Digitalización e igualdad avanzan desacompasadas

Hace ahora casi un año, en este mismo blog, publicaba yo un post sobre igualdad a propósito del Día Internacional de la Mujer. Ilustraba el mismo una imagen del Foro de Davos donde se mostraba una abrumadora mayoría masculina entre los ponentes.

Desperté hace unos días leyendo en El País que el Foro de Davos de este año eran inaugurado por mujeres y que los hombres, por primera vez, quedaban fuera de la dirección de la cumbre. Erna Solberg y Chrsitine Lagarde lideraron la apertura de este encuentro anual. En el resto de ponencias los hombres fueron mayoría, como de costumbre, pero algo vamos avanzando. Ni que sea un movimiento simbólico, pero tiene su impacto.

El lento avance profesional para las mujeres

El desarrollo profesional de mujeres se frena llegada una etapa de su vida. Puede que en los primeros trabajos exista una mayor paridad tanto presencial como salarial. Pero a medida que evoluciona la carrera, parece que a las mujeres se nos va arrinconando.

Hay quien alega que el reloj biológico es uno de los principales frenos. Las mujeres tenemos la suerte de poder traer al mundo a unos hijos que, perdonen, son concebidos por un hombre y una mujer. En un artículo reciente, se indicaba que en Alemania, donde la baja maternal es de 12 meses, la productividad de las mujeres y el avance en carrera es mayor que en otros países donde el apoyo a la maternidad es más limitado.

La necesidad de armonizar vida familiar y personal se ha venido presentando como un dilema básicamente de cariz femenino. Como si los hombres no estuvieran interesados en pasar tiempo con sus hijos. Bueno, esto cambia, sí, pero sigue siendo un cambio muy lento. Parece que si quieres éxito profesional no te puedes permitir ni estar enfermo ni cuidar de tus hijos. Seguro que decisiones muy notorias como la de la primera ministra de Nueva Zelanda de tomarse 6 semanas de baja, tras el próximo nacimiento de su hijo, ayudarán a normalizar esta petición, que es también un derecho.

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La presencia de las mujeres en los puestos de dirección sigue siendo minoritaria, es evidente. Da igual la estadística que miremos. Contextualizando esta realidad y sabiendo las condiciones de la globalización actual, me pregunto cuándo cambiará esto.

¿Es la revolución digital una oportunidad para la equidad?

Pareciera que las tecnología pudieran invitar a que esta situación se invierta. Al fin y al cabo, la revolución digital requiere una menor presencialidad y eso facilita la conciliación.  Además el contacto físico es inexistente y eso puede evitar comentarios y tratos paternalistas de algunos directivos hacia las mujeres de su entorno. Apelar a la belleza de una compañera en lugar de a su inteligencia para valorar el agrado o conveniencia de su presencia en una reunión, no es un buen ejemplo. Eso no se produce en el mundo internet, o al menos, no tendría sentido. El abuso entre iguales no parece tan extendido en la red –caso aparte es con personas menos maduras, como niños o adolescentes o personas con discapacidad intelectual.

Sin embargo, el mundo internet también parece estar dominado por hombres. El motivo es ya educacional. Quienes tradicionalmente realizan estudios de base tecnológica han sido y siguen siendo mayoritariamente varones. ¿Es algo cultural o realmente la mente femenina está menos capacitada para la tecnología?

El pasado mes de julio accedí a llevar a mis hijas a un campamento de verano sobre matemáticas y tecnología dirigido exclusivamente a niñas. Los organizadores, Smartick, querían fomentar el acercamiento de las niñas a estas disciplinas. Seguramente, les sirva también para estudiar si efectivamente existen diferencias en el modo de pensar de hombres y mujeres frente a la tecnología y adaptar el resultado de este estudio a su plataforma de enseñanza.

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Estoy segura de que el resultado del estudio, si lo hacen, dirá que sí, que pensamos de manera distinta. ¿Y qué? Ahí, en esa diversidad de enfoques está la riqueza de la humanidad. Pero no puede ser una diversidad ponderada por criterios injustos. Ni de cuotas. La presencia de unos y otros debe justificarse por su valía.

Me extraña, sin embargo, que en las empresas lleguen a los Consejos de Administración más hombres que mujeres y que se justifique de esta forma, por su valía. ¿No será que los criterios de valoración penalizan la riqueza que aporta la experiencia e inteligencia de la mujer? ¿Están mal los resultados o los métodos de medición?

Es posible que esta discusión sea baladí para mis nietos. ¡Ojalá! Que la revolución tecnológica, con avances exponenciales, consiga cambiar la vida de millones de niñas, y de niños que conviven con ellas, de manera que impacte en sus edades adultas. Que disfruten, efectivamente, de la igualdad.

El problema es que el ritmo de cambio cultural es mucho más lento que el tecnológico. Y que seguimos condicionando la educación de nuestros hijos en función no de su valía o de las capacidades, sino de estándares sociales. De ahí que tecnología y cultura, que digitalización e igualdad, evoluciones de manera desacompasada. ¿Hasta cuándo?

 

Imagen: https://rotativo.com.mx

1 Comentario

  1. Gracias, Anna. En general estoy de acuerdo con lo que dices. Me parece muy interesante.
    Hay solo un punto que no veo claro: “Quienes tradicionalmente realizan estudios de base tecnológica han sido y siguen siendo mayoritariamente varones. ¿Es algo cultural o realmente la mente femenina está menos capacitada para la tecnología?”
    La pregunta final creo que supone dos alternativas cuando yo vería tres: que las mujeres se inclinen más a ciertos tipos de oficios, y los hombres a otros, no tanto por razones culturales sino porque les gustan más, independientemente de cuán tecnológicos sean. Los cerebros son distintos, y podría ser que en promedio algunos oficios resulten más estimulantes que otros para ciertas configuraciones cerebrales.
    Un ejemplo que me parece claro: tres cuartos de los estudiantes de medicina son mujeres (http://www.lavanguardia.com/vida/20101113/54069978868/el-74-de-los-estudiantes-de-medicina-son-mujeres.html). Así que no podemos hablar de marginación cultural de la mujer respecto a ese oficio en el presente (otra cosa era en el pasado, claramente; no ahora).
    Pero la medicina es una profesión altamente técnica desde siempre, fuertemente tecnologizada hoy en día, que además requiere notas de corte muy altas (http://notasdecorte.es/zona/cataluna), por encima de todas las ingenierías. Así que tampoco es que las mujeres se retraigan de ella (puesto que no lo hacen) porque “la mente femenina está menos capacitada para la tecnología”.
    El éxito proporcional de medicina en la elección de las jóvenes no se explica bien ni culturalmente ni por diferente capacidad tecnológica, sino quizás porque esa aplicación de la tecnología les gusta más en promedio que a los muchachos, les resulta más estimulante.
    Quiero decir con ello que puede ponerse en duda que todo sea siempre un asunto de marginación cultural, sin con ello afirmar que “la mente femenina está menos capacitada para la tecnología”. Cabe una tercera posibilidad.
    Claro que ese no es el tema central de tu post. Con tu argumentación central estoy de acuerdo, y me parece muy iluminadora.

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