El sueño de FIDES

Sueños infinitos. Foto de la autora

Hace ya más de cuatro años, unos cuantos amigos nos pusimos a soñar con una sociedad donde el dinero no tuviera valor en sí mismo, donde su verdadero valor fuera el del bien común que se crea con él, el de las relaciones personales que favorece, el de los proyectos que se ponen en marcha gracias a él. Una utopía como Dios manda, ¿no os parece?

Fuimos dando pasitos y lo primero que descubrimos fue que ya había más gente con ese mismo sueño y llevaba tiempo trabajando en distintas asociaciones. Con la ayuda de los que nos habían precedido nos pusimos en marcha, fundamos FIDES Banca Ética y empezamos a sumar más amigos al proyecto.

Hoy, cuatro años después, con datos de la asamblea anual del pasado sábado, somos unos 60 socios que hemos depositado (no donado) entre 50 y 1000 euros cada uno hasta llegar a unos 30.000 euros de fondo. Y hasta hoy hemos ayudado a 26 beneficiarios que han podido emprender un pequeño negocio, o continuar con él, o seguir con sus estudios universitarios gracias a las ayudas reintegrables de FIDES.

Sabemos que nuestra utopía es inmensa, seguramente inalcanzable, y que nuestra asociación es muy pequeña, pequeñísima. Pero sabemos también que a estas personas les hemos devuelto la esperanza en muchos casos, y eso nos llena el alma y nos dice que vamos por el buen camino.

Pero no nos conformamos y así lo dijimos en la asamblea. Porque nuestro sueño no acaba en FIDES, nuestro sueño es seguir replanteándonos nuestra libertad frente al dinero, frente a la creencia de que solo parece tener valor aquello que se puede monetizar. Nuestro sueño es dar valor sobre todo a lo que construimos juntos. “Arriesguemos lo mío para ganar lo nuestro” es uno de nuestros lemas.

Con estos planteamientos hemos comenzado nuestro proceso de discernimiento en común, que será largo sin duda, pero que ya parece encaminado a cuidar nuestra visión inicial: poner a las personas en el centro, atender a la persona más allá de los procedimientos, hacernos presentes para el caso de que necesite nuestra ayuda o nuestro aliento.

No va a ser fácil, ni discernir ni llevar a cabo nuestro propósito, porque todos tenemos muchos frentes, y la velocidad a la que vivimos no nos perdona a ninguno. Pero tenemos que conseguir parar, y lo conseguiremos, para no traicionar aquello que nos trajo hasta aquí.

¿Qué me trajo hasta aquí?

¡Cuántas veces me habré hecho esa pregunta! ¡Qué grande la tentación de pensar que equivoqué el camino! ¡Cuántas veces tengo que pararme para recuperar la confianza y el ánimo!

Esto de discernir no es nada fácil. No señor. Pero seguiremos adelante, seguros de que sólo el camino merece la pena, encantados además de sumar a nuestro sueño a todos los que quieran apuntarse.

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