El supremo tribunal de facebook

En uno de sus últimos trabajos, el filósofo Byung-Chul Han considera que el triunfo de Facebook representa muy bien las simplificaciones culturales que se producen en la sociedad de la transparencia. A su juicio, en Facebook, la faz (la cara) se presenta como el simple rostro en su aspecto más inmediato, inmanente, urgente y superficial. Representa una forma de comunicación nueva y, por tanto, una nueva forma de juzgar que se adueña progresivamente de nuestra vida cotidiana. Facebook se ha convertido en un poderoso tribunal donde los juicios se han simplificado al máximo porque solo podemos indicar si me gusta/no me gusta

Para mostrar la simplificación de nuestra capacidad de juzgar que se produce en el uso habitual de esta red, este filósofo describe tres dinámicas culturales importantes. En primer lugar, considera que esta red está basada en una comunicación donde prima lo aditivo y no lo narrativo, es decir, una comunicación donde lo importante es acumular imágenes, álbumes, acontecimientos y hechos para despertar la necesidad de ser vistos, de mostrarnos transparentes y ser “gustados”. De hecho, esta red responde a una estructura de juicio donde gustar, comentar y compartir son tres actividades diferentes organizadas desde una lógica acumulativa y no narrativa. La contabilización es tan importante que los comentarios pasan a un segundo plano porque también se someten a esta lógica de la adicción.

En segundo lugar, aprovecha las reflexiones de Levinas y su ética del rostro para mostrar que aquí prima la transparencia del rostro y no su trascendencia. En Facebook los rostros funcionan como mercancías y pierden su aura o complejidad. La importancia de los personajes se muestra en un rostro cuyo valor empieza y termina en su exposición, en su visibilidad.

Los usuarios participan de una tiranía de la visibilidad donde el problema no está en la acumulación o incremento permanente de imágenes sino en la coacción icónica a la que se somete a los usuarios: “El imperativo de la trasparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a su visibilidad. En esto consiste su violencia. La comunicación visual se realiza hoy como contagio, desahogo o reflejo. Le falta toda reflexión estética. Su estetización es anestésica. Por ejemplo, para el “me gusta” como juicio de gusto no se requiere ninguna contemplación que se demore. Las imágenes llenas de valor de exposición no muestran ninguna complejidad.” (p. 31-32)

Al promover la simplificación y la visibilidad como categorías centrales es más fácil que se produzca un vacío de sentido. La obsesión que tienen muchos usuarios jóvenes y adolescentes por colgar inmediatamente las fotografías es una muestra del horror al vacío. El sentido requiere narración, es decir, interpretación, narratividad, distancia y negatividad. No se trata de un tribunal “supremo” donde los argumentos tienen más peso y la deliberación es más solida, sino del inmediato, visual, epidérmico y “Supremo” tribunal del “me gusta”.

Hay una tercera dinámica tan potente interpretativamente como las anteriores y es la contraposición entre “punctum” y “studium”. Aplicada al estudio de imágenes, en Facebook predomina el “studium” como rasgo de fotografías uniformes, como elementos consecutivos de un reportaje. Las verdaderamente importantes son aquellas que marcan un acontecimiento significativo, que generan un desgarro o ruptura con las narraciones anteriores. Hay imágenes que introducen un “punctum”, una intensidad semiótica que provoca la contemplación, el análisis, la argumentación y, en definitiva, el entrenamiento para adquirir el verdadero gusto estético. Este verdadero gusto, que no sólo es estético sino estructuralmente moral, es difícil de someter a un click, se sustrae a la aceleración, requiere tacto, sentido del ritmo, atención a la intriga, capacidad para la contemplación y la memoria.

En la sociedad de la transparencia, el “punctum” supone una reivindicación del silencio, la búsqueda de un lugar para el silencio en el universo icónico. Sin este silencio productivo no es posible un demorar contemplativo para tomar distancia de la sociedad del espectáculo y la trasparencia, una sociedad a la que tantas veces nos somete este aparentemente despótico, epidérmico y tiránico tribunal de Facebook.

Más información:

BYUNG-CHUL, HAN; La sociedad de la trasparencia, Herder, Barcelona, 2013.

Educación y Redes sociales. La autoridad de educar en la era digital. Encuentro, Madrid 2013.

http://marineroet.blogpost.com

twitter: @adomingom

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