El 9 de marzo presentamos en la Universidad Pontificia Comillas un librito que lleva por título: El Capitalismo. ¿Bastan las leyes del mercado para regular la economía?

Lo escribí, animado por mi antiguo colega, Emilio Chuvieco –hoy catedrático en la Universidad de Alcalá y director de Digital Reasons– al que conozco de cuando entonces… De cuando, allá por 1980, coincidimos en el CIR número 1, sirviendo al rey, como Caballeros Aspirantes de la IMEC, a las órdenes del capitán Peloche.

Nos habíamos perdido la pista. Pero hace dos o tres años –fugit irreparabile tempus–  habíamos vuelto a coincidir como tertulios en un programa de los de Lágrimas en la lluvia que dirigía Juan Manuel de Prada. El programa estaba dedicado al enjuiciamiento crítico del capitalismo. Fue entonces cuando Emilio me propuso escribir un trabajo sobre el sistema capitalista, contrastándolo con la Doctrina Social de la Iglesia.

Debo agradecerle el reto del encargo, porque, mientras redactaba, tuve la sensación de estar escribiendo –de manera excepcionalmente grata– acerca de lo que quería escribir; y no al dictado de urgencia administrativa alguna; ni mucho menos, acosado por los agobiadores requerimientos y subterfugios del mundo académico. Constituyó, por el contrario, una ocasión inmejorable para poner orden en ideas y pensares que me han tenido ocupado durante más de treinta y tantos años de lecturas, reflexión y docencia.

Lo que quiero remarcar en este post no es más que una idea, surgida al hilo de la presentación que Domingo Sugranyes –Presidente de la Fondazione Centesimus Annus pro Pontifice–  hizo de mi libro. Y que podría formularse con esta  tesis: La economía de mercado no es solo una forma de organización. Es también una institución que nos permite reconocernos como iguales… Pues pese a lo que muchos suponen, la economía de mercado, es quizás el mejor medio conocido para la realización de la solidaridad entre las personas.

Pues, en efecto, como el profesor Karl Homann nos recordaba en una reflexión reciente: De una parte, la propiedad privada, con frecuencia, es más social que la propiedad comunitaria; y de otra, competir suele resultar más solidario que repartir.

¿Será así en el capitalismo? No. O mejor dicho: No y sí…: En todo caso, pudiera ser.  Siempre que el capitalismo se comporte como una economía de mercado moralmente responsable

Invito al lector interesado a elaborar su propia respuesta. Le aporto MI LIBRO