El Amor nos salvará. El humor también.

La librería de mi amiga María hay que visitarla sin prisas. Tienes que ir con tiempo para disfrutar, de los libros y de su conversación. María tiene los ojos brillantes, la sonrisa dispuesta y la voz cantarina. Y muchas historias que comparte con la mayoría de sus clientes, en una conversación acogedora e inagotable en la que nos vamos dando el relevo unos a otros.

Recuerdo que cuando mi hija era pequeña, se emocionaba cuando íbamos a verla. La cogía en brazos y la metía en una cesta que aún tiene, llena de libros de esos blanditos.  Y allí dejábamos a la peque, “consultando volúmenes”, mientras las mayores hablábamos de nuestras cosas.

En aquella época íbamos mucho, porque yo estaba empeñada en coleccionar unos fascículos para aprender alemán con cassettes (¡Gensanta, qué antigüedad!) … Por supuesto, no aprendí nada de alemán, aunque sí conseguí hacer la colección completa. Todo un logro inútil, como otro cualquiera. Bueno, como otro cualquiera no, que fue el origen de mi amistad con María. Una amistad hecha de libros y palabras, una amistad de las que te ayudan a comprender la vida y a celebrarla.

A celebrarla o a sufrirla, porque hace poco más de una semana María perdió a su marido. En dos días. Sin aviso. Fue la primera vez que la visité fuera de la librería, la primera vez que la vi sin sonreír, con la mirada asustada, como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies. Qué absurdo, qué imposible le parece no ver más a Fermín. Como en ese libro de Rosa Montero que hemos comentado tantas veces: La ridícula idea de no volver a verte…  Al menos los creyentes tenemos algo a lo que agarrarnos, me dijo.

Puede interesarte:  Cuando la muerte irrumpe en la vida

Y la verdad es que no sé … En parte tenemos lo mismo, creyentes y no creyentes: el apego a la vida, el brillo inextinguible del recuerdo, la compañía de los amigos… A fin de cuentas, cada creyente se monta un poco su película del Más Allá, y la resuelve como puede. Fe e imaginación van de la mano en esto. También cierta resolución práctica, como la de mi querido Fernando Castellá, que atacó alguna vez mis dudas sobre la vida eterna: “Laly, ¿tú no crees que somos más que carne con ojos? ¿Sí? Pues ya está”. “Palante”.

Y “palante” seguirá María, con todos nuestros abrazos disponibles, porque es el amor el que nos salva, y no sabía ella cuánto la queremos como me dijo el otro día, ni cuánto queremos que siga recibiéndonos en medio de libros y palabras. Todas ellas presididas por una viñeta de Forges, por cierto. Una con uno de sus personajes sentado a la puerta de una librería como un mendigo, con un cartel a los pies que dice “Lee algo”.

Pues eso, leamos algo, visitemos a nuestros libreros y no dejemos nunca de sonreír con Forges. Buenas propuestas para el mes que comienza, ¿no os parece?

 

 

Viñeta de despedida publicada en el facebook del genial Juan Carlos Ortega con este texto: “Para mí, esta es de sus viñetas mas impresionantes”.

Compartir

4 Comentarios

  1. Muchas gracias Mauricio. Para mí es un regalo poder compartir con vosotros estas pequeñas historias. Un abrazo

  2. Gracias por compartir tan bonita amistad con tu librera… Me ha encantado…. saludos

  3. Pues yo no lo conseguí…cualquier día desempolvo los facículos y me pongo..jaja

    No lo dudamos amigo, que se nos van asentando las creencias con la edad y los porrazos que nos hemos “pegao”. En aquella crisis era todavía muy joven.

    Un abrazo grande. Le daré un abrazo a María y te la presentaré cuando vuelvas a Emérita :).

  4. Laly: algo de alemán aprendí con lo mismo…
    ¡En otra vida quisiera ser librero!
    Yo, como Borges, no me imagino el Paraíso son lectura.
    Paraíso, haberlo, haylo…
    Ni lo dudes.
    Un abrazo a tu amiga de mi parte.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.