El bloqueo débil y y las tecnologías aplicadas a la educación

El bloqueo débil (weak lock-in) o autoincompatibilidad es un término del argot tecnológico que hace referencia a la resistencia del posible cliente de un nuevo aparato o servicio cuando estima que el coste de cambiar al nuevo producto es netamente superior al mero coste de compra. Es habitual en el freno que nos proponemos adquirir o emplear algo recientemente llegado al mercado porque tenemos que aprender a usarlo o debemos cambiar nuestras rutinas.

Este tipo de bloqueo es muy frecuente. Influye de forma determinante en que el mercado de los sistemas operativos domésticos esté copado por una única marca porque todos nos hemos acostumbrado a aprender los programas del estándar Microsoft, e incluso a que en navegar por Internet se restrinja a googlear, sin caer en la cuenta de que las diferencias entre navegadores son bastante pequeñas y que otros motores de búsqueda pueden tener ventajas comparativas.

La estrategia de las grandes corporaciones líderes del mercado consiste, como es imaginable, en fidelizar a los usuarios manteniendo los instrumentos de uso actualizados de forma que haya que estar en un permanente estado de aprendizaje pero sin que resulte gravoso. A la larga, el resultado es que al consumidor medio está tan habituado a un entorno que le queda cada vez más distante plantearse al salto a lo que ofrecen otras compañías.

Por otra parte, el desarrollo actual de la tecnología está impidiendo que se produzcan saltos como los acaecidos con el paso del disco de vinilo al CD, que tuvieron costes económicos no desdeñables. El tránsito, por ejemplo, de los sistemas de almacenamiento locales (fijos o portátiles) al almacenamiento en la nube se está dando sin demasiadas complicaciones por ser sencillo y económico, además de por no excluir el que se sigan usando las memorias y pen-drive de las que se dispone. Hay que evitar ahuyentar a la posible clientela.

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Pero el cambio es posible, deseable en ocasiones. Mas es sabido que los usuarios están dispuestos a cambiar si

  • La nueva propuesta tiene un valor considerablemente mayor que el producto o servicio anterior. Dar el salto e implicarse en un esfuerzo de aprendizaje y/o cambio de hábitos se hace si merece la pena, si se ha visto que les ha sido beneficioso a otros, si exige un esfuerzo paulatino pero con resultados apreciables desde el comienzo. No es extraño que muchas ofertas en entornos similares vayan pareciéndose entre sí cada vez más. Es una evolución natural de la oferta.
  • La nueva propuesta tiene un precio tan asequible que permite el cambio sin que la reticiencia al desembolso por razón de un posible uso escaso o difícil lo impida. Es el elevado precio de programas conocidos, por contra, lo que fomenta que muchos usuarios busquen todavía formas de piratearlos a pesar de las dificultades crecientes para hacerlo.
  • La nueva propuesta no presenta una fuerte incompatibilidad con lo que otras personas emplean o con usos secundarios interesantes para el usuario. En general, este es el motivo fundamental por el que muchas personas esperan a que haya una “masa crítica” de conocidos que emplean una mejora antes de lanzarse a utilizarla. O que para muchos usuarios, la elección de ciertos aparatos (p.ej un smartphone) esté en función no sólo de su uso primordial (la comunicación con otras personas) sino de otros adicionales (el uso como cámara, reproductor de audio y vídeo, libro digital, etc).

En el ámbito escolar, la llegada de las tecnologías al aula está viviendo este fenómeno de forma paradigmática. El paso de la escuela 1.0 a la 2.0 choca precisamente con el fundado miedo al salto tecnológico.

  • Los primeros protagonistas del mismo, maestros/profesores y directivos docentes, estamos habituados al uso de una serie de herramientas para nuestro trabajo personal. Convencernos de dar un paso adelante a la utilización de la tecnología para el trabajo en el aula supone no sólo el aprendizaje de nuevas herramientas y el cambio de rutinas, sino la modificación de los objetivos del aprendizaje, el cambio en las actividades de aula, la transformación de los instrumentos de evaluación y la evolución en el rol docente. Todos estos cambios son de un gran calado y exigen una meticulosa planificación, largo y paciente tiempo, además de una supervisión y evaluación para evidenciar su eficacia.
  • Por parte de los clientes, las familias de los alumnos, la exigencia económica resulta un obstáculo que poco a poco está dejando de serlo. A la universalización de la banda ancha en los hogares, el uso por parte de todos los miembros de la familia de teléfonos móviles cada vez a partir de una edad más temprana, y los recursos de comunicación informática con los colegios se les ha venido a añadir el abaratamiento de los aparatos para uso escolar, su portabilidad y resistencia, así como la cada vez más habitual oferta de manuales digitales (más efímeros pero también más baratos). Una dificultad, insalvable de momento, es la falta de formación parental, no tanto en el control de contenidos (que viniendo de centros escolares no deberían ser problemáticos) sino en el apoyo escolar doméstico, para lo que generaciones anteriores no están preparadas.
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A mi entender, hay que aplicarse de forma decidida en que los protagonistas del cambio, los docentes, den el salto. Pues bien, si el ejemplo de los centros más innovadores que ya se han atrevido puede resultar cada vez más convincente, pienso que sólo la necesidad de adaptarse a los cambios acabará por hacerlo efectivo. Puesto que estamos hablando de la formación competencial de las nuevas generaciones, a las que la sociedad va a demandar habilidades no sólo para el ocio sino para el desarrollo profesional, el bloqueo débil debe ser superado por políticas reales de implementación, con prudencia pero sin miedo. Por eso, a la eficacia de convencer por la fuerza de los hechos de que el coste de quedarse atrás es la baja calidad del aprendizaje para los tiempos que corren – con la progresiva segregación del entorno y el subsiguiente miedo al bloqueo fuerte -, y a un proceso de formación previo para ir superando miedos y dotando de recursos básicos, haya que añadirle el que no haya más remedio que afrontar el cambio porque el salto se vaya a producir en una fecha públicamente conocida.

Imagen de cabecera: www.pixabay.com

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