Una ecología con CUIDADO

José Luis Graus

La palabra ‘cuidado’ se repite 44 veces en la encíclica y está presente en 35 números. Está presente en todos los capítulos de la Encíclica, pero de un modo especial en el primero y en el sexto:

  • En el preámbulo, declaración de intenciones de esta magnífica encíclica(LS 10, 11 y 14), el cuidado aparece ligado a la atención a la debilidad, a un determinado estilo de vida y a nuestra colaboración en el plan de Dios como instrumentos de cuidado.
  • En el capítulo primero, en el que el papa analiza “Lo que le está pasando a nuestra casa común” (LS 19, 35, 36, 37, 42, 45, y 58), esta palabra surge en relación a las veces que no la cuidamos, de diferentes modos nos hace ver esa falta de cuidado. Aunque en medio de la descripción dura y realista, el pontífice no deja de proponer experiencias de cuidado que nos alientan y nos hace ver que sí es posible ejercer un verdadero cuidado de nuestra realidad.
  • En el capítulo segundo, “El Evangelio de la creación” (LS 64, 70 y 78), Francisco introduce varias claves importantes; un cuidado que se arraiga en la fe, un cuidado que vincula naturaleza, fraternidad y justicia y que además es encargo específico de Dios.
  • En el capítulo tercero, en el que se aborda “La raíz humana de la crisis ecológica” (LS 109, 116 y 126), el papa significa que, en el estilo de vida actual, el cuidado es concebido como cosa de débiles. En lo pequeño radica el germen que puede poner el sistema actual en cuestión.
  • En el capítulo cuarto, “una ecología integral” (LS 143 Y 144), puede contemplarse el tema del cuidado a la luz de otras realidades tales como la cultura, y con la flexibilidad y el dinamismo suficiente para ser respuesta actual en una propuesta integral.
  • En el quinto capítulo, dedicado a “Algunas líneas de orientación y acción” (LS 169, 170, 179, 194 y 201), podemos ver cómo en la gran propuesta de diálogo que incorpora este capítulo aparece el cuidado como un matiz fundamental para establecer las relaciones tanto con las personas como con el medio ambiente.
  • El capítulo sexto, “Educación y espiritualidad ecológica” (LS 208, 210, 211, 213, 214, 216, 220, 225, 228, 229, 231 y 237), es el que tiene más números que se refieren la realidad del cuidado: la autotranscendencia que está en la base de todo cuidado; el papel de la familia, de las personas que se dedican a la educación; la incorporación de esta cuestión en los procesos formativos de los futuros sacerdotes y religiosas/os; y una espiritualidad y cultura del cuidado que sostienen la realidad desde otros parámetros muy distintos a los actuales.
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Muchas son las claves que se aportan en este magnífico documento de Francisco y muchas las aproximaciones, pero queremos centrarnos especialmente en el cuidado. No nos parece casual que todo el documento esté atravesado por él, ni que en el capítulo final lo encontremos reflejado tantas veces. En nuestra opinión ocupa en toda la encíclica un lugar fundamental y discreto a la vez.

¿No es algo así el cuidado, fundamental y discreto?

Para comprender a fondo la cuestión ecológica, debemos incorporar el cuidado como un aspecto fundamental de la misma. No en vano, el subtítulo de la encíclica aclara su contenido: “Sobre el cuidado de la casa común”.

Cuidar la casa común es la encomienda fundamental. Una invitación a hacer las cosas con cuidado, con mimo. Una invitación a tomar conciencia de la contribución de lo pequeño para que lo grande mejore.

El cuidado de toda la persona, de todas las personas (siguiendo la idea de Pablo VI en Populorum Progresio, que Francisco también hace suya en Evangelii Gaudium), no solo de una parte de la persona, o de algunas personas. ¿Qué cuidado bridamos a quienes más sufren, a los miles de millones de personas que viven sumidas en la miseria?

Las convicciones de la fe ofrecen a los cristianos, y en parte también a otros creyentes, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles (LS 64)

El cuidado, gestándose en lo cotidiano, en lo pequeño, nos saca de lo local, nos lanza a lo global, a la casa común. El cuidado está diseñado genéticamente con vocación de integralidad.

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Cuando Francisco habla de que la autotranscendencia es la raíz, la base del cuidado, creo que se está refiriendo a esta vocación de salir de sí, de abandonar nuestra zona de confort.

En nuestra cultura occidental, al menos, se ha adjudicado a las mujeres las tareas y las profesiones de cuidados, y pienso que, en este momento histórico, la llamada que recibimos es a superar estas cuestiones culturales para que todos podamos asumir el cuidado de la naturaleza y de las demás personas como un ejercicio responsable de nuestro ser en plenitud. Una invitación a superar roles y estereotipos que nos impiden cultivar todas nuestras potencialidades.

Otro elemento importante es que el cuidado supera la dimensión estrictamente personal para adquirir un carácter más estructural:

…en este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad (LS 231)

Y esto que la encíclica expresa tan bien, de modos similares se ve también en la sociedad. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha un proyecto denominado “Madrid ciudad de los cuidados”, cuyas dos primeras experiencias tienen que ver con la prevención de la soledad no deseada o la gestión de situaciones de duelo de forma comunitaria y vecinal, por medio de lo que denomina comunidades compasivas. O también, esta mañana leía en twitter cómo Yayo Herrero, reconocida ecologista, reclama políticas de cuidado, frente a las políticas del mercado. Cuando diferentes agentes, de diferente tipo, se encuentran en un mismo planteamiento, están indicando en primer lugar que sí son posibles los espacios de diálogo y encuentro en pro de una realidad mejor y, por otro lado, que la suma de sinergias en una misma dirección tiene más probabilidades de éxito.

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Y es que la lógica del cuidado se mueve desde otros parámetros totalmente distintos a aquéllos en los que se mueven las lógicas de los mercados, las lógicas de las riquezas, las lógicas del consumo sin sentido, las lógicas del individualismo, las lógicas de la “posverdad” o de la de sociedad del cansancio. La lógica del cuidado habla de entrega, de atención, de honestidad, de generosidad, de firmeza y ternura a un tiempo. Y esta lógica empasta perfectamente con la conversión ecológica que el papa reclama en Laudato Si.

Ecología y cuidado “están conectadas”, pues todo está conectado, y van transitando de la mano por un mismo camino, que es la atención centrada en nuestra casa común para reparar todos sus males y dolencias, que no son otros que los que acontecen a muchas de las personas que la habitan y en muchos de los espacios en los que habitan y habitamos.

El cuidado es, por tanto, un requisito básico en una propuesta ecológica integral que busca una realidad mejor para todas las personas.

Imagen principal tomada de http://www.colegioyapeyu.edu.ar/wp-content/uploads/2017/06/Dia-Mundial-del-Medio-Ambiente.png
Imagen secundaria tomada de http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2016/09/692d5019.jpg

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