Ejercitarse: 4 ayudas para #vivirlared en Cuaresma

Unos años después del Concilio, Karl Rahner reflexionaba sobre cuáles serían las características de la espiritualidad del futuro [1]. De su famoso artículo, el lector casi seguro podrá recitar de memoria: «el cristiano del futuro o será un «místico», es decir, una persona que ha experimentado algo, o no será cristiano». Sin embargo, se condenó al olvido otro de los elementos clásicos de la vida espiritual que el autor creía imprescindible: “la necesidad de una ascética de los límites que uno ha de imponerse a sí mismo” [2].

A pesar de su sabia observación, hemos asistido a un rechazo generalizado de la dimensión práctica de la espiritualidad. Como consecuencia, el ejercicio ascético se ha denostado de forma clara, reduciéndolo a su rostro más negativo –usos pasados de moda-. Sin embargo, la vivencia integral de la espiritualidad, ahora que ya no tenemos límites ni prácticas impuestos desde fuera, ha de revestir el carácter de ejercicio de una libertad responsable.

En este tiempo de Cuaresma, el de la triada ascética –ayuno, limosna, oración-, las consideraciones de Rahner nos ayudan a sopesar si la propia presencia en las redes sociales y los paseos por Internet han de ser sometidos a algún tipo de ejercicio personal en orden a vivir la Red como verdadera experiencia espiritual. 

A este respecto, la propuesta de una ascética cristiana en el uso de Internet no puede solucionarse con la simple consideración del conectarse o desconectarse. De manera creciente el estado “desconectado” es más difícil de encontrar dadas las características de la propia tecnología y, sobre todo, por los modos de vida en los que casi todo tiende a vivirse online.

A fin de no simplificar, en el discernimiento de la necesidad de un “ejercicio de ascética digital” habría que considerar, al menos, estos cuatro aspectos:

1. Solo quien verdaderamente está abierto a Dios y al futuro que Él ofrece podrá superar la apetencia sin límites del consumo de contenidos y experiencias relacionales en la Red. Es decir, tiene poco sentido plantear tal auto-limitación si no nace de una experiencia cierta y honda de Dios. Cuando el absoluto de la vida es Dios, todo lo demás se redimensiona: la presencia en la Red también.

2. Los modos de practicar esta ascética habrán de ser totalmente personales y concretos, pues no existe un esquema institucional con fórmulas preestablecidas que nos indiquen cómo, cuándo y cuánto necesitamos limitar, dominar o regular la presencia digital. Cada uno con su verdad habrá de descubrir lo que más le conduce a reconocer lo absoluto de Dios en su vida.

3. El único sentido de la ascesis cristiana radica en ensanchar la capacidad de escucha a Dios y su Palabra. Las demás razones del ejercicio ascético no son evangélicas. Como en cualquier otro aspecto de la vida, lo decisivo será preguntarse con honestidad si el propio modo de presencia digital da cabida creciente a reconocer la voz de Dios en lo concreto de la existencia.

4. La verdadera ascética acaba dando frutos de apertura a los demás y de amor práctico a los que están cerca. Si la presencia en la Red reduce la capacidad concreta de escuchar y acoger a quienes tengo al lado, y se sustituye por un amor universal difuso a los que están lejos, habré de pensar si la forma que tengo de funcionar en el mundo digital me hace curvarme sobre mí mismo. ¿Voy estando cada vez más infinitamente lejos de quienes me rodean?

Hoy como ayer el ejercicio de la ascética tiene sentido en cuanto modela la vida para ser vivida con mayor autenticidad. En el nuevo espacio de la Red, la cuestión va más allá de aparecer o desaparecer, de conectarse o desconectarse. Estas cuatro consideraciones quieren ser ayudas para integrar “lo digital” en la propuesta ascética de Cuaresma. Una verdadera experiencia de Dios en la Red necesita acrisolarse discerniendo los límites que uno ha de ponerse a sí mismo. Y para vivirlo, hay que ejercitarse.

@comunicarLe


[1] Rahner, K., “Espiritualidad antigua y actual”, en Escritos de teología VII, Taurus, Madrid 1969, 13-35.

[2] Idem, 30.

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