¿Dónde queda la libertad? Crónica del Foro Arrupe de mayo 2015

En el  mes de mayo, el Foro Arrupe contó con la presencia del Dr. Francisco José Rubia, neurólogo y catedrático emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid; miembro numerario de la Real Academia Nacional de Medicina (sillón nº 2) y Vicepresidente de la Academia Europea de Ciencias y Artes, quien habló sobre Neurociencia y ética, y ayudó a reflexionar sobre la cuestión de la libertad y si queda espacio para ella.

Inició su exposición partiendo de la premisa de que la libertad, así como la consciencia, el yo o la voluntad, son constructos humanos que no entran dentro del campo de estudio de la Ciencia. Constructos que, sin lugar a dudas, han ayudado al ser humano a sobrevivir, pero que no son demostrables. Son solo “el espejismo de la libre elección”. Lo que los estudios demuestran es que antes de que la persona vaya a tomar una decisión, ya el cerebro se ha activado. Sin embargo, como esta actividad permanece al margen de la consciencia, la persona no sabe de dónde procede y lo atribuye a la libertad, al yo o a algún ente metafísico, creyendo así que actúa libremente. El Dr. Rubia recordó que esto no es nada nuevo, sino que ya hace 3500 años, los vedas escribían en sus textos sagrados que el yo era “maya”, palabra sanscrita que significa “engaño”.

Hasta que nuevos estudios demuestren lo contrario, hemos de quedarnos con lo que la Ciencia alcanza a conocer y es que, hoy día, el resultado de una decisión puede codificarse en actividad cerebral de la corteza prefrontal y parietal hasta 7 segundos antes de hacerse consciente, es decir, que somos capaces de conocer lo que la persona va a decidir antes de que lo decida, mediante técnicas de imagen cerebral, lo cual indica que, en el fondo, pensamos que somos libres, pero realmente no lo somos.

Ya en el siglo XVII, filósofos como Spinoza afirmaban que “los hombres se equivocan si se creen libres, su opinión está hecha de la consciencia de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que las determinan. Su idea de libertad, por tanto, es simplemente su ignorancia de las causas de sus acciones”.

La Ciencia es, por tanto, determinista a este respecto, ya que es muy posible que la libertad no sea más que una ficción cerebral,  y está en la línea de lo que afirmaba Marvin Minsky: “Nadie se alegra pensando que dependemos de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la volición, la voluntad, o el autocontrol… Quizá sería más honesto decir: mis decisiones estuvieron determinadas por fuerzas internas que no comprendo”.

Se trata de un tema muy controvertido con aplicaciones muy delicadas ya que, si realmente no existe la libertad, entonces tampoco existiría la responsabilidad, la culpa o el pecado. Esto llevaría a plantearse, según opinan algunos, por ejemplo, si es necesario revisar el Código Penal, ya que actualmente está basado en la culpa. Para otros, sin embargo, aunque no existiera la libertad, habría que actuar como si existiese, pues no sería beneficioso para nadie defender que no somos responsables de nuestros actos.

Por tanto, el profesor Rubia concluía con el filósofo Vaihinger en su libro “La filosofía del como si”, que, aunque el libre albedrío sea una ficción, es una ficción necesaria.

En definitiva, una sesión de diálogo apasionante que muestra bien lo que el Foro Arrupe pretende. Suscitar diálogos en la frontera, deliberar en común, no rehuir cuestiones complejas… y seguir apostando por la humanidad, el humanismo, la humanización.

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