Distopías digitales

Distopías digitales
Distopías digitales

Desde siempre hemos escuchado la expresión ‘la realidad supera a la ficción’. Es una forma de decir que por muy enrevesada que pueda ser una situación irreal o imaginable, el mundo real siempre nos ofrece ejemplos de situaciones que superan a estas ficciones en absurdidad, peligro o incongruencia. Pero cuando afrontamos el caso de las distopías, y más concretamente las distopías digitales, ¿realmente son estas superables por la realidad?

Qué es una distopía

Según la RAE, una distopía es una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana. Es decir, se trata de sociedades imaginadas que se caracterizan por su negativa repercusión en el género humano.

Si nos vamos ahora a la definición de Wikipedia, nos encontramos con lo siguiente: Una distopía o antiutopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Esta sociedad distópica suele ser introducida mediante una novela, ensayo, cómic, serie televisiva, videojuego o película. Como podemos ver, Wikipedia introduce una valoración subjetiva al añadir que una distopía ya de por sí es indeseable. Además, señala como fuente de introducción o presentación de estas sociedades ficticias algún tipo de obra creativa. De hecho, seguro que todos conocemos algunos de estos ejemplos de distopías:

  • Libros: Un mundo feliz, 1984, Fahrenheit 451
  • Películas: Matrix, Mad Max, La carretera, El libro de Eli
  • Series: The Walking Dead, The Leftovers, The Handmaid’s Tale

Lo digital no es un mundo irreal

Son muchos los que piensan que el mundo digital no es más que otro plano en el que la sociedad actual desarrolla una serie de actividades paralelas a las que lleva en el mundo físico. Sin embargo, esta visión es errónea: cada vez más, los seres humanos realizamos multitud de transacciones en el espectro digital, ya sean estas comerciales, laborales o relacionales/sentimentales.

La sociedad ha encontrado en el mundo digital un espacio en el que poder recombinarse una y otra vez, dando así lugar a un sinfín de nuevas comunidades en las que los seres humanos se agrupan en función de sus gustos o afinidades. En dichas comunidades, las personas establecen una serie de relaciones que son reales y tienen consecuencias. Nos encontramos así grupos de Facebook, grupos de Whatsapp, asociaciones gastronómicas, amigos del tití león dorado, etc. En todas estas comunidades hay vida, y vida real.

Pero, ¿qué ocurre cuando estas comunidades se transforman en o se utilizan como herramientas de opresión y abuso?

Distopías digitales

Al igual que en el mundo físico, el ser humano también es capaz de hacer un uso fraudulento del espacio digital, y para el caso de las comunidades que venimos comentando, también estas pueden ser utilizadas para sacar provecho propio a expensas del otro. Veremos un caso que posiblemente nos resulte de los más dramáticos.

Se trata del grupo que unos compañeros de clase de instituto crean en alguna red social el cual utilizan para quedar, pasarse música o incluso apuntes. De pronto, un día, uno de ellos comienza a atacar a uno de sus compañeros, pero de una forma tan sutil que la mayoría del resto le imitan. La víctima no solo tiene que aguantar los insultos y las amenazas durante el tiempo que está en el instituto, sino que al volver a casa y conectarse a Internet, vuelve a experimentar toda esa violencia hacia él. Y aquí vamos a parar; no considero necesario seguir ya que todos podemos imaginar cómo continuaría esa historia.

Sirva este ejemplo para escenificar cómo para el chico que es víctima, Internet, o tal vez no todo sino esa comunidad a la que pertenece y sus prolongaciones más directas, se ha convertido en un medio hostil, en esa sociedad de características negativas e indeseable en sí misma, que es la causante de su alienación.

Coda final

Me valgo de todo lo anterior para incidir en que tal vez deberíamos quitar ese calificativo de ‘ficticia’ que acompaña a la definición de distopía, y cambiarla por algo como ‘con posibilidades de ser real’. O tal vez debamos encontrar un término para esos casos en los que la realidad supera con creces a la ficción.

Existen distopías digitales que por el hecho de estar aconteciendo en el espacio digital eso no las hace ficticias. Como decíamos más arriba, en Internet hay vida, y hay vida real. Pongamos de nuestra parte para que ese mundo que ocupa progresivamente más espacio en nuestras ‘vidas reales’ no replique los errores del mundo físico y represente una oportunidad para que las utopías, las deseables, tengan posibilidad de aflorar.

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