Historias de dos ciudades

Hay dos tipos de ciudades muy diferentes según su integración urbana.

La ciudad típica del primer mundo forma un continuo urbano: zonas más pobres y más ricas, mejor o peor de servicios públicos, pero no dos ciudades una junto a la otra. Los barrios de chabolas son raros, y suelen estar ligados a algunas formas de ilegalidad, sea administrativa, sea relacionada con la droga…
Las grandes ciudades del Sur son algo enteramente distinto. En Caracas, la gente habla de “la ciudad” y “los barrios” (que son siempre los barrios pobres), como dos hábitats diversos, yuxtapuestos en el espacio. En “la ciudad” primero se construye la vivienda, alguien la compra o la alquila, y pasa a vivir en ella. En el “barrio” es al revés: los moradores van construyendo la vivienda conforme tienen necesidad y recursos, añadiendo una habitación, un segundo piso… mientras habitan en la casa. No se construye primero y se habita después, sino que es un proceso orgánico: se construye desde dentro.

Esos “barrios”, en que vive más de la mitad de las personas en el área metropolitana de Caracas, no responden a ninguna planificación urbanística: son a menudo el resultado de la evolución de invasiones de tierras. La planificación urbana tiene que abrirse paso por los espacios que no han sido ocupados ya por casas. Ello implica una precariedad grande de los servicios públicos, a menudo empezando por las vías de acceso si la orografía no ayuda. La vida cotidiana se hace difícil: el viaje de casa al trabajo, el acceso al agua o los alimentos, la protección de la seguridad física por la policía, o la provisión de servicios de salud por los hospitales.
Esta “segunda ciudad” del Sur sufre una precariedad jurídica importante, precisamente porque el terreno para la vivienda con frecuencia no se compra sino que se invade. La propiedad sobre él, y eventualmente sobre lo que se construya encima, permanecerá insegura hasta que el Estado la regularice. El Estado suele tardar décadas en hacerlo, para no estimular invasiones adicionales, no solo del campo a la ciudad sino también de los jóvenes de los nuevos “barrios” para establecer su hogar.

Aunque el proyecto vital de los migrantes, y también de los jóvenes que nacen y crecen en los “barrios”, consiste en salir de ellos e incorporarse a “la ciudad”, pocos lo consiguen. No hay para ellos trabajo en la economía moderna suficiente como para poder disfrutar de vivienda y urbanismo también modernos. La informalidad masiva en trabajos de baja productividad, se traduce en informalidad en la vivienda. Lo que eran barrios temporales para acoger a la población que hacía el éxodo del campo a la ciudad, se han vuelto lugares de habitación permanente, donde una generación sucede a otra. La entrada de la droga en muchos de esos barrios ha establecido un nuevo modelo de éxito (dinero, moto, novia, pistola…) para los jóvenes que sienten que tienen poca oportunidad en “la ciudad” que está junto a su barrio, del otro lado de la calle.

El crecimiento del mundo va a ser masivamente urbano en las próximas décadas. Va a ocurrir en las ciudades del Sur, donde crece la población, no en Europa o USA, donde apenas lo hace. Y está ocurriendo mucho más en “los barrios” informales que en las respectivas “ciudades” formales. En ese sentido, las ciudades europeas poseen unos grados de integración grandes, que nos hacen privilegiados. Mantenerlos, evitar que nuestras ciudades dejen de ser “una” y se vuelvan “varias”, resulta de primera importancia. Para ello, debemos aprender de la conexión entre vivienda y trabajo que vemos en las grandes ciudades del Tercer Mundo: más pronto que tarde, la informalidad, la precariedad y la temporalidad en el trabajo acabarán rompiendo nuestras ciudades.

También es importante entender que nuestras ideas están pensadas desde un mundo que no es el de las mayorías de los habitantes de las ciudades. Damos por supuestas muchas cosas que en el Sur no pueden suponerse. Como en una metáfora del gran asunto que debe ocuparnos a todos a nivel global, su principal problema es volver una, la historia de dos ciudades.


Imagen: laciudadviva.org/blogs/wp-content/uploads/2011/04/caracas-slum1_0.jpg

Compartir
Raúl González Fabre
Soy un hermano jesuita, profesor de la Universidad Comillas en el área de Ética y Economía. Me interesa especialmente la zona de contacto entre Microeconomía y Ética. Cuando el tiempo me lo permite, hago simulaciones informáticas en ese terreno. En temas relacionados he trabajado en Venezuela y en Estados Unidos. Además, siempre me ha preocupado la situación de quienes se ven forzados a padecer situaciones inhumanas como la guerra o diversas formas de esclavitud. En esos campos he trabajado con el Servicio Jesuita a Refugiados en Venezuela, Zambia y Roma. En este momento soy el director de entreParéntesis, y también el webmaster, así que si escribes al icono para ello, me llega a mí.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here