Ya está adjudicado el quinto poder. A los clásicos, se sumaron los medios de comunicación “tradicionales”. Y ahora añadimos las redes sociales. En muy poco tiempo ha ganado un quinto puesto que no refleja una prioridad, ni su  importancia.

Pero perdonad que pregunte: ¿De qué tipo de poder hablamos? Es una pregunta fundamental. Quizá corremos el riesgo de hablar sin claridad y sin pensar. Esta misma cuestión, pero en otros ámbitos, se la estoy haciendo a mis alumnos hablando de democracia en Secundaria y Ortega en Bachillerato.

Hay que aceptar este punto de partida: cuando nos hacemos algunas preguntas estamos obligados a buscar respuestas. Sirva este artículo como invitación a la reflexión compartida sobre distintas formas de poder.

1.    Poder de atracción. No es algo de unos pocos, ni siquiera de sectores específicos. Directa o indirectamente, todos se ven afectados por las redes y “andan dentro”. Además, su ritmo de convocatoria es imparable. ¿Cuánto tiempo al día están los jóvenes, y no jóvenes, conectados? La conexión forma parte de “la persona del siglo XXI” y la desconexión es una pérdida. Estar se ha convertido en una especie de “necesidad”, detrás de la cual hay búsquedas más o menos conocidas y declaradas.

2.    El poder de la distracción. No es lo contrario al anterior. La distracción es una atención privilegiada a “otras cosas”, habitualmente relacionadas con el esparcimiento. Pues bien, al igual que en la televisión no han triunfado los documentales y debates, tampoco en las redes se percibe que lo principal sea el contenido educativo. Ha ganado la batalla el ocio sobre el negocio. Si bien sabemos que puede adormecer: pan y circo. Las quejas sobre las redes sociales no vienen por lo que se hace en ellas, sino por lo que se deja de hacer en otros ámbitos. El tiempo pasa mucho más rápido, dicen mis alumnos.

3.    El acceso a la información. Sabes es un poder. Los contenidos se comparten, están ahí. Las redes funcionan como catalizadores y filtros, sobre los cuales influir para dosificar los asuntos. La información relevante se clasifica y ordena peligrosamente, quedando quizá lo valioso en un segundo plano frente a lo más visitado, lo más retuiteado, lo más visto, lo más comentado, lo más compartido. ¿“Lo viral” y “lo instantáneo” vence la batalla frente a lo común y poco llamativo como “el hambre”, “la guerra”, “la enfermedad”, “la educación”? ¿Qué lugar ocupa lo que es más constructivo y positivo? ¿Cae en el olvido lo que no es “de última hora”? ¿Qué supone, en todo esto, la vida efímera del tweet, el trato habitual como lo que dentro de dos días dejará de ser relevante, el almacenamiento de información e información, datos y datos que no son fácilmente contrastables?

4.    El poder de las alertas. Ligado a lo anterior cabe destacar que las redes están diseñadas estructuralmente para dar más fuerza a lo novedoso, no usado, que nunca fue y ha comenzado a existir. Esto lo saben los que manejan el cotarro. Cada red social marca e invita a dirigir la atención sobre lo que está en boga en el momento. Unos con #TT y otros a través de las cadenas de nominaciones y comentarios. Son continuas llamadas a fijarse, a participar, a estar en lo que la mayoría, a ser uno más entre tantos. Quien lo sabe, también sabe usarlo para sus objetivos.

5.    El poder de asociación. Las redes sociales han mostrado que son intrínsecamente asociativas.Es parte de su esencia y poder: el encuentro, la relación, la “re-unión”, el grupo, el vínculo. Una asociación que se crea viendo, leyendo, escuchando lo mismo y tiende a la uniformidad. Se puede pensar en política, pero también en modas, en estilos, en pensamientos, opiniones y opciones. No son sólo grupos y relaciones, son grupos y relaciones con contenido. Sin siglas ni marcas aparentes, pero con contenido.

6.    El poder de influencia. Hay quien piensa que influir a través de las redes sociales es fácil, porque son tienen un gran alcance. Esto es sólo una verdad en potencia, tremendamente complicado en la práctica. De hecho, lo que funciona o es casual o responde a un plan previo bien diseñado. Y suele ser lo segundo: plan, personas bien posicionadas e implicadas, asesoramiento, estrategia… Conforme pasan los años surgen los “expertos” y se estudia mejor el impacto. Por ejemplo, el mismo tweet, foto o comentario no tiene el mismo valor según la hora; y tampoco quien lo diga, ni a qué asocie el comentario. ¿Gozan de este poder de influencia? Sí, pero para unos pocos. “El resto” seguirá siendo principalmente pasivo y receptor, sin mucho protagonismo, aunque a su vez se conviertan en difusores.

7.    Poder de expresión. Con su correlato: búsqueda de escucha. La palabra tiene un poder y una fuerza innegable. La palabra también transforma. Esto sí es democracia, piensan algunos: “Por fin podemos hablar”. Pero decir por decir no conduce a nada. El verdadero poder se tiene cuando se es escuchado. Aquí comienza el empoderamiento: en el diálogo que despierta quien escucha, no sólo quien habla.

8.    Poder de participación. ¿Acción y transformación en la red? ¿Activismo en la red? ¡Sin duda alguna! ¡Y no poca! Habría que ver, como se ha demostrado recientemente con alguna asociación muy activa, qué hay de fondo. Pero de lo que no cabe duda es de que a través de las redes sociales se consigue una mayor sensibilización e implicación de las personas en asuntos que, de otro modo, quedarían en simples conversaciones de café.

Dejo para el final del artículo otras preguntas, como de costumbre: ¿Empoderan las redes sociales a las personas, a los ciudadanos, a los jóvenes, a las familias, a los educadores? ¿A quién le están dando “el poder” de hablar y expresarse, de actuar, de participar? ¿Quién está “sabiendo” recibir este nuevo poder, quién se está sirviendo de él, quién lo está ejerciendo?

Creo sinceramente que las redes son un espacio más, privilegiado por los tiempos, de empoderamiento social. Creo que se debe recibir con entusiasmo y alegría, porque son una buena noticia. Creo que teniendo un nuevo campo de trigo, que dará fruto, no hay que andar remilgadamente mirando la cizaña. Creo, y con esto respondo a mi pregunta del principio, aquella que he formulado a mis alumnos, que el poder que se esconde detrás de la democracia es el poder de un pueblo formado, interesado y en diálogo. Y de esto las redes saben mucho.

@josefer_juan