¿Para cuándo una educación sexual?

Vicente Briet García
Psicologo Clinico Especialista en Sexología
Director “Centro Clinico Vicente Briet”

La educación sexual en España no está acorde con los tiempos que vivimos. No existen programas consensuados a nivel nacional. Recibir educación sexual está en función del azar ya que sólo la mitad de los jóvenes la reciben. Nuestra reciente historia asociaba que impartir educación sexual a nuestros jóvenes fomentaba la promiscuidad sexual, daba el único valor a la procreación e implicaba condenar cualquier desviación en la orientación sexual (y desgraciadamente todavía se hace).

El miedo a plantear también la sexualidad como forma de comunicación y placer ha llevado al desconocimiento, a la no necesidad de educar a nuestra juventud y a ir aumentando los problemas de una juventud desconcertada. Aunque disponen de más información no reglada que nunca (incidental y no formal), todavía no se ha sistematizado una educación sexual reglada acorde con los tiempos que vivimos. Se ha dejado en el limbo de la transversalidad para que casi nadie le hinque el diente. La educación sexual en España, aún siendo permitida, no está en absoluto garantizada y es ese el gran reto pendiente que queda promover en nuestro estado.

En España se imparte escasa formación sexual en nuestros centros escolares ya que sólo la mitad de los jóvenes la recibe, y cuando la recibe, salvo excepciones, se suele limitar a informar sobre anatomía, métodos anticonceptivos, prevención de embarazos no deseados y de infecciones de transmisión sexual (los riesgos del sexo). Se está usando como arma política y no existen programas consensuados a nivel nacional. Recibir educación sexual está en función del azar, se le dedica escaso tiempo a dicha educación, pocos profesionales o padres lo abordan en los centros escolares y se delega a la familia. Pero sabemos que la mayoría de la población opina que la sexualidad es necesaria para el equilibrio personal y que es muy importante en su desarrollo vital.

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Igualmente, una mejor educación sexual, un mayor acceso a métodos anticonceptivos, más recursos preventivos, que las chicas tengan un proyecto de vida donde prime la formación y el desarrollo personal, y más apoyo a mujeres con dificultades con embarazos deseados, es igual a una vivencia más positiva de la sexualidad y a un menor número de abortos y de infecciones de transmisión sexual. De hecho, en la última Encuesta Nacional de Salud Sexual desarrollada en España (2009) la población desearía tener, además de mayor información sobre métodos anticonceptivos, infecciones de transmisión sexual y reproducción, ser informados en aspectos del amor y relaciones sentimentales, problemas en las relaciones sexuales, maneras de obtener y dar placer, y sobre violencia y abusos sexuales. También, sabemos, por dicha encuesta que después de los padres, la fuente de información preferida por los jóvenes seria el profesorado de los centros escolares.

¿Por qué no se lleva a cabo?

Que en nuestras facultades y en centros de formación del profesorado apenas se enseñen temas de sexualidad y, si se hace, sea de forma tangencial, no hace sino agravar la situación. Dejar en manos del compromiso aislado que cada centro docente o cada profesor particular este asunto en los centros de primaria y secundaria, de enorme trascendencia para el desarrollo de la personalidad, no lo soluciona. Las fuentes formales por su parte son insuficientes, no están dotadas presupuestariamente, son irregulares y no son aplicadas (generalmente) por profesionales formados/as en materias de sexualidad y afectividad. Son los propios centros los que eligen dar algunas charlas aisladas, que muchas veces son impartidas por empresas privadas del área de la higiene íntima o los preservativos y que se centran en una educación basada en el componente biológico, las ETS’s y los embarazos no deseados. Dejan completamente de lado cualquier atisbo del componente psicológico o social en positivo de la sexualidad.

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¿Qué podría contener?

Sería recomendable que la educación sexual se enfocara, hacia la promoción de actitudes positivas y de respeto hacia la sexualidad propia y ajena, valore formas de relación sexual no genitalizada y, cómo no, también proponga medios para el control de natalidad y prevenir embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. Que, además, acentúe la importancia de los sentimientos, de las relaciones afectivas basadas en el amor, la comunicación y el placer, el respeto de uno mismo y del otro (lo bueno del sexo). Que enseñe a decidir después de haber valorado las alternativas. Que fomente, igualmente, los valores de la igualdad y equidad como base de las relaciones afectivo-sexuales para lograr combatir además los graves problemas que hay actualmente en nuestra sociedad en referencia a la violencia contra la mujer y que modifique las actitudes homófobas y transfóbicas que aún imperan en una sociedad que presume de tolerancia y respeto hacia las personas.

Cada vez cobra más protagonismo la posibilidad paradójica de buscar una alternativa a esta falta de educación a través de Internet y de las redes sociales ya que son fuente de creación de hábitos y conductas sexuales. No deja de ser una paradoja que lo más íntimo que tiene un ser humano cual es su propio sexo tuviéramos que educarlo de una forma poco humana como es lo digital. Cuando se aprende sobre el sexo a través de lo que los medios nos quieren contar, lo que se recibe es la reproducción de estereotipos machistas, de relaciones violentas y basadas en falsas expectativas.

Aunque la educación “incidental y no formal” es igual de trascendente que la “formal” estoy convencido de que una educación reglada, que atienda a criterios educativos sexológicamente contrastados y promovida por personal formado es la mejor de las opciones.

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Trabajar la sexualidad en niños y niñas desde edades tempranas va a tener como resultado una sociedad conformada por personas más ricas en principios y valores humanos. Por todo ello, se hace necesario implantar la educación sexual como materia curricular en España, como asignatura propia y de contenido específico, desde el inicio de la educación primaria hasta la finalización de la educación secundaria. Un contenido que atendiera a los tres ámbitos de la sexualidad: biológico, psicológico y social, facilitaría un abordaje integral de la misma mediante docentes con la capacitación y motivación adecuadas e impartida por profesionales específicamente formados en sexualidad. Procurar su inclusión en todo el territorio español, con un mismo programa educativo de obligado cumplimiento, evitaría desigualdades y/o usos políticos de una materia tan crucial en el desarrollo integral de la personalidad.

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