Dos tipos de teología política

Hay, en mi opinión, dos tipos de teología política, que podemos llamar postura radical y postura dialogal. Esto afecta, por supuesto, al modo en el que los creyentes cristianos estamos presentes en la vida pública, pero creo que su estructura de fondo sirve también para otras aproximaciones.

“Dicho en cristiano”, la primera visión busca crear un mundo nuevo mientras que la segunda pretende mejorar el mundo. Parece lo mismo, pero no lo es. Crear un mundo nuevo habla de una transformación radical, mientras que mejorar el mundo supone considerarlo como relativamente bueno y, eso sí, mejorable. En un caso, la realidad que vivimos es aceptable, mientras que en el otro caso es, literalmente, inaceptable.

love-revolutionComo digo, no se trata solo de discursos y prácticas en el ámbito cristiano, sino también en el terreno secular. En términos de la izquierda clásica, estaríamos ante las propuestas revolucionaria y reformista. Si piensas que hay que crear un mundo nuevo, optas por la revolución; si piensas que debemos mejorar el mundo, el planteamiento es de evolución.  Hace unos pocos meses, el politólogo Víctor Lapuente criticaba “el retorno de los chamanes”, en un libro construido en torno a la oposición entre la figura del chamán  y la de la exploradora. El chamán cree en las grandes ideas, en los conceptos abstractos, en el Estado. Las exploradoras son pragmáticas y piensan que el cambio social es siempre incremental; por ello, buscan consensos, apuestan por la solución ‘menos mala’, limitan el poder de la política a su ámbito específico y confían en la sociedad civil (autónoma, no autómata), parten de la realidad concreta.

Volviendo a la teología judeo-cristiana, el estilo profético domina el primer caso, mientras que el talante sapiencial expresa el segundo. Es claro que unos tienden a la teocracia (en realidad, crear un mundo nuevo solo lo puede hacer Dios) y los otros suelen acabar en la tecnocracia (para lograr mejoras concretas, ¡qué mejor que la técnica!). Por supuesto, en ambos casos hay riesgos: el fundamentalismo por un lado, el relativismo por otro.

Esquemas semejantes los podemos encontrar tanto en el mundo religioso (los ejemplos actuales en el islam y en el hinduismo son claros) como en las tradiciones políticas laicas. Por ejemplo, dentro de la izquierda, el movimiento anarquista siempre ha imaginado un mundo nuevo (“formar la nueva sociedad en la cáscara de la antigua”, fue el eslogan del sindicato Industrial Workers of the World hace cien años), mientras que la socialdemocracia ha intentado mejorar el mundo existente. Entre Los Verdes alemanes, las diferencias entre fundis y realos, hace ya algunas décadas, apuntaban en la misma dirección.

Aunque el movimiento altermundialista es pujante (“otro mundo es posible“), la mayoría de las propuestas políticas se alejan de la postura que he llamado radical (mucho más en campaña electoral). Las cuatro opciones mayoritarias de cara al 26J se sitúan en la perspectiva de intentar mejorar lo que hay. Así, los lemas electorales dicen: seguir avanzando, un sí por el cambio, un programa para cambiar nuestro país y soluciones para cambiar España a mejor.

El ejemplo histórico más claro es la Democracia Cristiana, una apuesta por intentar mejorar el mundo (no entro ahora en su éxito o fracaso al respecto; nos basta el intento). De entre las propuestas de raíz cristiana que, hoy día, pretenden crear un mundo nuevo, tendríamos a Solidaridad y Autogestión Internacionalista (Sain) y al Partido Por un Mundo Más Justo (PUM+J). Pero, curiosamente, la decisión de este último de sumarse a la coalición Unidos Podemos (su secretario general, Miguel Ángel Vázquez, va en el número 13 de la lista al Congreso en Madrid) ha supuesto una escisión o, al menos, el abandono de la militancia de personas tan relevantes como su fundador o el anterior secretario general. Creo que es una muestra más de la polaridad que estoy señalando.

Termino ya. Pero no quiero quedarme en esta parte descriptiva y genérica. Quiero también decir que, en mi opinión, estas dos aproximaciones no se oponen del todo. Y que es posible desarrollar una teología política “radicalmente dialogal” que sea, al mismo tiempo, “dialogalmente radical”.


Si alguna persona está interesada en estas cuestiones, puede leer los artículos que (con otro enfoque, sobre “política teológica”) está escribiendo Juan Antonio Senent en este mismo blog. También yo escribí otro post hace algunos meses. Y, en un plano un poco más teórico, puede leerse la aportación de Gonzalo Villagrán sobre la teología pública norteamericana, al tiempo que la propuesta de este bloguero sobre la teología radical anglosajona: desarrollan los dos tipos de teología política que indico en este post.

2 Comentarios

  1. “Seguir avanzando” y “mejorar el mundo” (¿avanzando hacia dónde?, ¿mejorar el mundo de mis próximos o el de mi prójimo?). ¿Con mayoría absoluta has actuado dialogalmente o radicalmente? Instuyo que Bergoglio lo tiene más claro que la Iglesia española (y que la Compañía de Jesús por estos lares).

  2. SENCILLAMENTE BRILLANTE ESTE POST. Gracias Dani¡¡ Soñemos con desarrollar esa teología política dialogalmente radical y radicalmente dialogal

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here