Educación, pobreza y política

Se ha convertido en un tópico el decir que la educación, por ejemplo la que se da en la escuela o en la familia, cambia el mundo y acaba con la pobreza. Y, ciertamente, la educación, sea en la familia o en la escuela, es una realidad vital e imprescindible para un mundo mejor, más justo y liberado de todo mal e injusticia como es la pobreza. Pero junto a la acción educativa y formativa, que posibilita “dar la caña de (enseñar a) pescar”, hace falta ineludible y constitutivamente la dimensión sociopolítica-estructural. Esto es, que “haya peces porque no los han robado, que se puedan intercambiar a un valor justo, que el río donde se encuentran los peces no estén contaminados, etc.” Lejos de todo simplismo e individualismo, tenemos que dotarnos de una visión compleja, amplia y global, crítica-ética (profética), de la realidad social e histórica con la mediación de las ciencias sociales o humanas, del pensamiento social y político…

Como sucede actualmente, por ejemplo, ¿de qué sirve dar educación y formación, si nuestra estructura socio-laboral mundial crea paro y explotación laboral (trabajo basura e indecente en serie con salarios de miseria); usura y especulación financiera-bancaria; destrucción ecológica y guerras? Ya que todo esto es un negocio y lo que prima, en esta estructura socio-económica global del capitalismo, es el beneficio, el mercado y la competitividad. Lo cual, cada día más, empobrece y endeuda, excluye y violenta por sistema a las personas y a los trabajadores, a los estudiantes y a las familias. En este sentido de cosmovisión científica-social, estructural e histórica (global), la educación, la familia y la escuela o universidad se encuentran contextualizadas en esta estructura-sistema social e internacional, en este poder del mercado y geopolítico. Y la educación y socialización de los niños/as o jóvenes no solo se realiza en el medio escolar y familiar. La estructura-sistema cultural, económico y político mundial condiciona e impone sus modelos y estilos de vida, sus pautas de valores, de consumo, etc.

De ahí que nuestro modelo y sistema liberal-capitalista global imponga la introyección cultural y educativa del individualismo, del relativismo y del hedonismo, del materialismo economicista, de la competitividad violenta y del consumismo… Por todo ello, junto al esencial cambio o conversión personal y educativa hace falta, de forma inter-relacionada, la transformación de estas estructuras socio-políticas y económicas mundiales de pecado e injustas que a su vez incitan al mal, al pecado personal, a la deshumanización y más injusticia. Tal como se plasma, actualmente, en el capitalismo que dicta esta cultura mercantilista e individualista. En esta línea de conectar la educación y una cosmovisión-acción global, no cualquier modelo pedagógico o educativo transforma, sino el que va promoviendo todo lo que hemos intentado exponer aquí. Es decir, aquel que promueve este conocimiento-praxis social e integral, el que las personas y los pobres sean protagonistas de la realidad social e histórica en la lucha por la paz y la justicia liberadora, frente a toda injusticia y mal. Como nos enseña todo ello la fe y la Iglesia.

[Foto: Francisco Campos, SJ]

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