Ecoparroquias, eco-Iglesia

Miguel Ángel García.

Escribo estas líneas poco después del anuncio del presidente Trump de sacar a los EEUU del acuerdo del clima de París. La tristeza no puede ser mayor, pero tampoco podemos vivir con nuestra atención centrada en aquéllos que, sin un claro criterio y un mínimo de educación y compromiso, se dedican a saltarse a la torera los acuerdos previamente firmados. Sería darle mayor importancia a alguien que día a día demuestra no merecerla, y, como en el caso de los niños caprichosos, lo mejor probablemente será prestarle poca atención y tomar las medidas necesarias. Espero que, si creemos en un consumo responsable, le descontemos a los productos norteamericanos lo que ahora van a cargar de responsabilidad en el cambio climático, y que busquemos siempre mejores alternativas en otros puntos del planeta (o en aquellas empresas norteamericanas que mantengan su compromiso con la salud de la Tierra).

Porque de esto quería hablar hoy, del compromiso en el que, día a día, podemos vernos inmersos cada uno si aplicamos criterios de responsabilidad a nuestras actuaciones. Esto, que progresivamente se va extendiendo como actitud ante el consumo en la sociedad, tiene también sus implicaciones a nivel de Iglesia, y deberían comenzar a ser claramente visibles.

No cabe ninguna duda de que la Laudato si, encíclica del papa Francisco con claros antecedentes en documentos de sus predecesores, ha supuesto un revulsivo para la vida de la Iglesia, sobre todo en lo relacionado con actitudes y comportamientos que puedan ser responsables ecológica y socialmente. En poco más de un año, al menos dos guías para su aplicación práctica se habían publicado para orientar el compromiso ecológico de las parroquias:

  1. La versión española de la “Guía de ecoparroquias: trayendo a la vida la Laudato si”, del Movimiento Católico Global por el Clima, que incluye múltiples experiencias concretas en parroquias de todo el mundo
  2. “Siguiendo la Laudato si: sugerencias para la conversión ecológica de las parroquias católicas”, editada en nuestro ámbito por la Cátedra de Ética Ambiental de la Universidad de Alcalá de Henares.

A buen seguro que por influencia de estas guías, o por repercusión directa de la encíclica Laudato si en la conciencia de muchos creyentes, la Iglesia española dispone ya de muchas iniciativas concretas de conversión ecológica. Alguno de nosotros la impulsamos en nuestra parroquia (Nuestra Señora de Las Rosas, en Madrid), pero tenemos ya evidencia que al menos en otras dos parroquias, una en la Comunidad Valenciana y otra en el País Vasco, han iniciado procesos en la misma línea. Seguro que habrá muchas más, aunque no las conozcamos todavía. Y también sabemos de la existencia de campañas de peso, como “Si cuidas el planeta, combates la pobreza”, realizada por la iniciativa Enlázate por la justicia, constituida por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes, y de iniciativas eclesiales de promoción del compromiso ecológico, como el Seminario de Ecología Integral: desafíos y experiencias, que está preparando la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española.

Para hacernos conscientes de toda esta vida comprometida con el cuidado de nuestra casa común y de sus habitantes más desfavorecidos, y para animarnos todos, unos a otros, dentro de nuestra Iglesia a ponernos en camino, sería bueno crear un ámbito de visibilización de todas las iniciativas en marcha, de forma que quedara así patente la recepción del planteamiento ecológico que ofrece el Magisterio de la Iglesia y se prestara apoyo a cualquier nueva iniciativa que quisiera surgir en el ámbito eclesial. Una red de ecoparroquias o, más ampliamente, una red eco-Iglesia, que recogiera todas esas experiencias en que parroquias u otras instituciones eclesiales se encuentran comprometidas en un cambio de los hábitos de vida que pueda tener incidencia positiva en la sostenibilidad ecológica y social de nuestro planeta: comercio justo, consumo responsable, grupos de consumo, talleres de concienciación, huertos… No habría que alcanzar un nivel mínimo en el desarrollo de las iniciativas para poder formar parte de la red, tan sólo habría que haber echado a andar alguna de esas iniciativas y tener claro el compromiso de ir aprendiendo del propio camino, hasta donde el Espíritu quiera llevarnos.

Pues eso, que si quieres que vayamos poniéndonos en contacto y comenzando a tejer esa red, al menos de modo virtual, déjanos un comentario al pie de esta entrada, o envíanos un mensaje de correo a la dirección que aparece en la imagen adjunta. Poco a poco iremos compartiendo experiencias, y quizás alguna sólida entidad de Iglesia decida prestarse a alojar en su servidor, o incluso en sus instalaciones, lo necesario para mantener y desarrollar en el tiempo este tipo de red. Ojalá que sirva para extender la espiritualidad y el compromiso ecológico a lo largo y ancho de la Iglesia, y a hacerla partícipe en el esfuerzo de todos los seres humanos por cuidar y promover la casa común que compartimos.

Imagen principal tomada de http://www.boredpanda.es/blog/wp-content/uploads/2015/07/iglesia-arboles-barry-cox-nueva-zelanda-7.jpg. Imagen secundaria, elaboración propia

2 Comentarios

  1. Hola!!!

    Deberías ponerte en contacto con el Sr. Fernando Sánchez, rector de la Universidad Católica de Costa Rica, pues ante el próximo Simposio de la fundación Ratzinger en noviembre de este año en este país, la Universidad está impulsando la creación de un observatorio y un índice Laudato Si’ a nivel mundial. Una iniciativa muy cercana a lo que mencionas.

  2. Fundamental la actitud y la acción de luchar contra la pobreza mediante el cuidado de la casa común

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