Jesús Sanz

¿Consumo responsable? ¿Otro artículo más que me quiere convencer del rollo de ser responsables y conscientes de nuestros actos y de las consecuencias de nuestros actos? Sí, eso de lo ecológico y de cuidar el planeta suena bien pero… es más caro y no me lo puedo permitir, y es algo para gente con dinero, así que esto no está hecho para mí… Pero, ¿consumo responsable y low cost junto? ¿Esto qué es?

Probablemente, querido lector, te has sentido identificado con el inicio de este artículo y este texto ha hecho que tus resistencias –todas ellas razonables- hacia apostar por un consumo responsable en lo cotidiano se han activado. Y eso de unir consumo responsable y low cost (barato, de bajo coste) quizás te ha descolocado un poco. O eso pretendía el autor de este texto. Así que, si por la extrañeza de unir esos dos conceptos has llegado hasta aquí, ahí van diez ideas para personas que quieren dar pasos hacia un consumo más responsable, tienen un presupuesto limitado y eso de apostar por lo ecológico le parece una cosa de “ecopijos”, “hipsters” y otros modernos urbanitas:

  1. Presta y acepta bienes para abastecerte de algunos que a lo mejor necesitas, especialmente si haces un uso puntual de ellos. ¿Has tenido o vas a tener un bebé y tu amigo, vecina o familiar se ofrece a pasarte ropa de bebé de su hija que ya se le quedó pequeña? Aceptas y te parece bien. Algo parecido pasa con la cuna, el carrito y demás objetos vinculados a la crianza. Si eso sucede y lo aceptas con naturalidad, ¿qué tal pensar en comprar una tienda de campaña o una mochila entre varias personas y compartir su uso? ¿O un taladro y otros objetos de bricolaje que necesitamos puntualmente?

  2. Participa en redes de trueque y consumo colaborativo. ¿Qué tal suena ponernos de acuerdo para hacer los tupper de la semana entre varias personas? Pilar hace cinco raciones de carne, Juan hace cinco raciones de pescado, Inés, cinco raciones de legumbres, Fernando, cinco raciones de ensalada, y María cinco raciones de pasta. Los cinco son vecinos. El domingo se reparten sus tupper y han apañado sus raciones para tener la comida organizada para toda la semana.

    O podemos hacer de esto algo más complejo. ¿Qué te parece hacer una feria de trueque cada cierto tiempo para niños para intercambiar juguetes? O mejor, ¿un pequeño espacio en el barrio donde haya juguetes y donde la persona puede coger un juguete a la vez que deja otro? Con prácticas como esta pasamos de romper la lógica de la escasez (sólo puedo tener un juguete que pueda comprar) a pasar a una lógica de la abundancia (si comparto, tengo acceso a muchas más posibilidades para jugar). Además de una solución práctica, tiene un componente pedagógico muy interesante.

  3. Utiliza tiendas de segunda mano o aplicaciones vinculadas a los productos de segunda mano. Alargarás la vida útil de los productos reduciendo el coste de producción a la vez que reduces tu presupuesto. Y… ¿sabías que producir unos pantalones vaqueros supone utilizar cerca de 3000 litros de agua?

  4. Experimenta otras formas de aprovisionamiento. Comprar, consumir, acumular… ¿qué tal probar otras formas? A veces se nos olvida que, más allá del mercado, existen otras formas de aprovisionarse de bienes y servicios. Ya hemos hablado del trueque y de otros servicios que podemos intercambiar con amigos y familiares. Y, por supuesto, podemos tratar de abastecernos de cosas hechas o producidas por nosotros mismos (ropa, muebles, alimentos de un pequeño huerto). Además del ahorro económico, nos permitirá descubrir y potenciar talentos que, a lo mejor, no sabíamos que teníamos.

  5. No sólo reducir, reciclar y reutilizar (qué está muy bien). En eso del consumo responsable también puedes apostar por reparar. Nos permitirá alargar la vida útil de los objetos como mejor forma de combatir la obsolescencia programada.

  6. La tecnología a veces hace cosas majas que reducen el consumo. ¿Sabes lo que es un perlizador de agua para reducir el consumo de agua en tu casa? ¿Has pensado cambiar tus bombillas y ponerlas de tipo led? ¡El ahorro a la larga será notable!

  7. Aprende a hacer conservas: compotas, mermeladas, salsas de tomate, pisto… Son muchos los platos que puedes aprender a hacer para conservar los alimentos y así aprovechar la fruta y verdura de temporada durante todo el año.

  8. Reduce el consumo de carne (o al menos el de ternera). Hasta aquí, íbamos bien y nos hablaban de soluciones simpáticas que podían ser hasta divertidas pero… ¿reducir el consumo de carne? Según la FAO, la ganadería supone el 18% de los gases de efecto invernadero que se emiten en el planeta. Por ello, si eso de hacerte vegetariano se te hace muy duro, reduce tu consumo de carne en general, o cambia la ternera por otros tipos de carne como el pollo. El planeta y tu bolsillo lo agradecerán.

  9. Reduce los desperdicios de comida en tu casa. ¿Has pensado alguna vez en acudir a alguna receta casera de tu madre o abuela para reutilizar los restos de comida en lugar de tirarlos? Quizás las croquetas sea uno de los mejores inventos del mundo, y encarnan mucha sabiduría y eficiencia en cuanto a la reutilización de restos de comida. Aprender recetas que reutilicen alimentos es una buena manera de promover el consumo responsable low cost.

  10. Finalmente, busca proyectos interesantes relacionados con la reducción de desperdicios alimentarios o créalos. El 30% de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura, un dato que nos debería hacer reflexionar y mucho. Por ello, te presentamos dos iniciativas muy interesantes:

    • El primero es “Fruta Feia”, una cooperativa portuguesa que se encarga de distribuir y comercializar fruta y verdura que no tiene acceso a las cadenas de distribución alimentaria por cuestiones estéticas (calibre de la pieza, un aspecto más feo, etc.) conectando a productores y consumidores, y que, si no fuese por ellos, acabaría en la basura (porque, como dice su lema, “la gente bonita come ‘Fruta feia’”.

    • La segunda es la nevera social, una iniciativa puesta en marcha en algunas localidades como Galdakao y ciudades como Berlín, destinada a reducir el desperdicio de alimentos. ¿Te vas de viaje y no sabes qué hacer con la comida del frigorífico? ¿Calculaste mal y ves que hay algún alimento que se te va a poner malo sin ser tomado? En la nevera social pueden dejar sus alimentos para que otras personas puedan reutilizarlos de forma gratuita.

Lo malo de esta listado es que, aunque tu presupuesto sea bajo, ahora tienes menos excusas para dar algún paso en avanzar hacia un consumo más responsable. ¿Te animas a dar algún paso sobre el tema? Si es así, puedes compartir tu experiencia de consumo responsable low cost con nosotros/as…

Imagen principal tomada de http://territoriomarketing.es/wp-content/uploads/2014/06/consumo-responsable-1.jpg
Imágenes secundarias tomadas de http://www.estandarte.com/imagenes/fot_2607_gr.jpg y http://www.jamoneriacarniceriaalcala.com/s/cc_images/cache_10485946.jpg