En estos días, en México, hay desatadas polémicas y convocatorias para manifestarse por la iniciativa de ley sobre matrimonios igualitarios. Considero respetable expresar los propios puntos de vista, a favor o en contra, sobre lo que se considere importante. Sin embargo, como colectivos católicos, me parece que en lugar de poner tanta atención en la moralidad de lo que sucede en la cama, por poner un ejemplo, deberíamos de preocuparnos más por lo que sucede en la mesa.

La mesa es ese espacio donde Jesús se reunía con sus amistades, donde compartía el pan y donde todos se sentían parte de una gran familia. También, en los Evangelios, nos encontramos que a Jesús se le removían las entrañas ante el hambre de los demás: “Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer” (Marcos 8, 2). A Jesús le preocupó el dolor y el sufrimiento que padecían sus contemporáneos. Por eso salía al encuentro de los marginados, excluidos (leprosos) y de los más débiles (huérfanos, viudas, pobres, extranjeros y prostitutas). Así, su vida y su mensaje fueron buenas noticias para la gente que estaba a su alrededor.

Ser católico no es fácil. Ser católico no se reduce a portar un escapulario, ir a misa o tener un acta de bautizo (diría Kierkegaard). La Verdad no consiste en un concepto o en un conjunto de reglas, sino en una persona: Jesús. Jesús es el Maestro y su enseñanza consiste en su mensaje lleno de amor y de perdón. Ser católico significa vivir al modo del Maestro, quien es parámetro y guía. El reto del católico consiste en seguir los pasos de Jesús y volverse buena noticia, especialmente cuando el panorama es adverso. El mundo está roto por el hambre, la pobreza, la violencia, el fanatismo y la indiferencia. En este aspecto, es importante dejarnos impregnar por la manera como Jesús se dejaba afectar por la realidad que tenía enfrente. Ahora, nos toca poner manos a la obra y ser muy humanos ante las situaciones difíciles.

Cada tanto, en la Iglesia Católica, surgen mujeres y hombres que son bellos testimonios de lo que significa convertirse en buena noticia. Recién se santificó a la Madre Teresa de Calcuta, mujer que dio su vida por los desposeídos de la India. También, hace poco, en Haití, en un asalto se le arrebató la vida a Isa Solá, religiosa de Jesús María. Isa fue una mujer de profunda espiritualidad que, como enfermera y pedagoga, atendió a los sobrevivientes del terremoto de 2010. Isa coordinó ayudas y montó un taller para fabricar prótesis para los amputados. En últimas fechas construyó una escuela, de la que era directora, ubicada en una de las zonas más marginadas y peligrosas de Puerto Príncipe.

Ser católico no es sencillo, implica subir el estrecho camino de la compasión y apropiarse del don de la misericordia y de la solidaridad. Esto es lo que impulsa para salir al encuentro de los más vulnerables. En este sentido es que Isa, con su vida y testimonio, ha triunfado como cristiana, como religiosa, como ser humano y como hija de Dios. Dentro del drama que ha sido su asesinato, durante su funeral en Haití, cientos de pobres se congregaron para despedir a la mujer que los consoló, los curó y los ayudó a volver a caminar. También en Barcelona, la misa en memoria de Isa fue multitudinaria, celebrada por 4 obispos y 33 sacerdotes.

No es fácil seguir los pasos de Jesús, implica renunciar a mucho. A veces hay que darlo todo, incluso la vida. Y sin embargo, por paradójico que pueda parecer, en esta apuesta llena de incertidumbre, se encuentra el sentido y la plenitud. Así lo vislumbro en las líneas que escribió Isa, cuando reflexionaba sobre cómo se sentía por haber sobrevivido al terremoto de Haití: “Mi vida religiosa la siento, ahora más que nunca, como un regalo que no merezco, así como la vida que Dios me ha querido guardar, entiendo que mi misión en esta vida no es hacer y hacer, sino de ser y ser porque por muchos proyectos, trabajos, planes que esté llevando adelante, al final lo más importante es lo que somos y no lo que hacemos. No creo que Dios me haya mantenido con vida solo para hacer algo, porque yo no puedo salvar nada ni a nadie pero puedo ser una hermana para mis hermanos. Y es lo único que ahora me importa”.
Gracias, Isa, por tu fe, por tu manera de ser hermana y por tu testimonio de vida.
@elmayo