Juventud ¿divino tesoro?

Foto tomada de: https://www.sitiosargentina.com.ar/sos-joven-buscas-trabajo-mira/

No sé si Rubén Darío volvería a afirmar eso de “divino tesoro” asociado a la juventud en el contexto actual, viendo la situación de quienes se encuentran en esta etapa de sus vidas.

Lo digo porque mirando la realidad que les ha tocado vivir, no lo tienen nada fácil. Si estudian, tienen que sufrir los embates de las leyes educativas que cambian en cada legislatura, sin que ninguna reduzca el fracaso escolar.

Si a pesar de ello consiguen llegar a la Universidad, se verán abocados a hipotecarse para poder terminar la carrera, el proyecto y el máster.

Una vez obtenido el ansiado título, viene el siguiente obstáculo: conseguir un empleo.

Acceder al mercado laboral les puede llevar dos años o más, y cuando al final lo logran, ocupan un puesto que exige menos preparación de la que tienen, temporal (por obra o servicio determinado), en el sector servicios (hostelería y comercio, principalmente) y cobrando menos de 1000€.

Pero esta trayectoria no es lineal, sino que se ve interrumpida constantemente por las continuas entradas y salidas del mercado, que va del empleo al subempleo, de la economía formal a la informal, del paro a la precariedad.

Y esto en el mejor de los casos, pues si te quedaste en el punto antes de la Universidad, puedes ser etiquetado como un NiNi, que ni estudia ni trabaja, excluido del ámbito escolar y laboral; o un SiSi, sí estudia y sí trabaja, incluido en ambos ámbitos, sometido a sus normas, estresado y sin casi vida personal ni social.

A nuestra juventud se la ha instalado en la precariedad, se les ha hecho ver como normal esta situación: normal que no puedan emanciparse, ni poder programar su futuro, y que tengan que permanecer en el hogar familiar hasta los 30 años o emigrar.

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Tendríamos que preguntarnos si no tenemos algo de culpa en la situación que viven. Si al aceptar, nosotros y nosotras, determinadas condiciones laborales por miedo, comodidad o dejadez, no hemos empeorado la de generaciones futuras.

Aunque la causa que ha provocado todo este caos es el sistema económico, no podemos obviar nuestra responsabilidad y debemos pensar hasta dónde hemos colaborado, por acción u omisión, a que el sentido humano del trabajo se desvirtúe, quitándonos la dignidad y la posibilidad de crear.

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