El tiempo, el espacio y los puentes mágicos

Un posible puente (romano) mágico. Foto de la autora.

Entre mis tesoros de papel, tengo un artículo divulgativo que mi profesor de Física del colegio, D. Manuel Montanero, publicó hace unos años en La Gaceta Independiente. “El concepto del tiempo en la ciencia” es su título, y contiene reflexiones tan reveladoras para mí como estas:

“Para la ciencia, el ritmo del tiempo depende de la velocidad con la que nos movemos. Cuanto mayor sea esta, más lento transcurre el tiempo, y si algo llegara a alcanzar el valor límite de la velocidad de la luz, el tiempo para ese objeto ¡no transcurriría en absoluto!”

Y añadía: Nunca se ha aclarado por completo por qué la luz tiene esta especial relevancia, el porqué de su omnipresencia casi misteriosa en todas las grandes teorías de la Física e incluso en las religiones, ¿por qué este valor límite precisamente de su velocidad?”.

Este artículo me dio para pensar y repensar y llevarme mis pensamientos por derroteros infinitos. Me maravilló eso de la omnipresencia misteriosa de la luz, el hecho de que sea algo aún por descubrir, que su velocidad sea capaz de detener el tiempo, la posibilidad física de que el tiempo no exista …

Porque también explica el artículo que “el tiempo y el espacio son tan primigenios para el mundo como lo es la materia de la que se encuentra hecho”, que el tiempo y el espacio nacieron con el Universo. Recuerda Montanero la intuición genial de San Agustín, que se adelantó 1500 años a la ciencia al afirmar que “el Universo fue creado con el tiempo y no en el tiempo”.

 ¿Y antes? ¿Qué había antes? ¿Era una dimensión anterior sin tiempo ni espacio? ¿Sigue existiendo ahora? ¿Convive con nosotros en otro plano? Preguntas que superan nuestra capacidad de comprensión, inmersos como estamos en nuestro tiempo y espacio, tanto que no podemos pensar sin su referencia. Basta fijarse en las palabras de mis preguntas: “dimensión”, “anterior”, “ahora”, “plano” … todas ellas conceptos relativos al espacio o al tiempo para intentar imaginar lo que existe fuera de ellos. Porque no podemos pensar sin ellos, pero quizá sin ellos sí podamos existir.

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Como termina el artículo mi profesor, nuestras preguntas cada vez se alejan más de los límites de nuestra comprensión. Sólo podemos imaginar … bendita imaginación que viene en nuestro auxilio (esta reflexión ya es de mi propia cosecha, no vaya a haber equívocos).

A mí me da por mezclarlo todo e imaginar mundos paralelos, con historias llenas de la luz que detiene el tiempo, historias que se conservan intactas y se alojan fuera de nuestro espacio caduco, para que podamos volver a ellas cada vez que sea necesario, atravesando una pared o un puente mágico. Sería fantástico poder escapar de vez en cuando, aunque solo sea para ver las cosas con perspectiva.

Quizá tengamos esa capacidad y solo haga falta entrenarla con tenacidad, sin rendirnos ante todas esas preguntas sin respuesta, esas preguntas que son otra bendición (ya he contado dos bendiciones en este post: la imaginación y las preguntas insondables, me está saliendo muy poco fadista, ¡bien!).

Porque esas preguntas dan posibilidad a lo eterno, son una ventana al misterio que existe en medio de nosotros y convive con cada uno de nuestros pasos. Son preguntas que se nos escapan y se nos escaparán siempre (otra vez el tiempo). Aunque no dejaremos de perseguirlas por ello, aún conscientes de los límites de nuestra compresión, que no de nuestra imaginación.

Y aquí viene la pequeña reivindicación de este artículo: no olvidemos la imaginación como forma de entendimiento, de representación de lo que llegamos a conocer solo por intuición, de lo que nos llena el alma, aunque no sepamos muy bien cómo. Yo me quedo con ella, con mis historias de luz a las que volver siempre, con las que amueblar una casa imaginaria fuera del tiempo y del espacio. Quizá sea ese nuestro destino definitivo y no sea la cosa tan imaginaria … Habrá que pensarlo para otro post.

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2 Comentarios

  1. Muchas gracias Carmen. Qué interesante todo lo que comentas!! Me alegro mucho de que te hayan servido las vueltas que le doy yo al tema. Para mí es una alegría poder compartirlas. Un abrazo

  2. Muchas gracias por tu reflexión, Laly. Creo que apunta a algo muy importante, como es la forma en que hemos ido perdiendo capacidad y autoridad para dar razón de nuestra fe-esperanza creyente también en este aspecto. Coincido contigo en la reivindicación de ese pensar-sentir en imágenes eficaces, y también coherentes de algún modo con la concepción y percepciones actuales de la realidad, de las que servirnos a la hora de al menos apuntar respuestas posibles y plausibles a las preguntas que, inevitablemente llegan y te llegan. Con las que empezar nuestros “sería como si…”. Con frecuencia he encontrado más útil sugerencias evocadas por la ciencia ficción que la propia teología. Por muy importante que sea, creo que no basta con refutar las concepciones “de dos pisos”, porque sigue quedando mucha pregunta sin esbozo de respuesta.

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