El Espíritu y las ganas de brincar con Manu Chao y Fabulosos Cadillacs

Concierto

Cuando estudiaba Teología en la Ciudad de México, unas amistades me invitaron al concierto que Manu Chao daría en el Zócalo. Llegamos temprano, ríos de gente fluían por todas las avenidas que convergen a la Plaza de la Constitución. Cuando las luces del escenario se encendieron y un rugido aclamó al rockero, no cabía un alfiler en ese espacio que tiene un cupo para cien mil personas. Fueron 2 horas continuas que viví como en una montaña rusa. El cantante estaba inspirado, había una gran comunicación entre el artista y el público. En esa Plaza todos éramos uno y hubo momentos en que cantábamos y brincábamos al mismo tiempo. Alguien que vio el concierto desde los balcones que están arriba de los portales, me decía que más de alguna vez se sintió como si temblara. Este evento lo guardo en la memoria pues fui uno más, una gota más, en un mar bullicioso lleno de energía y fiesta, ahí dentro se respiraba un Espíritu de fraternidad y alegría.

Cuando decimos que un jugador de fútbol salió a la cancha inspirado, nos referimos a que fue creativo, valiente, echado para delante, certero y que sus intuiciones rayaron en la genialidad. La palabra inspiración’ proviene del latín ‘in’ (hacia dentro) y ‘spirare’ (respirar), esta última palabra con probable relación al sonido que se hace cuando se expira. La palabra Espíritu procede de la misma raíz que tiene que ver con el aire y viento. Siguiendo en frecuencia deportiva, podríamos comentar que el Club Santos de Torreón (4 veces campeón en el torneo de Fútbol en México) es un equipo que juega con espíritu guerrero, es decir, que lucha con garra, con pasión y sin ánimos derrotistas. De igual manera, si ahora entramos en el ámbito de las artes, podemos hablar de una bailarina de ballet que sale al escenario con entusiasmo. Entusiasmo proviene del griego ‘en’ (dentro) y ‘theos’ (dioses), es decir, nuestra amiga danza como si adentro trajera a los dioses, remitiéndonos a lo divino con el encanto de sus movimientos.

Creo que el Espíritu, abordando el tema desde lo ecuménico, es aquello que nos ayuda a construir la belleza y la bondad tanto en nosotros mismos, como en los demás. Independientemente de la cultura o religión que procedamos, esta fuerza es la que nos permite y capacita para dar –y sacar- lo mejor de cada uno, transformándonos en mejores seres humanos. Creo que el Espíritu inspiró a Miguel Ángel cuando iba bosquejando en su mente y esculpiendo con sus manos el David, de igual forma a Leonardo da Vinci al pintar a la Gioconda, Víctor Hugo al escribir Los Miserables y Teresa de Ávila al poner en palabras la oración Nada te turbe. En la actualidad creo que el Espíritu inspiró a Giuseppe Tornatore cuando filmó Cinema Paradiso, a Roland Joffé al hacerlo con La Misión y a Ennio Morricone al componer la música que acompañaría dichas películas. Creo que el Espíritu inspiró a Zinedine Zidane el 15 de mayo de 2002 (en Glasgow, Escocia), cuando Bayer Leverkusen y Real Madrid disputaban la Final de la Champions y en el minuto 44 anotó un gol bellísimo.

Creo que el Espíritu nos ayuda a ser más libres, más conscientes y más responsables. Creo que el Espíritu nos inspira a crear el arte (no a destruirlo) y a construir puentes de comunicación que nos permita respetarnos, apreciando las diferencias y lo que tenemos en común, y cuidarnos unos a otros (y nunca a matarnos). Termino con aquellas ganas de cantar -y me encantaría brincar multitudinariamente- un estribillo de la canción Mal Bicho de Fabulosos Cádillacs: “Yo no voy a la guerra, a la violencia, a la injusticia, ni a su codicia. ¡Digo no! Paz en el mundo”.

twitter: @elmayo

Concierto de Manu Chao en el Zócalo de la Ciudad de México

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