El abrazo de Dios al mundo obrero. XIII Asamblea de la HOAC.

En los post que he ido escribiendo, he aludido en algunos momentos referencias a la HOAC o a materiales que hemos elaborado durante estos últimos años.  Como movimiento asambleario que somos, cada seis años la HOAC realizamos esas asambleas donde marcamos el rumbo de lo que pretendemos realizar de manera comunitaria. Si a alguno de los lectores os interesa saber más profundamente qué hemos hecho estos días (del 13 al 16 de agosto) en nuestra XIII Asamblea General en Segovia, os sugiero acercaros a los contenidos por tres vías:

1. En nuestra web aparece todo lo que hemos ido realizando en estos cuatro días de asamblea.

2. En Facebook podéis ver muchas imágenes y muy buenas, de lo que ha sido esta asamblea. Contamos con militantes y simpatizantes que han hecho un trabajo excepcional, recopilando los momentos más significativos de este encuentro.

3. En Twitter, en la etiqueta #haciala13 y #enla13 podéis también rastrear lo que los y las militantes han ido compartiendo en esta red.

Pero para contarlo ¿por dónde empezar? ¿cómo expresar lo vivido estos cuatro días en Segovia? Mirando las fotos de la asamblea de estos días, buscaba alguna que expresara precisamente todo lo vivido y la encontré. La imagen que para mí mejor expresa lo que es la HOAC es… un abrazo. Sí, un abrazo, eso es la HOAC, eso es lo que hemos celebrado estos cuatro días en Segovia.

El abrazo de Dios a la humanidad, en su Iglesia, muchas veces torpe y arrugada, pero tantas veces recinto de justicia y paz, de verdad y de amor. La HOAC es el abrazo de la Iglesia al mundo obrero y del mundo obrero a la Iglesia. Y justo en ese momento del abrazo una deja de ser uno mismo y se funde en el otro o en la otra. Justo en el momento del abrazo se desdibujan los perfiles individuales para crear un conjunto armónico de dos personas que se funden y se confunden por un momento. Somos abrazo, queremos ser abrazo y un abrazo compartido desde el mundo obrero, desde las personas inmigrantes ninguneadas o privadas de libertad en los CIE’s, desde los precarios que solo subsisten, desde las familias que malviven en los barrios ignorados por las administraciones, desde las mujeres que reivindican ser protagonistas y que se les trate con igualdad, desde las trabajadoras y trabajadores que se organizan para no acabar sin dignidad además de sin salario, desde las familias que se quedan en la calle por la avaricia de unos bancos que no tienen corazón ni entrañas, desde las personas excluidas, desempleadas que no acaban de ver luz ni esperanza en ningún rincón de nuestra sociedad, desde las familias que ven perder la vida de alguno de sus miembros porque no se puso el dinero necesario para invertir en seguridad (¡maldito dinero!), desde…

Y todavía hay quien dice que el mundo obrero no existe. Ahí precisamente queremos ser abrazo, un abrazo también incómodo, no se vayan a pensar. Un abrazo político que recuerde que la dignidad no se toca, que con el pan de las familias no se juega, que si Jesucristo vino al mundo fue para prender fuego en él, un fuego figurado, pero un fuego de justicia, de redistribución de la riqueza, de acogida, de empoderamiento de quienes somos ninguneados, de quienes son explotadas…

 Mirabas a la asamblea de militantes y veías a esa militante implicada en esa organización de mujeres que se empeña en gritar que basta ya de violencia. A esa mujer indígena de Bolivia que había venido a compartir nuestra asamblea y contarnos lo que están haciendo desde su organización. A varios y varias concejales de ayuntamientos que intentan concretar la vivencia de la política como servicio a las personas más empobrecidas de nuestras ciudades. Varios y varias militantes que llevan toda su vida entregados a defender la justicia, a ser Iglesia en medio de todas las luchas que reclaman y necesitan solidaridad. A muchos consiliarios, acompañantes incansables de cada hombre y mujer hoacista, que celebran la fe, la esperanza y el amor en medio del mundo obrero. A personas invitadas para conocer de primera mano qué es este “tinglado “ de la HOAC. Familias enteras que destilaban vida. A militantes, hombres y mujeres, cercanos a los 90, que siguen participando y aportando con la misma ilusión que hace 50 años lo hacían. La vida es lucha y se lucha siempre, nos decían. A los niños y niñas, los adolescentes y jóvenes que también han tenido su espacio en nuestra asamblea. En la HOAC no hay descartes que valgan, cada persona, todas las personas, somos necesarias e imprescindibles para un movimiento que cree  fundamental el protagonismo del laicado en nuestra Iglesia y que considera un signo inequívoco de su ser mundo obrero, el asamblearismo y la autogestión. Nos acompañaron varios obispos, muchos miembros de otros movimientos eclesiales. Hasta quienes no pudieron venir por motivos laborales o familiares, estuvieron presentes. También nos acompañaron y trabajaron Pili y Mª José, esas dos trabajadoras de la HOAC que saben más casi, que cualquier militante de nuestra propia organización, porque llevan diez asambleas ya en sus espaldas.

Y así podría seguir y seguir pero lo dejo para no cansar… En el comunicado final se recoge de manera sintética lo que hemos celebrado estos días. Pero en definitiva, esta asamblea nos debe ayudar a que cada militante sigamos siendo la concreción de ese abrazo al mundo obrero, sobre todo aquellas personas que peor lo pasan en él. Que crezcamos en comunión de vida, de bienes y acción y que demos más abrazos en las periferias del mundo obrero. El obispo responsable de la Pastoral Obrera, D. Antonio Algora, en el pequeño homenaje que le hicimos nos dijo: “Creo que el futuro de la HOAC y de la Pastoral Obrera es espléndido. Nadie en la Iglesia tiene un grupo de gente tan bien organizado y de tanta calidad humana y cristiana como la HOAC, gente que se está dejando la piel, testificando el amor de Dios a los más sencillos y eso tiene mucho futuro”. Sus palabras no son motivo de orgullo, sino de responsabilidad.

Un saludo y hasta septiembre. Os dejo esta vez con la canción que fue banda sonora de la asamblea: “Construyendo Iglesia”.

(La imagen primera que ilustra el post es de Paula Salinas)

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