El placer de aprender

Anna Santiago
Educadora de Fundació la Salut Alta

Que nadie dude que a todos nos gusta aprender, nos motiva, nos hace vibrar… nos da placer.

Pero, ¿para qué aprendemos? Para adaptarnos a nuestro entorno, pero no sólo eso; ¡sino no avanzaríamos! Educamos para el cambio, la transformación, la crítica y la reflexión.

En el Centro Abierto procuramos que los niños puedan aprender jugando en el espacio de aprendizaje… es una gozada verlos disfrutar mientras aprenden. Y para disfrutar, las emociones y el refuerzo que transmitimos deben ser positivos. Aprendemos cuando hay emoción, cuando ese aprendizaje nos dice algo, si no sirve… ¿para qué lo va a archivar el cerebro? Muchas veces se ha aprendido por miedo: a fallar, a quedar en ridículo, a ser el único que no lo sabe, a equivocarme, a recibir una bronca… ese miedo que nos paraliza tan solo nos ayuda a aprender para olvidar o a perder el gusto por el aprendizaje.

Los chicos y chicas están en proceso de aprendizaje y necesitan la aprobación del adulto en aquello que hacen, ¿cuántas veces nos han dicho: mira cómo lo hago? No quieren que nos fijemos en cómo se tiran de cabeza para aplaudirles por su habilidad, que también; la pregunta real de fondo es: mira como me tiro de cabeza para ver si lo que hago está bien y puedo seguir haciéndolo o mejor ya no lo hago más. Y en cada caso debemos responder, si está bien aplaudimos, pero si no lo está, ¡también hay que decirlo!

El objetivo del educador es que los niños y niñas crezcan en dignidad, es decir, que cada uno se sienta respetado y a su vez, respete; sacando lo máximo de cada uno, acompañando estos procesos.

¿Por qué hay chicos y chicas que viven las cosas con un nerviosismo excesivo, que dan un grito enseguida, que no escuchan y acostumbran a malinterpretar lo que se les va a decir?

La historia de cada persona marca su manera de ser, de hacer, de reaccionar. Y esto es básico para asimilar futuros aprendizajes. Un niño que ha crecido en un ambiente violento aprenderá a reaccionar de manera impulsiva: antes de que me peguen me voy corriendo o doy un grito, estas experiencias hacen que el aprendizaje sea más dificultoso. Nuestra respuesta debe ir hacia crear un ambiente relajado, que permita encontrar un espacio en el que se pueda aprender.

Cada uno parte de sus genes y del ambiente en el que crece, y una buena parte de ese ambiente es el espacio educativo que nosotros ofrecemos. Deben tener la oportunidad de reconducir sus sentimientos, de modificar su comportamiento.

Los chicos deben disfrutar aprendiendo, deben jugar, la gamificación en el aprendizaje abre la mente a nuevas maneras de captar habilidades y conocimientos. La pregunta que nos debemos hacer es: ¿qué juego conozco que pueda usar para trabajar estos conceptos? Y hacerlo: concursos, pruebas, juegos de memoria, cartas, fichas, puntos extras,… ¿No es más emocionante jugar a ir al mercado habiendo pensado qué necesito para la comida de hoy, pedírselo a nuestros compañeros/dependientes, que éstos hagan la suma de lo que les debemos y calcular con qué billete pagar y cuánto se debe dar de cambio; en vez de hacer matemáticas en un papel, describir en ciencias qué tipo de verdura son de temporada y trabajar la elección y el trabajo en equipo en ética? Cuántas más áreas del cerebro activemos, más significativo será el aprendizaje y más utilidad le van a encontrar (y por tanto, va a quedar archivado en el cerebro). Hay que captar la atención con sorpresas, con humor, descolocando. Vamos a motivar a los chicos, que encuentren el gusto y la utilidad del aprendizaje, dar oportunidad de pensar, de razonar, de crear opinión.

Es necesario combinar el aprendizaje con ratos de distracción para poder asimilar todos los conceptos (es bueno que de vez en cuando les encontremos abstraídos), y luego dedicar 15 minutos a decir: ¿qué hemos aprendido? Tan necesario como distraerse es dormir, es en ese momento en que todas las áreas del cerebro se activan y lo aprendido durante el día se va situando, se crean nuevas conexiones, nuevos aprendizajes… y el cerebro va madurando.

Tenemos una gran responsabilidad como educadores, debemos ser conscientes de la influencia que ejercemos diariamente en las personas con las que nos relacionamos. Nuestros gestos, emociones, palabras, miradas, marcan la emoción con la que cada uno va a recibir nuestro mensaje. Nos debemos a un trabajo bien hecho.
Y recordemos que si algo no funciona… ¡hay que hacer otra cosa distinta!
Educar y aprender nos da placer, nos realza como personas, nos genera emociones positivas… ¡no dejemos perder esta oportunidad!

Referencias bibliográficas: “Neurociència per a educadors” de David Bueno i Torrens

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