Reem, una joven palestina refugiada procedente del Líbano, se echó a llorar cuando la canciller alemana Angela Merkel en una escuela de Rostock se acercó a ella. La  sonriente adolescente había contado en un perfecto alemán (que elogió la misma canciller), su fácil integración en la escuela multicultural donde llegó hace cuatro años desde Líbano. Al mismo tiempo  expresaba su deseo de que se resolviera favorablemente la solicitud de asilo esperada desde hacía cuatro años para su familia. El llanto surgió cuando no encontró la respuesta deseada para que su padre tuviera un trabajo regular o  ella pudiera plantearse su futuro a medio plazo.

Alemania no puede acoger a todas las personas procedentes de los campos de refugiados del Líbano y algunos tendrán que regresar”, dijo Merkel, ante lo cual la adolescente comenzó a llorar desconsoladamente. Aunque Alemania es la nación europea más generosa en la recepción de refugiados ( 800.000 solicitudes este año)  a Merkel le faltó un poquito más de corazón en su respuesta. Porque en la Europa fortaleza que hoy se está construyendo, atravesada hoy – en Calais , en el sur y sureste de Europa por miles de migrantes que lloran (real o metafóricamente) de sur a norte, y de este a oeste,– necesitamos ser portadores de sueños que tiren hacia adelante para configurar la realidad multicultural evidente y creciente

Necesitamos “Soñar Europa”. Es decir, recordarla en el sentido más etimológico de la palabra (re-cordar es volver a pasar por el corazón). Recuperarla afectivamente, es decir sentir lo positivo que supone ser habitantes de un territorio en el que se gestó el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución francesa, el parlamentarismo,los movimientos obreros, el lugar donde se puso coto al nazismo y sus atrocidades, el lugar donde nació la filosofía y la democracia…

“Soñar Europa” es mirar hacia adelante, donde la Comunidad Europea de Schuman, Monet, Madariaga o Spinelli  pueda ser también la de Manuel, Joseph, Catherina, Ibrahime… La que se reconstruyó gracias a millones de inmigrantes, no puede permitirse el lujo de maltratar al extranjero, de violar sus derechos o de poner barreras a su entrada. La Europa actual es mucho más diversa que la de  ayer. La nueva realidad es más dinámica, por lo que su multiculturalismo debe ser asumido con inteligencia, sin ceder a demagogias simplistas y aceptando el reto de sus dificultades objetivas. Remodelándose con un mayor reconocimiento de la diferencia, en un marco claro de derechos y deberes iguales para todos. Con el fundamento imprescindible de los derechos humanos, el imperio de la ley y las libertades fundamentales. La identidad común europea se plasma en conquistas irrenunciables que ningún colectivo puede ni debe cuestionar en nombre de una u otra visión particular que olvide el sagrado principio de la solidaridad.

Soñar Europa” es empezar a aprender del otro empezando por desterrar los infames vocablos que los estigmatizan. Y para esto nos falta mucho. No he encontrado mejor resumen para ello que  la siguiente anécdota  escrita por Rosa Montero. La  recogí del blog de  Paulo Coelho: “El Negro”. No tiene desperdicio.

“Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. 

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.  

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: “Pero qué chiflados están los europeos”.

Aquí os dejo el vídeo de Reem y Angela Merkel: