Celebrar eclesialmente el Día de la Tierra (22 de abril)

Miguel Ángel García.

El próximo día 22 de abril de 2018 se celebra, a nivel mundial, el Día de la Tierra, celebración que viene teniendo lugar desde el año 1970, y que ha sido asumida por Naciones Unidas bajo la denominación de “Día Internacional de la Madre Tierra” en la resolución 63/278. Creo que la lectura del preámbulo de dicha resolución, que recoge una serie de “reconocimientos” que dan lugar a la celebración internacional del Día, nos resultará bastante familiar, por su profunda sintonía con la ecología que nos propone el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’:

Reconociendo que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar, y convencida de que para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra,

Reconociendo también que Madre Tierra es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos, …

Si leemos el inicio de la encíclica, veremos que comienza con la alusión a la “hermana nuestra madre Tierra” del Cántico de las Criaturas de san Francisco. La inspirada introducción de la palabra “hermana” tiene un profundo calado, y centra adecuadamente esa maternidad de la Tierra proclamada por Naciones Unidas: sin duda que la Tierra es nuestra madre desde el momento en que nos proporciona la base de nuestra vida y los medios para mantenerla, y nos acoge en su seno para desarrollarla, pero es a la vez una “criatura” vulnerable, necesitada, a la que hemos de aprender a respetar y cuidar. La Tierra no aparece así, por tanto, como una “diosa madre”, sino como una criatura hermana con la que estamos profundamente relacionados. Con todo, la sintonía que se percibe entre el planteamiento de Naciones Unidas y el de la encíclica hace que, para nosotros, tenga pleno sentido incorporarnos, como Iglesia, a la celebración del Día de la Tierra, que este año, además, coincide en domingo.

Otro elemento importante que conviene destacar para esa celebración es el objetivo planteado por la organización del Día de la Tierra para este año: un mundo sin contaminación por plásticos. Se trata de un asunto muy serio, dado lo que, poco a poco vamos conociendo sobre los efectos del plástico en el planeta: su larga vida media facilita su acumulación en diversas zonas del mismo, con los riesgos de contaminación física y química que ello conlleva, y su desintegración en partículas de pequeño tamaño hace que llegue a estar presente en el pescado que comemos, en el agua que bebemos y hasta en el aire que respiramos.

Por todo ello, en la Comisión Diocesana de Ecología Integral de la Archidiócesis de Madrid, en la que desde Cristianismo y Ecología estamos presentes, se planteó la posibilidad de ofrecer un material que pudiera promover la celebración eclesial de ese día, enriqueciéndolo desde la óptica cristiana del cuidado y responsabilidad por la casa común, de su presencia en la tradición católica y desde la apertura orante a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, incluyendo además una parte práctica en torno al uso de los plásticos y al compromiso que cada podríamos asumir de cara a su reducción.

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Además, el texto del evangelio del día 22 de abril, del Buen Pastor (Jn 10, 11-18) nos proporciona un buen contra-ejemplo de la actitud y la cultura del descarte, tan propia de nuestro mundo, y muy directamente relacionada con la práctica del usar y tirar que caracteriza nuestra relación con los plásticos, en muchos casos en forma de objetos de un solo uso.

Con todo ello en mente, hemos elaborado un guión modular que pueda servir para la celebración, en diversos formatos, del Día de la Tierra en las diversas instituciones de la Iglesia. Diferentes combinaciones (y adaptaciones) de los módulos podrán dar respuesta a distintos estilos de celebración o conmemoración en los diferentes ámbitos de nuestra Iglesia: vigilias de oración, talleres de concienciación / reflexión / acción, eucaristías del día 22… A la vez, se convierte en una fuente de consulta y oración particular de todos aquellos fieles, y personas de buena voluntad, que quieren ser parte del movimiento global de cuiadao de la creación.

Ojalá que pueda ser un medio para acoger significativamente la Palabra de Dios en nuestras vidas y mejorar nuestra conciencia del problema medioambiental, nuestro compromiso con el cuidado de la casa común y nuestra presencia en el esfuerzo conjunto por la defensa de “la hermana nuestra madre Tierra”.

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