Economía Colaborativa

Si los hados aeronáuticos me son propicios y Dios lo quiere, a las 16:00 horas del día de san Antonio de 2017, que es cuando está programado que salga este articulito -al que ahora llaman post… ¡anda, que…!-, digo que si las cosas ruedan bien, estaré en el aeropuerto de Helsinki, en tránsito, esperando la conexión prevista para las 11:00 de la noche, hacia Jyväskylä.

– ¿Mande?… ¿A dónde dice que va?

– Voy a la EBEN Conference, que este año tiene lugar allí, en ese pueblo…

– ¡Ya, ya!… Pero, ¿cómo dice que se llama el pueblo?…

– ¡Ah, ya veo!… Lo que usted quiere es que se lo pronuncie a la finesa, ¿eh? ¡Pues va listo! A lo mejor cuando vuelva se lo digo; de momento… digamos que voy a la EBEN Conference, que este año gira en torno al lema: Searching for Sustainability in Future Working Life; y en donde me han aceptado una comunicación sobre Economía Colaborativa… Que últimamente me interesa estudiar con cierto sosiego ese fenómeno. Dese usted cuenta: Ya abrí brecha el otro día donde las Casas Colgadas, anticipando a los colegas algunas intuiciones muy iniciales… Ahora viene esto de Jyväskylä -como quiera que se diga-; el próximo lunes 19 vuelvo a la carga en Aranjuez, en el marco del congreso de ACEDE -al alimón con mi amigo Joe Weiss, de la Bentley University, en Boston; y con la dirección de lidia de parte del maestro García Echevarría, de la Universidad de Alcalá de Henares, verdadera Complutense… como usted sabe…-; quisiera escribir un artículo científico -vamos, lo que ahora llaman un paper- durante el próximo otoño y ver si lo aceptan en alguna revista de categoría…

– Y eso de la Economía Colaborativa, ¿qué es, hermano? Porque, digo yo: la economía o es colaborativa o no es economía… ¿No le parece a usté?… Porque, según yo lo veo, unos hacen unas cosas…; otros, otras… trabajan –laboran– en común-co-Uséase, que colaboran -del latín collaborare, trabajar juntos-. ¿O no es verdad lo que digo?

– Sí señor: tiene usted más razón que un santo… Al menos, en principio. Mas nâo tem toda… Que esto tiene más facetas y luego las cosas se nos complican un tanto… Máxime, si metemos en danza la Economía Digital, la Digitalización, la Cuarta Revolución Industrial -la de los datos y el análisis de los mismos, como nueva materia prima: el Big Data y la Annalytics. Piense que, junto a lo de Economía Colaborativa de la que me quiero ocupar, como le dije, estamos hablando también de Economía Circular -frente a la Economía Lineal; la que hemos venido aplicando desde siempre… Economía Lineal que tanto ha hecho por el desarrollo económico del mundo occidental a lo largo de tres revoluciones industriales, en los últimos 250 años; pero que ahora, caeteris paribus, ya no es sostenible. Incluso vemos emerger, junto a empresas y negocios típicamente capitalistas, navegando el  proceloso mar de la globalización, Ad Maiorem Pecuniae Gloriam, iniciativas minoritarias, pero vigorosas y bien orientadas al mercado, con unos modelos de negocios calificados como Economía de Comunión -ésta sí, a mi entender, verdaderamente colaborativa, aunque, al ser off-line, no cobra fácil encaje en el marco caracterizador de la colaboración on-line a través de plataformas…

Como ve usted, la realidad, el tablero de operaciones es más rico de lo que aparece en los manuales, por bien orientados  que estén… que, sin duda, lo están.  Menos mal que, al menos, en sustancia, están bien perfiladas algunas cuestiones básicas de la Ontología de la Economía, entendida como acción humana e Imperativo Cultural; y de la Epistemología de la Economía, vista ahora como saber sistemático. No nos va a quedar otra que seguir avanzando en la construcción de una teoría más complexiva que pueda darnos cuenta de las nuevas realidades… La agenda investigadora cara al futuro va a ser interesante…

Los libros al uso dicen que, ante todo, la Economía es la ciencia que busca responder de manera técnica y eficiente a las siguientes cuestiones básicas: ¿Qué producir?, ¿cómo producirlo? y ¿para quién producirlo? Algunos, hoy, añaden algunas preguntas más: ¿Cómo consumirlo? y ¿cómo reaprovechar lo que debiera pasar de desecho a residuo con el que iniciar de nuevo el proceso: extracción, producción, distribución, consumo, reutilización…? Añádase que, para vino nuevo hay que tener previstos odres nuevos -no vayan a romperse las costuras del traje antiguo con vigores remozados-, y se comprenderá que a los economistas -más diría yo: a la Filosofía de la Economía no les habrá de faltar tarea en el futuro inmediato… Insisto en la necesidad de nuevas elaboraciones teóricas y de hacer avanzar el conocimiento económico mediante una seria y rigurosa investigación.

Ahora bien -¡entendámonos!-, pese a todo lo que se mueve y cambia, permanecen algunas cuestiones clave, a partir de las cuales –una vez más, subidos a hombros de gigantes, tratando de ver más lejos- hemos de volver a repensar lo económico mirando al futuro… Por ejemplo y sin ánimo de exhaustividad, habremos de retener para el análisis económico de las realidades por venir, los factores de producción -tierra, trabajo, capital- su mutación, más que probable, y el nuevo encaje a la hora de repartir excedentes y acometer inversiones…; la satisfacción de necesidades a partir de recursos escasos -la ciencia lúgubre, la ciencia de la elección-, como razón profunda de ser de la Economía; la búsqueda de la eficiencia y de la productividad… velando por preservar el frágil equilibrio en el que operamos -Economía en el marco de la Ecología-  y empeñándose por la sostenibilidad. En resumidas cuentas: la articulación de lo económico en el más amplio continente de lo social y la justicia; por referencia al horizonte de lo humano -el despliegue y el florecimiento de toda la persona y de todos los seres humanos- y la humanización de la vida sobre la Tierra, con la vista puesta en la Nueva Jerusalén por la que nos afanamos… Al menos en esas anda un servidor…

¿Lo ve usted? Y sobre eso, sobre esas matizaciones y nuevas realidades es sobre lo que conviene ir reflexionando… Porque, probablemente, mucho de lo hasta ahora asumido y dado por sentado, a lo mejor, necesita un más que serio aggiornamento… No se olvide que, en esto, como en tantas otros aspectos de las dinámicas sociales, la reflexión llega siempre después de que los problemas hayan hecho aparición en la escena… ¡Qué razón tenía el bueno de don Georg Wilhelm Friedrich Hegel cuando en los Principios de la Filosofía del Derecho espetó aquello de la lechuza de Minerva, que sólo levanta el vuelo al anochecer…!

-Escríbalo en alemán, maestro, que ha de quedar más rotundo. Y luego explíquese bien, que tiene usted la mala costumbre de andar bacilándome, hablándome  a lo erudito…

Es freut mich… ¡Que me place! La famosa frase dice así: “…die eule der Minerva beginnt erst mit der einbrechenden dämmerung ihre flug… Y ahora el escolio: Minerva -la de los ojos de lechuza, al decir de Homero, es, como sabe, la diosa de la Filosofía… Pues bien, lo que quiere decir poéticamente Hegel es algo muy obvio: que la reflexión llega cuando debe llegar –y nunca antes-; llega ya por la tarde, al crepúsculo… Una vez los asuntos han emergido y se han convertido en pro-blemas, en realidades nuevas que requieren acciones y decisiones también innovadoras. ¿Recuerda aquello de que –normalmente, que esto no es ciencia exacta, sino ejercicio prudencial y deliberativo– no procede tratar de resolver problemas de mañana con recetas de antes de ayer…? Porque el caso es que, si bien es verdad que las carga el diablo, no deja de ser también razonable aquello otro de que no siempre lo peor es cierto, que hace bueno el dicho de que debajo de una mala capa puede esconderse un buen torero

O sea, que las primeras apariencias no nos sirven; que las cosas no suelen ser buenas o malas al ciento por ciento… Que, como en botica, hay de todo en todo -uvas en la viña del Señor; aspectos positivos y negativos en todas las circunstancias; pros y contras en cada decisión; ventajas e inconvenientes en cualquier política…-; y que, por ello, es preciso aprender a discernir con buen tino y pulso templado. No se trata ni de oponerse por principio a lo nuevo -entre otras cosas, porque es imposible poner fronteras al aire, puertas al campo, muros y vallas eternas a las fronteras…-; ni, por supuesto, hay por qué caer en el opuesto vicio del papanatismo que santifica toda ocurrencia, so capa de innovación, de manera alegre y apresurada.

Aquí, sin duda, viene al pelo el consejo que me daba un antiguo alumno mío, con sus setenta años largos y bien cumplidos: don Pedro. Don Pedro era General de Brigada del Ejército de Tierra, y -allá por el año 2000- quería hacer una tesis en ICADE sobre la financiación de los tercios de Flandes.  A la postre, el bueno y marcialísimo don Pedro hubo de desistir, muy seguramente porque -¡suele ocurrir más veces de lo deseable!- no encontró apoyo académico bastante… ¡Telón, telón! ¡Velo tupido, velo tupido!… ¡Y a lo que te voy, morena!

Mi Strategos, cuya versión castellana es general, decía -naturalmente, tirando de manual de Academia de Infantería y refiriéndose al arte de la guerra-, que ante una toma de decisiones arriesgada e incierta -como todas las relevantes-, lo que había que hacer era escoger la opción más probable, cubriéndose siempre de la más peligrosa

Pero, claro, para ello -¡digo yo!- hay que saber diagnosticar bien el escenario; sopesarlo de manera crítica y ecuánime, con lucidez… Y como paso previo para huir de la falacia de la petitio principii, sería preciso hacerse algunas buenas preguntas, buscando respuestas atinadas. Porque el caso es que, si, como ocurre, muchas veces, no se tiene identificadas ni las posibilidades ni los peligros… ¿cómo, entonces, se va a tener previsto el modo de explotación de las posibilidades y de la minimización de los riesgos?

Pues lo cierto es que -¡bien se sabe!- junto a un beneficio potencial para la sociedad, derivado de una innovación técnica o social -en nuestro caso, no lo olvidemos, se trata de la Economía Colaborativa-, anida siempre un peligro, una desestabilización, más o menos traumática del stau quo; puede hacer aparición un perjuicio para agentes muy concretos, que -naturalmente- habrán de reaccionar con mayor o menor contundencia, oponiéndose y frenando unos procesos que -a lo mejor, sí; a lo mejor, no: de ahí la necesidad del discernimiento– merece la pena institucionalizar desde la política y la regulación, en aras al bien común… Como se observa, si las cosas se encasquillan, pudiera incluso emerger un desequilibrio social que, llegado el caso, se sustanciaría en un posible contragolpe, en un retroceso -más o menos violento, pero, casi seguro, indeseable… Vamos, lo que el maestro Delibes, en argot cinegético, y en otro contexto rotulara como “el culatazo del progreso”. Lo hizo en Un mundo que agoniza, librito que, en esencia, recoge su discurso de entrada en la Real Academia Española de la Lengua, un ya lejano 25 de mayo de 1975… y que le recomiendo como lectura veraniega. Estará descatalogado; pero en Internet lo encuentra cualquiera sin gran esfuerzo…

– Pero bueno… ¿qué es eso de la Economía Colaborativa? No olvide que con eso empezaba usted el cuento.

– La Economía Colaborativa es la traducción al español de un concepto inglés –Sharing Economy–  que, quizás, más -y mejor- literalmente traducido, habría de haber sido vertido a nuestra lengua por “Economía del compartir”… De hecho, este fenómeno, cuyo arranque teórico no va mucho más allá de unos doce-quince años, empezó centrándose en lo que se podría denominar el Consumo Colaborativo.

La idea de fondo es simple y está muy bien traída: Todos tenemos muchas cosas… la mayoría de ellas ni las usamos, ni las necesitamos. Lo único que hacen es estorbar. ¿Por qué no sacarles partido? ¿Por qué no ponerlas a la venta o alquilarlas?… Esto, naturalmente, lo dirán muchos: no así el que suscribe que tiene alma de chamarilero y no gusta de tirar nada, sobre todo si son libros; y mucho menos, alquilar… No me gusta tirar, pero soy de natural generoso y no me importa regalar, donar cosas… dar sin esperar nada a cambio, sin contrapartida mercantil o utilitarista -¡olvidémonos de aquello, con un si-es no-es ciniquillo, de la compra de voluntades, en función de que el que regala bien vende, si el que recibe lo entiende-…

Pero esto de dar, esto de compartir de esa forma -¡ay!- no se considera digno de entrar en el conjunto de las actividades propias de la Economía Colaborativa; ni siquiera del Consumo Colaborativo, por más que lo sea… Y ello -¡vaya por Dios!- porque no está mediado por plataformas tecnológicas en-línea… En cambio, como para compensar la paradoja con otra mayor, hay que hacer notar cómo grandes empresas capitalistas -Airbnb, por ejemplo-, que compiten con éxito -a veces colaborando, dejándose financiar; otras, compitiendo a cara de perro- con cadenas de hoteles de toda la vida, sí que entran en el club de los colaborativistas…Como se ve, la clarificación del concepto no es un prurito semántico ni meramente conceptual: apunta al intento de precisión, que sirva para promocionar una realidad sugerente, con grandes potencialidades, pero también con un lado oscuro innegable.

Otras veces, lo que pasa es que tenemos recursos ociosos a los que no estamos dando uso y de los que no estamos obteniendo productividad… -esa casa en la playa que sólo usamos veinte días en agosto; esa habitación libre en el piso que no usó nadie en quince años…- ¿No habría manera de sacarle algo de rendimiento? ¿Por qué no la alquilo de vez en cuando a quien lo necesite, por ejemplo: a una rubia, estudiante, sueca, de tercero de Físicas, que viene de Erasmus a la Complutense; o a un negro, senegalés, que llegó en patera y anda buscándose la vida por Legazpi…? El huésped tendría sus ventajas: viviría en una casa de familia, interactuaría… Y el posadero, las suyas -no se habría de aburrir, si acaba hablando con su inquilino; aprendería cosas nuevas; conocería gente, usos y costumbres a coste cero… y, encima, se sacaría unas perrillas en negro, indetectables a los temeroso radares del señor Montoro, el de la amnistía fiscal para los amigos… E tutti contenti… ¿Seguro?… ¿Los vecinos también?… ¡Habrá que contar también con el padre de la rapaza…! ¿No cree…?

Aquí va otra:Si me lleves a Mieres por San Xuan y me traes luego pa casa en el tu coche, doy-te diez euros y págote la gasolina… Quien tal propone vive en la Pola de Lena y quiere ir a la romería, a fartase de beber sidra toda la tarde, a cenar como un guchín en La Xagosa, para rematar tomando unes copes por la Cai’ l Viciu… sin miedo a los controles que el Benemérito Instituto tiene por costumbre llevar a efecto en tales coyunturas.

¿Por qué no extrapolar? Ya que sé conducir y que no me gusta beber alcohol… Como tengo un coche nuevo, muerto de risa en el garaje, ¡voy a darme de alta en Cabify… o en Uber…! Seguro que saco unos eurillos… sin que se entere nadie… Y, si acaso, dejo de trabajar para la empresa y me lo monto por libre. ¡Que ya está bien de la explotación del hombre por el hombre, de trabajar por cuenta ajena y de tener que pagar impuestos!… ¡Eso ya no se lleva!

¡Ay, amigo!: Pero las cosas no son tan sencillas… ¿Y los que tienen hostales y pagan contribución? ¿Y Gelín, el del taxi, que compró licencia, es autónomo y lo fríen a impuestos?… ¿Qué dirán?… ¡A ver si se van a quejar de competencia desleal! Porque si todos hiciéramos lo mismo, ¿quién financiaría la sanidad, las escuelas, las infraestructuras… ¿Y el sentido del trabajo que, más allá de servir de acceso a la renta, tiene las complementarias funciones de integrar a la persona en la sociedad, de socializarla, de ayudarla a encontrar el reconocimiento de los otros significativos; ya demás de ser ocasión de florecimiento personal, de construcción de la autoestima y de refuerzo de la dignidad? ¿De esto otro, qué?

Lo que le acabo de contar es el arranque: son los pases de tanteo para que vea usted cómo se desplaza este toro por el redondel… Lo que quiero, como le dije, es reflexionar sobre algunos de los aspectos que esta circunstancia, -a la que, no más, aludo sin perfilar-, ofrece a la reflexión ética, más allá de la retórica simplista de quienes, de una parte, deslumbrados por una suerte de ideología californiana, de corte anarco-liberal, no ven sino ventajas en este nuevo escenario del capitalismo de plataforma -y rémoras en las antiguas reglamentaciones estatalistas-; y de los que, en los antípodas de los anteriores, no ven sino peligros, daños, agravios -¡ojo!: que, sin duda, los hay-… y quisieran contener el maremoto con calderos y paletas de las que usan para jugar los niños en la playa

El hilo conductor de lo que haya de escribir se puede resumir en los siguientes puntos: 1. El concepto de Economía Colaborativa no es claro: ¿Están todos los que son? ¿Son todos los que están?  2. Se hace necesario abundar en consideraciones teóricas respecto a los costes de transacción en el nuevo arco de la Economía Digital. 3. Hay que llevar a cabo un deslinde analítico de realidades y elementos concomitantes -Economía Digital, Economía Circular, Economía Colaborativa, Economía de Comunión… 4. La retórica que canta las loas de las bondades de la economía colaborativa suena bien, es razonable y parece tener sentido: eficiencia, nuevos yacimientos de empleo, generación de riqueza, nuevas oportunidades, innovación social, aprovechamiento de recursos y del desarrollo tecnológico… 5. La realidad es más compleja y los problemas y desajustes derivados de una disrupción tan creativa plantean  también dificultades, de no pequeño calado, a las que los reguladores habrán de atender… El entusiasmo y el optimismo inicial se atenúan y piden un diálogo constructivo entre autoridades, Stakeholders implicados –entre ellos, sin duda, las empresas establecidas tradicionales- y las empresas de la Economía Colaborativa. Con ánimo de asegurar el bien general de la sociedad, evitando –y anticipándose a resolver- problemas y agravios injustificables…

Aquí las empresas de la Economía Colaborativa –las plataformas del neocapitalismo digital, si se quiere- tienen una buena oportunidad para, como se suele decir, ser parte de la solución; y los reguladores, para llevar a efecto -siquiera sea, de manera acotada y ad experimentum, como ocurre en Ámsterdam nuevas propuestas que flexibilicen -¡a ver qué pasa!- normas excesivamente rígidas para el nuevo escenario… 6. Desde el punto de vista de la reflexión moral, cabría tratar de llevar a cabo un deslinde de problemas éticos y ver si se puede aportar algo de luz, mediante la explicitación de algunos principios, criterios y pistas que ayuden a articular la Economía Colaborativa con los requerimientos de la justicia y del Bien Común.

Esto es lo que pretendo hacer de aquí a finales de año… Ya le iré dando novedades.

– Pues, ¡mucha suerte con la tarea!

– ¡Gracias, compadre!

2 Comentarios

  1. Gracias por sus ágiles reflexiones y sus divertidas anecdotas que hacen referencia al yantar y folgar en tierras Astures.Esos ejemplos hacen más llevadera la lectura de tan compleja tarea que ussía acomete.
    Un fuerte abrazo y Animo!!

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