El corazón de la red, las redes con corazón

Creo que es justo que me permitáis, compañeros, que en esta, mi última entrada de la temporada, pueda expresarme con más corazón y menos cabeza. Al final la batalla de internet también es, como casi todas, una batalla del amor: cuánto más amor llevemos a la red, mejor será esta y más útil y buena será para nuestro prójimo.

Hablándoos desde el corazón, y como a ritmo de abordaje, os quiero contar que…

La red en mi vida es algo que me aporta más bien que mal, que me trae más oportunidad que dificultad, que me da más que me quita. En general, mi experiencia es buena, gratificante, bonita, digna y de agradecer; un regalo, un don.

Sólo entiendo mi presencia en la red desde la verdad y la transparencia de mí mismo. Ese que veis, leéis, intuís, descubrís y predecís en facebook, en twitter, en mis blogs… ese soy yo. No hay dualidad, no hay engaño, no hay versiones, ni disfraces, ni caretas… más que aquellas que, sin darme cuenta, llevo puestas desde que me levanto hasta que me acuesto. Tal vez este sea parte del secreto. Experimento que lo que doy así también lo recibo. Si quieres verdad, ofrece verdad. Si quieres amistad, ofrece amistad. Si quieres transparencia y testimonio, ofrécelo tú primero.

El corazón de internet y de las redes sociales son las personas que ellas habitan. Personas reales que, de una u otra manera, vuelcan lo que son en estos “inventos del hombre blanco”, como dice mi hermano Jesús Merino. Las redes son una lluvia incesante de rostros, de caricias, de miradas, de historias, de manos a las que agarrarme, de hombros en los que llorar, de lágrimas que secar. Relaciones verdaderas, duraderas, firmes, robustas y sanas.

La red me permite contar historias. Eso, para un contador de historias como yo, es una puerta abierta, una ventana al mar, una vereda que no se puede dejar de caminar. Mis blogs son lugares donde rezo, donde escribo sobre mí y sobre otros, donde me cuento y describo lo que soy y lo que vivo, donde me doy sentido a mí mismo, donde converso con Dios, donde alabo, me quejo, lloro y disfruto. Las redes sociales son mi pequeña columnita de opinión, gratuita, propia, valiosa e importantísima para mí. ¿Quién la lee? No es tan importante. Lo importante es que la red, de alguna manera, me “domestica” y ya no soy “un muchachito semejante a cien mil muchachitos”…

Escuchar es tan importante… releer perfiles, entradas, estados… descubrir la mano del Padre en cada palabra, en cada selfie lleno de alegría, en cada foto de portada, expresión del tesoro que anhelamos o gozamos, en cada grito de sufrimiento, de protesta, de dolor… La red me permite estar cerca de los perseguidos, de los pobres, de los deshauciados, de los enfermos y de todos aquellos que los alientan, los sostienen, los cuidan, los protegen… Las redes me permiten saberme prójimo cercano y no espectador alejado; las redes me permiten conocer, empatizar, rezar y actuar, ser su voz, su rostro, sus pies polvorientos y cansados…

Afronto el verano con la certeza de que la red me ayuda a salir afuera, de que vivir en la red es vivir en la frontera, de que la red es una mano tendida al diálogo y al encuentro, de que viene de Dios y a Dios vuelve. Así sea. Feliz verano.

@scasanovam

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