Discapacidad y empleo

Ayer estuve en Sevilla. Me tocó dictar la ponencia marco en el acto de constitución del Consejo Asesor del Foro Inserta Responsable en Andalucía. Este Foro, creado por la Fundación ONCE, el Fondo Social Europeo y el Gobierno de España, está organizado como una plataforma de trabajo en red y quiere ser un impulsor de innovación social en un área muy concreta: La que apunta al diseño y puesta en marcha de iniciativas que, en resumidas cuentas, redunden en la incorporación de personas con discapacidad a la plantilla de las empresas.

Cuando me disponía a preparar mi intervención, y estaba considerando cómo llevarla a efecto, me vino a la cabeza la finísima ironía de mi amiga, la profesora Ángela Callejón, de la universidad de Málaga, que suele espetarle al ponente de turno cuando negocian los formatos de las conferencias: “¿Tú tienes algo que decir o vas a usar un Powerpoint?”

Con un desafío tal resonando en mi cabeza, tuve que dedicar no menos que la tarde entera del domingo anterior-23 de octubre, para ser precisos- a documentarme y a ordenar un tanto mis ideas. Quería hilvanar, con cierto sistema, algunas consideraciones sobre asunto tan relevante para poder, en efecto, tener algo que decir. Como pienso que aquellas reflexiones pueden ofrecer, quizás, algún interés para otras personas -más allá de mi ilustre auditorio sevillano-, quisiera, al menos, compartirlas con los lectores de esta tribuna.

Todo arranca de una suerte de telón de fondo; de una especie de cálculo axiomático particular, que he ido descubriendo –inventando, que es lo mismo…: de invenio -vêni- ventum, de la cuarta- y haciendo mío, con el rodar de más de veinticinco años de pensamiento ininterrumpido sobre los asuntos de la empresa y la gestión; y tras el contraste de pareceres y perspectivas con empresarios y académicos de muy diversos contextos nacionales y extranjeros. No voy a poder –ni pretendo siquiera- intentar demostrar nada. Entre otras cosas, porque los axiomas son, por definición, supuestos, postulados indemostrables, a partir de los cuales emergerán en su momento los teoremas… Eso sí, siempre que demos los adecuados pasos de inferencia y no caigamos en el gato por liebre de la falacia, de los sofismas, de los intereses inconfesados e ideológicos, o de cualquier otra índole de subterfugio intelectual. Lo más que puedo hacer es declarar al menos un par de ellos, sin más rodeos.

El primero puede quedar formulado en los siguientes términos: “La empresa es una institución económica y social que, para obtener la legitimación necesaria y previa a la consecución de sus objetivos, debe buscar siempre situarse a la altura de los tiempos y anticiparse, no sólo a las demandas, sino también –y sobre todo- a las expectativas”. El segundo, reza así: “Hay una vocación empresarial, en virtud de la cual, el que la siente –el empresario, el emprendedor- se considera llamado a crear riqueza –no sólo, ni principalmente, a distribuirla- con vistas al Bien Común, a través de los resultados económicos y el desarrollo de las personas que conforman la organización”.

Los corolarios resultan inmediatos. Uno, desde el punto de vista de la empresa, deviene hipótesis que convendría contrastar: “Integrar en la plantilla a personas con discapacidadgenera valor estratégico para la empresa; constituye una verdadera oportunidad para fortalecer la dinámica organizativa, ayuda a gestionar la diversidad, supone una palanca para innovar, para ser más responsable y competitiva”.

El otro, visto desde la perspectiva de la persona con discapacidad que obtiene un empleo, patentiza la triple virtualidad de lo que el trabajo remunerado significa: Primero, es el camino más directo y digno de acceso a la renta. Esto, naturalmente, es clave para los que –como es el caso de quien suscribe- no somos ricos por casa y tenemos que vivir del sudor de nuestra frente. En segundo lugar –y siempre en paralelo con lo anterior –permite el despliegue de las capacidades de cada quien y el florecimiento y el desarrollo personal. Y en fin, facilita la integración en la dinámica social. Con ello, aporta el capital relacional que constituye una verdadera condición de posibilidad para ir más allá de lo útil y apuntar a la consecución de la felicidad, tras de la cual todos andamos.

Pocas veces me he topado con lo que en los libros denominan una Win-Win situation como cuando coordino en mi cabeza los tres conceptos: Discapacidad-empresa-empleo. Gana el trabajador, gana la empresa, gana la sociedad… Y no pierde nadie. Ergo: Es bueno, deseable y digno de ser impulsado. A ello se dedica el Foro Inserta Responsable en toda España y desde ayer, de manera más subsidiaria, en Andalucía.

3 Comentarios

  1. Cuando un empresario piensa en contratar a una persona discapacitada siempre parece más una desventaja que un beneficio. ¿Cuándo dejaremos de lado esta mentalidad primitiva? Ya va siendo hora de dejar de pensar que algunas personas valen menos que otras y que no pueden realizar el mismo trabajo.
    Parece ser que poco a poco los empresarios se van dando cuenta de que el contratar a personas discapacitadas, lejos de ser una desventaja, les aporta más beneficios que problemas, ya que la contratación de personas con discapacidad “genera valor estratégico para la empresa; constituye una verdadera oportunidad para fortalecer la dinámica organizativa, ayuda a gestionar la diversidad, supone una palanca para innovar, para ser más responsable y competitiva”.
    Es necesario mencionar que no solo se beneficia a las empresas, obviamente las personas discapacitadas también se ven recompensadas puesto que, tal como defendía el filósofo Karl Marx, el trabajo es lo que nos conforma como humanos, pues nos permite desarrollarnos como personas, además de permitir un acceso digno a la renta que todos nosotros necesitamos para sobrevivir.
    Por lo tanto, tal y como establece muy acertadamente el texto, nos encontramos ante una “Win-win situation” que pocas veces se da, puesto que los empresarios obtienen igual beneficio que los trabajadores a los que contratan.
    Parece que se va acercando el momento en el que las empresas empiezan a apuesta por el denominado marketing social que tanto beneficia a todos. Aunque no hay que fijarse simplemente en el beneficio económico y/o competitivo que la empresa obtiene ya que también existe un beneficio a nivel personal, que se consigue al darle una oportunidad a una persona que por desgracia, todavía no suele encontrarse con todas las puertas abiertas.

  2. Son muchos los directivos que creen que el objetivo de ”máximo beneficio empresarial” se refiere solamente a unas buenas cifras al cierre del ejercicio económico. No quieren perder tiempo ni dinero, por lo que prefieren no contar con personas discapacitadas entre su plantilla. Pero, ¿y si fueran ellos los discapacitados? ¿y si a pesar de su discapacidad física, estas personas alcanzasen un nuevo tipo de beneficios a los que el resto de empleados no aspira? Creo que todos merecemos una oportunidad. No elegimos nacer con o sin discapacidades, es inevitable. Entonces, si alguien nace con una discapacidad, ¿su vida ya no tiene sentido? ¿no tiene derecho a desarrollarse como persona, crecer intelectualmente, aprender a ganarse la vida y generar valor en su sociedad?
    Si los empresarios fueran algo más empáticos, cambiarían su visión sobre el asunto.
    Las personas discapacitadas pueden trabajar igual de bien (o incluso mejor) que muchos otros empleados. El problema es que no se les da la oportunidad de intentarlo y demostrarlo, guiándose muchos empresarios por el ”más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. El miedo al cambio no les deja ver las oportunidades que están perdiendo ya que, como bien dice el artículo, esta sería una ”Win-win situation” donde nadie perdería.
    Las personas discapacitadas tienen una ilusión, unas ganas de aprender y una predisposición que nos falta a muchos, aunque no se le llame ”discapacidad”. Es increíble lo que se aprende de estas personas, suponen un ejemplo de superación que aportaría gran valor en una empresa.

  3. ¿Cuántas veces se ha cuestionado el hecho de contratar a personas discapacitadas para cualquier puesto de trabajo? Probablemente, más de lo que nos gustaría.
    El hecho de carecer de alguna aptitud no hace especial o distinta a una persona, pues todos, quién más y quién menos, tenemos algo que se nos escapa. Los discapacitados son, al fin y al cabo, personas con dificultades para desempeñar determinadas tareas, pero, sin duda alguna, con extraordinario valor y capacidad de trabajo. Por eso, en un mundo que apuesta por la integración social, por la justicia y la igualdad entre los hombres, qué mejor manera de ponerlo en práctica que en el trabajo.
    En los últimos años, parece que las empresas se están concienciando de los incontables beneficios que supone contratar a estas personas. No sólo es una marca de la responsabilidad de la empresa, sino también supone diversidad y ventajas competitivas, lo cual favorece a la misma.
    No olvidemos que las empresas, como entes sociales que son, están llamadas a generar riqueza en varios aspectos: el primero, el más obvio, el económico; y el segundo, el que se tiende a olvidar, el social. Esto implica: permitir el desarrollo de cada persona, sacando lo mejor de sí mismo; contribuir al crecimiento personal y a la integración de todos y cada uno de nosotros en una sociedad global.
    El Estado también ha contribuido a la integración de los discapacitados en la empresa a través de incentivos a la contratación, bien fiscales o bien mediante bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social.
    Además, mencionar la importancia del trabajo desarrollado por diferentes fundaciones léase Fundación Prodis, Fundación Once,… cuyo objetivo es la inclusión de las personas con distintos tipos de discapacidades en el mundo laboral y, consecuentemente, en la sociedad, ejerciendo su derecho al trabajo.
    Por último, me gustaría concluir con lo que dijo Martina Navratilova: “la discapacidad es una cuestión de percepción. Si puedes hacer una sola cosa bien, eres necesitado por alguien”.

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