Si el gobierno español pide más política migratoria europea, que restituya la Cooperación al Desarrollo perdida. Ante las tragedias del Mediterráneo no nos preguntemos “qué” sino “quiénes”. Los quiénes son la clave. El “qué” se puede manipular ideológica y políticamente. El “quiénes” nos pone ante rostros e historias que mueven la fraternidad. El “qué” lleva a los bombardeos y las alambradas. El “quiénes” nos hace preguntarnos: ¿qué hice por mi hermano? ¿Qué ha hecho España? Mucho menos que antes.

En el actual contexto de naufragios de miles de personas en el Mediterráneo, varios gobiernos europeos han solicitado una política unitaria continental en materia de migración. Como un pilar esencial de la política migratoria es la Cooperación al Desarrollo, quienes piden más política migratoria no pueden hacer menos Cooperación al Desarrollo. No es coherente. Por ejemplo, España pide mejorar la política migratoria europea a la vez que ha empeorado sustancialmente su Cooperación al Desarrollo, que es un eje fundamental de la misma. Es imprescindible que España restituya urgentemente su compromiso hacia el 0,7%. 

Tiene que darse un giro hacia otra política migratoria basada en la modelación de la demanda interna de los países de origen. El impulso emigratorio en un país es proporcional a las demandas insatisfechas de movilidad social esperada. Y precisamente África avanza decididamente por una senda de crecimiento económico sostenido que abre grandes esperanzas. Las expectativas de movilidad social se elevan en los sectores más dinámicos de la población. Pero les falta confianza en el país, conectar con los negocios emergentes y fortalecer la meritocracia educativa. La clave es influir en la demanda africana de emigración.

Europa nunca ha tenido un modelo migratorio basado en la modelación de esa demanda sino que sólo interviene en la reducción de la oferta –evitar el “efecto llamada”-. Las políticas de contención se centran en restringir la oferta y no sólo son insuficientes sino que no son viables. No se puede constituir un modelo inmigratorio –la entrada e integración de ciudadanos de origen extranjero- sólo interviniendo sobre una oferta que ni siquiera está en tu mano controlar. La oferta europea no puede disminuir porque su prosperidad –y frecuentemente su suntuosa ostentación- es la fuente de toda llamada. La otra llamada que hace la oferta europea se da en la extracción de las materias primas africanas, llevadas –con un ínfimo pago fiscal- al Norte para enriquecer compañías y países: las personas siguen hasta las puertas de Europa la estela que dejan sus riquezas naturales.

Las estrategias de contención fracasan una tras otra. Por ejemplo, las autoridades europeas saben que no es posible intensificar las estrategias de expulsiones sin deteriorar el clima de libertades públicas. Otras estrategias de control de la oferta europea se dirigen al empeoramiento de las condiciones de vida de los inmigrantes. Sin embargo, el agravamiento de la exclusión social contra los inmigrantes no tiene ningún efecto en personas  que en su largo itinerario migratorio han desarrollado extraordinarias capacidades de sacrificio, resistencia y supervivencia. Europa también basa la mayor parte de su modelo migratorio en el sellado de las fronteras. Pero las fronteras europeas son porosas en un mundo que ha hecho de la movilidad su gran principio rector (España, con 47 millones de habitantes recibe 65 millones de turistas extranjeros cada año por tierra, mar y aire). Los gobiernos también incentivan la represión contra las concentraciones fronterizas o la toleran. Convierten las fronteras en fosos vacíos de legalidad. Y si lo analizamos estructuralmente, ninguna de las medidas de represión fronteriza anula el tránsito sino que lo desplazan hacia el interior o laterales del continente –por ejemplo, a la larga ruta atlántica de cayucos o la ruta balcánica que ha cuadruplicado su tráfico-.

La única vía que supone una columna sostenible para un modelo inmigratorio eficaz, decente y sostenible, es la modulación de la demanda en los países de origen. ¿Cuál es la base de una política inmigratoria basada en la demanda de los países de origen? Hay tres líneas estratégicas: (a) el compromiso europeo en la superación de los conflictos que provocan refugiados, (b) la influencia en el desarrollo de los países emisores de migración y (c) la mediación inmediata en las concentraciones de demandantes. Europa influye ayuda a ese desarrollo sostenible –no desarrollista- mediante Comercio Justo, el turismo, la transferencia de conocimiento, los intercambios educativos y formación de cuadros profesionales, los acuerdos internacionales de bienes comunes –por ejemplo, energéticos, medioambientales o tecnológicos- y también gracias a las herramientas de la Cooperación para el Desarrollo. Una urgencia: si el modelo de crecimiento de África cae en el desarrollismo porque no crea Estado de bienestar ni es equitativo, las expectativas de movilidad social se frustrarán más y las migraciones aumentarán exponencialmente. Así pues, el crecimiento sostenible africano y su equidad son factores estratégicos en la política europea sobre la demanda migratoria. En esto, la Cooperación para el Desarrollo es crucial. Sin una adecuada Cooperación Oficial al Desarrollo (AOD) no hay una política migratoria eficaz ni sostenible.