El Mobile World Congress 2016 (#MWC16) que se celebra estos días en Barcelona lleva por lema: “El móvil es todo.” Y, aunque pueda parecer excesivo, verificamos con frecuencia cómo va ganando terreno en muchos ámbitos de la vida, con una presencia que parece capaz de absorber todo y con prestaciones crecientes año tras año. Una mirada al mundo de la educación, da buena muestra de ello. Según parece, los grandes han echado el ojo a este terreno.

(1) Este año el plato fuerte (no novedoso por otro lado) viene de la mano de la realidad virtual y aumentada, con todas sus posibilidades. La famosa foto de M. Zuckerberg ha dado la vuelta al mundo. ¿No nos damos cuenta de lo que puede suponer, en un futuro no lejano, en educación? Lo más evidente: visitar lugares estando virtualmente dentro de ellos, reconstruir y participar en momentos históricos, manipulación y experimentación científica, creación de aulas virtuales con múltiples interacciones, visitar lugares con espacios personalizados para el aprendizaje, y una infinita capacidad de relación. Y con esto, gamificar la experiencia educativa.

(2) Comunidades de aprendizaje. Aunque las intenciones del fundador de Facebook sobre la universalización de la red puedan ser interesadas -como mínimo-, asistiremos a una revolución educativa con la globalización de la educación. Conocer, por partir de lo mínimo, experiencias que se desarrollan en otros países causa movimiento. Cuando nos preguntamos por los mejores colegios del mundo, la búsqueda es global y comparamos sistemas, modos, formas, experiencias. Pero el paso decisivo será ver cómo maestros de todo el mundo se ponen a trabajar en la nueva genética educativa, desarrollan proyectos en colaboración y sus alumnos se ven inmersos en aprendizajes comunes y compartidos. Evidentemente, bien leído y bien aplicado, existe un potencial impresionante en esta nueva forma de contemplar, sin paredes, las aulas.

(3) Por otro lado, se consolida el uso de los móviles como soporte básico, con el desarrollo de múltiples aplicaciones. Resulta paradójico que la legislación en algunos casos sea todavía prohibitiva en este sentido. Estas apps, que se elaboran con infinidad de objetivos, van dirigidas a un público muy concreto con necesidades específicas. Música, geografía, matemáticas, incluso sistemas alternativos de comunicación para personas con TEA. Todo en avance, muchas personas trabajando en la misma dirección y poniendo al servicio de los demás sus éxitos (y fracasos). Usar el móvil en clase no puede ser visto como una transgresión, sino como una oportunidad para lograr un mejor desarrollo de contenidos, capacidades, habilidades, inteligencias o competencias, o todo unido.  Con ellas, la deslocalización.

La app premiada este año en Mobile Premier Awards es genial. Ayuda a que alumnos universitarios se den clases entre ellos. Si no la conoces, tienes que probarla. Piensa en todo lo que desarrolla un joven cuando se pone a enseñar a otros, en la relación que se genera, en el aprendizaje común, en las sinergias que potencia.

(4) Conexiones más rápidas y más potentes. Que ya hemos visto crecer exponencialmente, pero que ahora nos resultan limitadas para algunas funciones. Sin duda, detrás de una mejor conexión viene el uso de recursos que ahora resultan pesados. Ver vídeos, realizar vídeos, compartir podcast y convertir la clase en una radio para el barrio… Actualmente en muchos centros educativos lo que falla hoy es la conexión. Trabajar en esta dirección viene a ser como trabajar en lo más elemental y necesario, aunque no suficiente.

(5) Insistencia en el contenido accesible, en mejorar la calidad del contenido frente a la cantidad. Otra de las grandes revoluciones que he podido escuchar. La selección, la construcción de secuencias ordenadas de aprendizaje, un itinerario flexible y personalizado para cada alumno. Sueño con este trabajo, imposible para un solo profesor, pero claramente posible en un grupo de trabajo centrado en una misma dirección. Estos mejores contenidos hacen referencia claramente a la selección y al filtrado, también a la presentación y al aspecto más estético, al disfrute del aprendizaje.

(6) Por último, subrayo algo de otro calado: este tipo de educación crea una persona situada de forma distinta en el mundo. Muchas resistencias educativas van en esta dirección, en la dificultada para ver cómo será el mundo de mañana y la vida en las smarthcities, o el mundo laboral en un par de décadas. Todo lo que se estudia en esta dirección no deja de ser una proyección en medio de una realidad cambiante. Pero, al margen de esto, no hay duda de que una persona bien preparada para el día de mañana tendrá que vérselas diariamente, y muy de cerca, con tecnología por doquier. En cierto sentido, preparar bien a una persona para el mañana, será trabajar su humanidad para que humanice y gobierne estas máquinas, y sea capaz de vivir en un entorno de múltiples relaciones e interacciones. Si las redes sociales, que acaban de despuntar en la cronología de nuestra historia ya han supuesto un serio impacto en muchos cambios, ¿cómo no va a suponer un mundo nuevo, una nueva era?