El viernes pasado tuvimos en Córdoba un debate interesante sobre el papel de las redes sociales en la construcción de una ciudadanía digital. El debate se realizó en el marco de unas jornadas de profesores de Filosofía Moral y Política. Mi compañero Francisco Arenas y yo ofrecimos una mesa de trabajo sobre los modelos de ciudadanía en la era digital. La mesa despertó gran interés y en ella surgió una reflexión interesante sobre el lado oscuro de las redes. A nadie se le oculta que nuestro interés por el lado oscuro quiere aprovechar el tirón comercial que estos días ha vuelto a tener la película de La guerra de las galaxias donde todo el mundo sabe el significativo papel que tiene “el lado oscuro de la fuerza”.

La reflexión no surgió espontáneamente sino que estuvo provocada por la defensa de la desconexión, el silencio y la meditación como herramientas revolucionarias en la era digital. Cuando el resto de ponentes defendían posiciones más integradas y presentaban las posibilidades que las redes están ofreciendo para seleccionar nuevos líderes, fomentar la participación promoviendo digitalmente una democracia real y averiguar las posibilidades que más redes ofrecen para construir un “management de la donación”, yo defendí la necesidad de educar para la desconexión, la meditación y el silencio.

Alguno de los asistentes asoció mis reivindicaciones a los nuevos vagones de silencio que Renfe ha puesto a disposición de los usuarios y yo me apresuré a recordar al auditorio que hay todo un movimiento social que promueve el silencio como categoría con la que organizar la vida de los nuevos espacios urbanos. Toda una revolución pendiente que no sólo pasa por instalar pavimento fono-absorbente en las calles o incrementar el número de aquellas que estén al servicio de los peatones. Se trata de una revolución que tiene que comenzarse en las aulas y tengo serias dudas que tenga que realizarse simultáneamente a lo que llamamos capacitación o competencia digital. En todo caso, los cursos de capacitación digital deberían incluir módulos formativos para entrenar a los alumnos en la desconexión, el silencio y la meditación.

No tuve tiempo de recordarles que para preparar estos módulos formativos no tengo muchos aliados y casi todos ellos proceden de la galaxia Gutenberg y no de la galaxia de Steve Jobs. Hay textos de Giovani Sartori, de Mario Vargas Llosa o de Zygmunt Bauman donde describen con precisión las consecuencias de ese lado genéricamente emocional, seductor y oscuro de las redes. De momento, dejo al lector con algunas reflexiones de Bauman en la entrevista que le hizo Ricardo de Querol y que se publicó en El País el pasado 9 de Enero. Presentada comercialmente con el título “las redes sociales son una trampa”, la entrevista recoge algunas ideas sobre las redes que deberíamos tener muy presentes.

OVD02 OVIEDO, 20/10/2010.- El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, que comparte con Alain Touraine el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010, durante la rueda de prensa celebrada hoy en Oviedo, donde este viernes recogerá el galardón de manos del príncipe Felipe. EFE/J.L.Cereijido

Recuerda que las redes han cambiado las formas de protesta dando lugar a lo que llama “activismo de sofá”. Además desempeñan un papel importante en la construcción de la identidad porque configuran nuevas formas de relacionarse con la comunidad. Para Bauman, “No se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tu perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización… Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.

El debate no ha hecho más que comenzar y las cosas no son tan sencillas como piensan los defensores del lado oscurso de la fuerza. Quizá tengamos que buscar opciones intermedias entre los apocalípticos y los integrados, pero esa es otra historia que exigirá otro capítulo de esta saga.

Para saber más:

http://www.ediciones-encuentro.es/libro/educacion-y-redes-sociales.html

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