Disquisiciones sobre el “Efecto Flynn”

El Efecto Flynn es la comprobada subida media del coeficiente intelectual (CI) de las poblaciones de países de diferentes culturas a lo largo del siglo XX. Una versión simplificada está disponible en un conocido artículo de la revista Mente y Cerebro (2008). El fenómeno ha sido objeto de discusiones académicas en estos últimos años.

J. R. Flynn analiza las variaciones de resultados en las 10 subescalas del conocido test WISC, que viene siendo usado como forma estándar de medir la inteligencia media desde 1947. Llega a cuatro conclusiones que presenta en forma de paradojas y que emplearé como base para mis disquisiciones finales (los textos en cursiva proceden del artículo).

  • Paradoja del análisis factorial. Los patrones de incremento del CI, comparando las 10 subescalas, son caóticos. Ello no es debido solo a que la inteligencia es una pero no unitaria (como ha demostrado H. Gardner) sino a que el escenario social, lejos de modificarse de forma constante, cambia sus prioridades culturales y patrones dominantes de forma no lineal. Esto determina que existan habilidades cognitivas que ganan importancia respecto a otras debido a factores cognitivos no conceptuales como, por ejemplo, el interés ambiental.

“En un momento dado, el análisis factorial podría reflejar que la carrera de velocidad y el salto de altura tienen pesos similares y elevados… Pero, con el tiempo, los jóvenes pueden encontrar la carrera de velocidad romántica y el salto de altura aburrido. El rendimiento de la primera prueba aumentará y el de la segunda se mantendrá estacionario.”

  • La paradoja de la inteligencia. Curiosamente, los incrementos en las subescalas que son más relevantes para las asignaturas que se enseñan en la escuela son pequeños, mientras que los acaecidos en subtests que tienen que ver con la lógica pura (los de Semejanza y de Raven) son muy superiores. Esto corrobora tanto que la inteligencia es un conjunto cambiante de habilidades distintas y que existen campos de actividad intelectual compleja e interrelacionada (e.g. la lectura comprensiva, la resolución de problemas, la construcción de mecanismos, los juegos de estrategia, etc) que requieren entrenamientos específicos que van más allá del dominio de las habilidades puntuales que les son necesarias (respectivamente: vocabulario, capacidad de efectuar ciertas operaciones, manejo de las máquinas simples, conocimiento de las reglas, etc).

“Consideremos el siguiente problema: ‘Si cuatro juguetes cuestan seis euros, ¿cuánto cuestan siete?’ Muchos chicos capaces de hacer el cálculo directamente en el papel no saben determinar las dos operaciones necesarias para realizarlo: que primero hay que dividir y luego multiplicar. Otros no pueden hacer mentalmente una aritmética que incluya fracciones.”

  • Paradoja del retraso mental. Ningún niño actual deja en evidencia a sus abuelos si dialogan sobre algo que no sea distintivo de una de las dos generaciones. La inteligencia real está ligada a la realidad del día a día – o, dicho al contrario, el retraso cognitivo real sería la incapacidad para manejarse en la vida cotidiana de un determinado lugar en un cierto momento -. En definitiva, no somos más inteligentes aunque se haya incrementado el CI medio. Este dato está corroborado por los resultados más o menos constantes que se han obtenido al aplicar las llamadas Escalas de Vineland (ver tabla inferior) de comportamiento adaptativo o madurez social en etapas de incremento rápido del IQ.

“El rendimiento de los niños de hoy (de edades entre los 7 y 18 años en 2008) se comparó con el de un grupo de niños al azar que participaron en unos test de 1984. No aparecieron incrementos en los subtest de Comunicación y Socialización. En realidad habían perdido terreno en un subtest de Habilidades para la Vida Diaria (contenía entradas obsoletas, como ‘coser o subir dobladillos’).”

  • La paradoja de los genes y los factores ambientales. Suponiendo una genética similar, es el entorno el que proporciona los mecanismos favorables / desfavorables para que se retroalimenten las posibilidades personales y se produzca un avance / estancamiento neto. Este entorno actúa de dos maneras: cuando las condiciones personales son favorables, proporcionando elementos ambientales que aumentan la motivación y el deseo de continuar (e.g. a través de unos mejores resultados, una mayor exigencia, el acceso a programas opcionales de alto nivel, etc.); y, por otro lado, cuando las necesidades sociales cambian, favoreciendo ciertos itinerarios formativos y temas específicos, e incentivando a los estudiantes a participar en ellos (e.g. mediante mejores recompensas, expectativas más elevadas, un status diferente, etc.). El resultado combinado de ambos elementos es que ciertas habilidades cognitivas pueden aumentar enormemente en una generación o poco más.

“El hecho que no nos hayamos hecho más inteligentes desde 1900 no implica que los asombrosos incrementos de CI en el trascurso del tiempo sean triviales. Podemos usar la abstracción, la lógica y las hipótesis para abordar los problemas formales que surgen cuando la ciencia libera el pensamiento de situaciones concretas. Desde 1950 hemos desarrollado más ingenio para resolver problemas sobre la marcha trascendiendo las reglas aprendidas de antemano.”

J. R. Flynn concluye su artículo preguntándose qué sucederá en el futuro. Y apunta dos detalles nada desdeñables: (1) el aumento medio del CI no ha vacunado a la gente contra la credulidad, puesto que categorías y análisis abstractos pueden usarse para defender sinrazones, y (2) aunque el lenguaje de la gente educada se ha enriquecido con vocablos abstractos de diferentes disciplinas (e.g. mercado, selección natural, grupo de control, placebo, etc.), la hiperespecialización no está permitiendo un aumento general del CI medio en todos los campos.

Es en este punto donde quisiera añadir algunas disquisiciones al hilo de la revolución digital que J. R. Flynn no ha estudiado. Las dejo como motivo de reflexión y diálogo.

  • Me parece evidente que en el mundo actual y en el futuro próximo que se avecina, las habilidades cognitivas relacionadas con el mundo digital van a verse incrementadas o reforzadas en detrimento de otras habilidades tradicionalmente consideradas como indicativas de inteligencia (e.g. la capacidad de cálculo, la habilidad para memorizar datos y relacionarlos, etc.). Nos merezca el hecho una consideración mejor o peor, lo cierto es que la omnipresencia de los medios de información y tratamiento de la misma digitales tiene un efecto similar al que supuso la mecanización de la escritura y la tipografía respecto del cultivo de la caligrafía y el pendolismo.
  • En un entorno así dominado, se hace imprescindible repensar las formas de enseñanza de las habilidades cognitivas complejas, en particular de la lectura comprensiva, de la resolución de problemas, del razonamiento lógico complejo (teórico o aplicado) y de las estrategias de abordaje de juegos y retos. Dadas las posibilidades de trabajo al alcance de los estudiantes y docentes (infinitamente mayores y más complejas que las existentes en la era Gutenberg) los métodos individuales, muy estructurados y centrados en el contenido concreto de una determinada disciplina se me antojan de nivel simplemente preparatorio. Hay que abrirse a formas de entrenamiento basadas en retos-simulaciones de dificultad creciente, interdisciplinares y trabajados-explicados colaborativamente.
  • Aunque la realidad del día a día es crecientemente digital y exige, por consiguiente, una creciente actualización cognitiva, no podemos olvidar que la realidad humana no digital es mucho más rica y compleja. Podemos aumentar exponencialmente la inteligencia digital en individuos incapaces de convivir entre iguales porque son socialmente inmaduros e interiormente paupérrimos. Los expertos están advirtiendo desde hace tiempo de la necesidad de primar las actividades de interiorización, motoras, comunicativas, relacionales y cotidianas (domésticas).
  • Por último, conviene pensar si no se están forzando excesivamente las necesidades sociales digitales. Dicho de otra forma: al entronizar el avance tecnológico (y sus innegables logros), ¿no nos estamos dejando aspectos sustanciales del ser humano por desarrollar? ¿No hay síntomas evidentes de que la velocidad de cambio no está siendo soportable para una franja creciente de la población? ¿No se está transmitiendo cierta idea de que fuera de la permanente conexión no existe vida actual (saludable)?… No me extiendo más.

Concluyo. Del mismo modo que J. R. Flynn emplea el equívoco concepto de CI para analizar algunos aspectos relevantes de lo que la inteligencia es, me permito humildemente sugerir que hagamos otro tanto con la manida revolución digital y sus reglas. Pues coincido con el profesor neocelandés en que en la sociedad que se nos ha echado encima “la capacidad de pensar sobre la marcha adquiere mayor interés social que el simple acatamiento de las reglas”, sean estas las que sean.

 

Imagen de cabecera: www.pixabay.com

Imagen embebida: www.pearsonclinical.com

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