El trabajo de cuidados, explotación a la mujer de hoy*

Los dos sistemas de trabajo de cuidados conllevan explotación a la mujer. El cuento de Cenicienta deja de ser una narración ficticia del pasado. El trabajo de cuidados actualiza a aquella muchacha maltratada y humillada por su madrastra.

¿Cuáles son los dos tipos de trabajo de cuidados?

A.     El trabajo de cuidados “en sentido amplio” equivale a dedicar todo el tiempo en el hogar a la familia, incluso el autocuidado (si no se cocina y se acompaña a las personas no hay hogar). Suele ser no remunerado.

B.     El trabajo de cuidados en “sentido restringido” consiste en ofrecer los servicios necesarios para atender a la supervivencia de las personas que no pueden resolverla por sí mismos, es decir los niños, enfermos y ancianos. Suele ser remunerado.

  1. CUIDADOS EN “SENTIDO AMPLIO”

El primer tipo de trabajo supone explotación y precariedad a la mujer porque recorta su carrera laboral y desciende su libertad para la natalidad.

a) Recorta su carrera laboral porque el sistema de mercado actual ha elevado muy alto el precio legal del trabajo de cuidados. Tanto que es inasequible para la mayoría de la población. La razón es que las leyes laborales nos dicen que no debe haber jornadas superiores a las 40 horas semanales, y, entonces necesitamos cuatro o cinco cuidadores para una persona dependiente las 24 horas del día.

Como esto resulta muy caro, el mercado lo resuelve endosando los cuidados a cada hogar. En este cambio sale perdiendo la mujer trabajadora fuera de casa. Porque el hueco que han dejado en el hogar las mujeres al incorporarse al mercado laboral remunerado no lo han ocupado los varones sino muy parcialmente. ¡Queda bonito hablar de igualdad en el mercado y no plantearse quién limpia el váter en la casa!

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b) Desciende la libertad para su natalidad. La OIT formula la situación así: “Perdemos niños porque el trabajo de cuidar es carísimo en términos reales… pérdida tan costosa qué las parejas jóvenes, y sobre todo las mujeres, no la pueden asumir”. Las personas dependientes, que alargan cada vez más su edad vital, requieren una dedicación y disponibilidad que las empresas no suelen consentir.

La mujer se ve muchas veces obligada a elegir entre maternidad o contrato (Dignidad y esperanza en el mundo del trabajo, Ed. EDICE) Algunos estudios cifran en un 50% el porcentaje total de abortos provocados por las condiciones de trabajo.

Por eso las mujeres han reducido a menos de 1,3 el número de hijos que tienen o que pueden tener, porque en muchos casos no es lo que hagan voluntariamente, sino que estructuralmente no tienen otra salida. La trabajadora en la empresa tiene que ser competitiva y estar cada vez más disponible a la empresa, cosa que está reñida con el papel que viene representando en los cuidados del hogar.

Es un engaño que el trabajo asalariado de la mujer fuera de casa sea la clave para liberarlas mediante su empoderamiento económico, si no le dejan mantener su derecho a la libertad para su fecundidad.

  1. CUIDADOS EN “SENTIDO RESTRINGIDO”

El segundo tipo de trabajo de cuidados en “sentido restringido” (ejercer los cuidados remuneradamente en el hogar para atender a los que no pueden valerse por sí mismos) lo suelen ejercer las empleadas de hogar en condiciones de precariedad.

a) Por el predominio de economía sumergida. Actualmente hay 420.288 empleadas de hogar dadas de alta en la seguridad social. Sin embargo, según la Encuesta de Población Activa habría otras 300.000 en la economía sumergida. Y su salario medio asciende casi a la mitad del salario mínimo interprofesional.

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b) Por la falta de derechos. Las que sí cotizan, carecen por ejemplo de derecho al despido remunerado. La OIT asegura que no existen razones que justifiquen esta merma de protección. Además perciben al jubilarse, las pensiones más bajas. El régimen de hogar es el que más pensiones acumula que necesita complementos a mínimos, es decir, que por si solas no tienen la cuantía suficiente para llegar al sueldo que marca el sistema.

c) Por incumplimiento de la promesa de igualarlas al régimen general. Para terminar de rematar las condiciones de precariedad, los Presupuestos aprobados hace un mes en el Congreso, derivó al año 2024 los derechos prometidos para el 2019 como el derecho al paro y la cotización por su salario real. Actualmente, “si trabajan en cuatro casas, cobran 200 € en cada una de ellas pero cotizan solo por uno de esos empleos”.

Es una tremenda injusticia que el Estado español no haya suscrito plenamente el “Acuerdo 189” de la OIT que prometió hacer en el 2019 y ahora lo pospone al 2024.

* Artículo inspirado en Mª ÁNGELES DURÁN “La riqueza invisible del cuidado”. Ed. Universitat de València. 2018

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