renovación que supone para las Fotocomposiciónpropias iglesias abrir muchos de sus centros a los ‘peregrinos-turistas’. Por un lado, a través de esta red de casas de acogida las iglesias acompañan a las personas allí donde están, ya sea que necesiten de una profunda experiencia de fe o de un simple descanso o tiempo de ocio, un tiempo de reflexión o de búsqueda interior. Pero por el otro lado, esta acogida conlleva también la posibilidad de una profunda escucha de las personas que están más alejadas de la iglesia, lo cual debería generar también profundos cambios en las propias iglesias. Quizás por eso se habla de estos lugares de acogida (ya sean monasterios o simples casas de retiro) como «comunidades en contexto», pues están abiertas al contexto de las personas que acogen.

Todo esto me recuerda que en su tiempo, tras la desintegración del Imperio Romano, los monasterios y conventos fueron centros avanzados de la iglesia que no sólo llevaron el Evangelio a puntos alejados de los núcleos más desarrollados, sino que también llevaron vida social y cultural, incluyendo el desarrollo económico. Y en última instancia, la propia iglesia le debe a estos centros buena parte de su pervivencia y renovación.

Por este motivo, aparte de «hacer caja» (lo cual no es tan sencillo) las nuevas experiencias de vida religiosa que están surgiendo en las propias iglesias institucionales son una gran oportunidad de servicio tanto a la sociedad como a las propias iglesias. Muchas de estas nuevas formas podrán tener un recorrido corto, pero otras están seguramente destinadas a hacer una gran contribución a la sociedad y al Evangelio.

Fuente: ProtestInter.com