La solidaridad funciona: el misterioso caso de Refugees Welcome

Debo reconocer que cuando la crisis de refugiados empezó, me dejó atónita la reacción de la ciudadanía (en torno a Refugees Welcome). La primera sorpresa fue el momento: la oleada de solidaridad llegaba varios años después de que la crisis empezara. Quizás fue incubada lentamente, y cuando estuvo en su punto álgido estallló. Habíamos estado recibiendo noticias de las continuas muertes en el Mediterráneo durante meses. Pero fue la estremecedora foto de Aylan la que desató una respuesta telúrica de indignación y solidaridad; después de meses y meses viendo morir a personas que huían para salvar su vida, su dolor nos desbordó. Nos hemos roto. Nuestra indiferencia, nuestra ignorancia, se ha quebrado.  

Cuando se empezaron a hacer públicas las ofertas de acogida de los ayuntamientos, mi reacción, me avergüenza reconocer, fue más bien cínica. Me pareció un brindis al sol. Cuando una persona extranjera llega al país de acogida, está en una situación extremadamente vulnerable, sea refugiada o “inmigrante económica”. La protección social mínima pasa por el reconocimiento legal de su situación o bien los caminos que disponga para legalizarlo. Que un ayuntamiento diga que está dispuesto a dar alojamiento no soluciona la clave a los derechos mínimos necesarios. Me conmovió, claro, pero no lo creí.

Y, como me pasa frecuentemente desde que tengo uso de razón, la realidad me ha demostrado lo equivocada que estaba. Resulta que la presión de la ciudadanía y los gobiernos locales ha logrado afear la posición inicial del gobierno de España, que sumado a la presión del gobierno alemán (el que supongo también estará bajo la lupa de su propia opinión pública) ha aumentado el cupo de refugiados/as que está dispuesto a recibir, es decir, que otorgará el estatus jurídico a más personas. No ha sido un gesto simbólico, ha tenido un resultado real, palpable, concreto.

Este número es absolutamente insuficiente, no guarda ninguna relación ni con la magnitud del problema ni con la capacidad de acogida que tienen los países europeos. El mismo concepto de cuota, cuando hablamos de seres humanos, es insultante, pero cuando vemos cual es el número que hay detrás, se vuelve desesperante. Y aún así, este pequeño número de personas que llegarán los próximos dos años son muchos más de los que inicialmente se habían previsto. Es un logro cuantitativamente ínfimo, pero en una época donde nos sentimos tan frecuentemente derrotados, también es un logro sustantivo y esperanzador.

Y hay que aclarar que no es gran cosa lo que se está ofreciendo. Sólo como ejemplo: si hoy lunes una persona pide cita para presentar la solicitud de refugiado, tardarán 6 meses en dársela. Seis meses durante los cuales vivirá como inmigrante ilegal, con la vulnerabilidad que esto supone, y el riesgo de ser deportado, y muy probablemente con grandes dificultades para sobrevivir. Una vez entregados los papeles, el tiempo en el que se tarde la resolución es de casi 6 meses, es decir, esta situación de ilegalidad se extenderá por casi un año.

Si se resuelve positivamente, esa persona y su familia tendrán el estatus de refugiados y durante los siguientes seis meses contarán con apoyo para la inserción; aprender español, ayuda económica para subsistir, derecho a asistencia médica, derecho a trabajar para los adultos, y derecho a la escolarización para los menores. Seis meses. Seis. ¿Y después? Nos queda batalla, compañeros/as, no nos podemos quedar ahí.

Espero que la solidaridad hacia quienes están en esta situación no se quede en la coyuntura, que la solidaridad conmovedora de tantas personas no decaiga, que la opinión pública española siga demostrando altura moral, y que sostenga la responsabilidad que ahora se está asumiendo. Quiero creer que somos capaces de tratar con justicia a las víctimas de la guerra de Siria, y a las de tantas otras guerras. Y quiero creer que nuestros representantes políticos sabrán estar a la altura. Quiero creerlo, pero no sé si creer. Tal vez sea difícil que suceda, pero ojalá la vida nuevamente me dé una lección y me demuestre otro error. Yo me equivoco mucho. Ojalá en esto también.

 * Imagen: Agencia EFE

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